El candidato que falta

LA UCR EN SU LABERINTO

La Convención radical dio plazo a los tres precandidatos hasta mañana para definir quién será, finalmente, el candidato a gobernador que llevará a la elección de mayo e, hipotéticamente, el que deberá enfrentar al Colo Mac Allister en una interna si el Pro La Pampa no acepta el segundo lugar que le ofrece la UCR.
La encuesta, lejos de despejar dudas, parece haberlas amplificado. No solo por lo borroso de las líneas que traza respecto a preferencias en los distintos escenarios, sino, además, por ser una encuesta telefónica a líneas fijas que, en la cultura del celular de hoy, aquí y en todo el mundo, ha demostrado tener márgenes de error muy grandes y, en no pocas oportunidades, resultados diametralmente opuestos a lo que finalmente ocurre en las instancias electorales.
Más allá de estas limitaciones metodológicas, si se lo acepta, el sondeo sirvió para confirmar que el Pro no es rival para el radicalismo y que Kroneberger no tiene chances ante Marino o Torroba. Pero en lo más importante, en la definición del candidato, la encuesta no alumbró del todo el camino que debe conducir al radicalismo a intentar, por enésima vez, derrotar al peronismo en una elección a gobernador.
En la intención de voto puro, la encuesta señaló que es Marino quien va al frente con 18,7 puntos sobre Torroba que lo sigue con 17,4. Kroneberger con 10.1 quedó fuera de carrera. Esta ventaja de Marino, lo pondría primero en la lista pero, dicen los de Torroba, podría licuarse si se tiene en cuenta el margen de error del sondeo y, además, por el dato que también da la encuesta que indica que, entre los que “podrían” votar a Torroba, un 24,4% se inclinan por el santarroseño sobre el 17,5% que “podría” hacerlo a Marino.
En el entorno de Marino descreen que pueda usarse ese “podría” como una categoría válida de posibilidad de voto. ¿Quién es el votante presunto que responde en una encuesta que “podría” votar a un candidato? Si es un peronista que elegiría a Torroba entre una lista de candidatos del partido rival, lo que muestra, dicen, es la mejor imagen construida por un partidario opositor y no por un votante propio. Así, analizan, el “podría” es de dudosa utilidad para definir el candidato.
Fuera del entorno de ambos, que es natural que busquen puntos favor de uno y otro, hay quienes analizan dentro del partido no solo la encuesta sino la historia de los candidatos intentando una respuesta que tome nota de la trayectoria política, de las últimas elecciones, de la capacidad para generar adhesiones, alianzas y recursos que les permitan afrontar una elección general.

Capital político.
Recuerdan los radicales más memoriosos que el mayor capital político propio del santarroseño fue su triunfo hace diez años en la municipal de Santa Rosa cuando capitalizó a su favor el descontento peronista que votaron contra su propio e impresentable candidato echado y luego condenado por abuso de autoridad. Ese capital lo perdió solo tres años después cuando tuvo que revalidar el mejor logro radical en años, la intendencia de Santa Rosa, que perdió ante un desconocido Luis Larrañaga. En 2013 Torroba logró la candidatura a diputado nacional ganando las Paso ante Martín Berhongaray. Fue su último logro. En 2015 intentó proyectar su influencia sobre un candidato propio en la interna por la intendencia santarroseña pero perdió ante Leandro Altolaguirre.
Más que los números hipotéticos de la encuesta, estos radicales recuerdan que en la última interna “real” con votos de verdad, en la que Torroba concurrió el año pasado perdió con Martín Berhongaray y quedó tercero lejos detrás de éste y de Martín Maquieyra del Pro. A la luz de este resultado, analizan, ¿está considerando el partido todas las opciones que tiene para 2019 al limitarla a los tres que fueron encuestados? ¿Puede tomarse una decisión ignorando aquélla ultima elección interna? Si la encuesta dice que una hipotética interna la gana Marino y en la última interna, el más votado fue Berhongaray ¿cómo se le explica a los radicales que el elegido no es ninguno de los dos?