El agresor de la iglesia tuvo brote psicótico y está internado

EL CURA LO PERDONO

La Parroquia Nuestra Señora de Luján, que se ubica entre las calles Leguizamón y Lope de Vega, ya se encuentra prolija y ordenada aunque con algunos elementos menos. El templo, lugar en que se realizan las oraciones, fue el sitio donde transcurrieron los 30 minutos de roturas a distintas imágenes religiosas, que costarán a la iglesia alrededor de 60 mil pesos, si se pretenden reponer.
Esta iglesia abre todos los días desde las 8 de la mañana hasta la noche. El culto de la misa se celebra a las 19:30 horas, y los fines de semana concurren alrededor de 300 creyentes. Ahora, las autoridades de la institución están evaluando la posibilidad de cambiar algunos horarios, “para mayor seguridad”.
Una cartelería con consignas religiosas, algunos reclinatorios, una hornacina que hay en la parte externa de la institución, la Virgen de Luján, una capilla especial dedicada al santísimo sacramento, fueron algunos de los objetos que quedaron destrozados. Solamente un elemento que no tiene que ver con la religiosidad, pero sí con la comodidad, fue víctima también del episodio: un “split” que hasta ayer permanecía con una mancha de sangre colgado piadosamente de un cable sobre la pared en la sala del sagrario.
El sagrario es el lugar más importante de la parroquia, porque ahí dentro para los creyentes persiste Jesús Cristo. Fue seguramente la superficie donde más tiempo estuvo el hombre de 37 años, oriundo de La Maruja, ya que no sólo estuvo suspendido del aire acondicionado, sino que intentó abrir con mucho ímpetu pero sin éxito el sagrario en cuyo interior están las hostias consagradas sobre una copa bañada en oro.
La caja de acero, cerrada con llave, se encontraba hundida por los golpes y “lastimada”, tal cual precisó el párroco de la iglesia Julio Sosa, como si hubiera sido arañada o rayada con un elemento punzante. Lo que sí se logró extraer con éxito fue el marco que cubría el sagrario que, sin embargo, si hubiera sido abierto, se habría activado la alarma que protege al “cuerpo y la sangre de Jesús”.
Lo más sagrado desde el punto de vista histórico, ya que se encuentra desde que se inauguró la iglesia, es la “patrona de la parroquia”, la Virgen de Luján que se ubica en el frente. Esta imagen permaneció intacta.
La Carmelita de San José no corrió con la misma suerte, porque fue arrebatada y revoleada, pero milagrosamente se salvó porque está hecha de un material que resiste los “sacrilegios”. “Seguramente acá intervino Dios”, dijo el cura.
Donde al parecer no estuvo Dios fue en otra imagen del “Sagrado Corazón de Jesús”, uno de los elementos sagrados en los que el hombre más se empecinó: lo agarró y lo tiró por los aires, y desde el piso lo pisoteó, para luego revolearlo por “todos lados”.
Por último, lo que más pena les dio a los concurrentes de la parroquia, según el cura Sosa, fue la imagen de la Virgen de Luján, porque fue producto de una donación hace mucho tiempo y representaba “devoción y piedad”. Se podía observar desde afuera de la institución religiosa, y ahora colocaron una copia.

“Lo vamos a recibir”.
“Jamás me había sucedido un suceso de estos. En la parroquia, por lo que me contó el anterior sacerdote, sí ha habido hechos de robos y de algún tipo de ‘pillería’, pero así de romper las imágenes sagradas no”, contó Julio Sosa, el párroco de la iglesia, en diálogo con LA ARENA.
“Gracias a Dios no logró abrir el sagrario, lo rompió y lo estropeó, pero no lo pudo abrir. Adentro está la sagrada eucaristía: el cuerpo y la sangre de Cristo. Lo que sobra de la misa se guarda ahí, el restante, para los enfermos”, explicó el cura.
En tanto, consideró este hecho como un acto de “sacrilegio”, es decir, “un acto de ofensa a las imágenes religiosas, ya sea que uno lo haga a propósito o con cierto estado de locura, el principio de la causa de la persona es objetivo al hecho, entonces esto es un acto de sacrilegio”, dijo Sosa, quien entendió sin embargo que el suceso haya sido protagonizado por una persona que sufrió un brote psicótico.
“Si vuelve el hombre lo vamos a recibir de la mejor manera posible, uno está dolido pero tenemos compasión, como con cualquier ser humano”, concluyó Sosa.

El ingeniero, internado en Salud Mental
El ingeniero agrónomo que provocó daños en la Parroquia Nuestra Señora de Luján, en Villa Santillán, quedó internado desde el martes a la noche en el Servicio de Salud Mental del hospital Lucio Molas. Allí lo llevaron las autoridades de la Seccional Tercera, junto al padre del atacante, que viajó desde General Pico cuando se enteró de lo ocurrido.
El profesional, de 37 años, estaba rezando en el interior de la iglesia ubicada en Lope de Vega y Leguizamón cuando tuvo un arranque de ira y comenzó a provocar destrozos en el interior del edificio. Por esa situación fue demorado por la policía, que comenzó a buscar a sus familiares para comenzar a entender qué había pasado.
Ayer, la fiscal de Delitos contra la Propiedad, Leticia Pordomingo, informó a LA ARENA que se inició una causa penal por daños. Explicó que el hombre no tenía antecedentes penales y que padecía un problema de salud mental. Más tarde, desde la Seccional Tercera informaron que cerca de las 20 del martes, cuando el padre se hizo presente en la comisaría, llevaron al demorado al hospital Molas, donde lo atendieron profesionales del área de Salud Mental, quienes decidieron dejarlo internado.
“El comprendía todo lo que había hecho. Tuvo un brote psicótico. Al parecer venía siguiendo un tratamiento psiquiátrico pero dejó la medicación y esto desencadenó todo”, explicó el titular de la repartición, el comisario Gustavo Orozco. Los padres del profesional se habían preocupado por su situación el día lunes, ya que no podían ubicarlo. Incluso presentaron un pedido de paradero en una comisaría piquense.
Orozco explicó que el joven se había alojado en el Motel del Automóvil Club Argentino (ACA), sobre la Ruta 5, en esta capital, donde incluso cargó combustible. De allí se fue sin pagar el alojamiento ni la nafta, un indicio de que algo estaba mal. El ataque de ira en la parroquia fue posterior.
Desde la Tercera aseguraron que el padre del agrónomo se encargó más tarde de abonar las cuentas en el hotel y la estación de servicio.