El drama de alquilar en Santa Rosa

EL 40 POR CIENTO DE LOS INGRESOS SE DESTINAN A LA RENTA

La renovación del contrato siempre es un problema, más si no lo aceptan. Un relato de tres inquilinos de Santa Rosa, con dificultades para cerrar contratos para una vivienda.
La mitad de año es un dolor de cabeza si uno se pone a pensar que todavía queda otra mitad por recorrer. El dolor aumenta si uno se sincera y admite que, igualmente, a fin de año tampoco sucederá nada, más que un cambio de estación.
La migraña se intensifica si el que está acostado, perdiendo el tiempo con amarguras triviales que no dependen de nadie, sino de la rotación de la Tierra; se percata que debe empezar a empacar porque su contrato en el departamento ha finalizado.
Y su cabeza termina por explotar cuando, en el momento que se está por levantar, recuerda que no le quisieron renovar el contrato, que no encontró vivienda, y las que le ofrecieron le solicitaron un corazón de adelanto y una cabeza de comisión: una vida de alquiler.

Crisis habitacional.
De esa manera el cronista salió a caminar, con cara de crisis habitacional, pensando que aún le quedaba la opción de vivir a su familia. Sin pensar siquiera en las seis situaciones de desalojo que ocurren por semana en la provincia.
Llegó a la parada del colectivo. Siguió reflexionando, sacó cuentas. En promedio la renta sale 7 u 8 lucas, más las comisión, el adelanto, 14 lucas más, las expensas, el dólar aumenta, el transporte para la mudanza: 25 mil pesos de un saque, mínimo. Llegó el bondi.
Decidió bajarse antes. Agarró la calle Wilde hasta a la Mármol y vio una de las famosas cuchas públicas. La cucha social estaba prolijamente armada, un cartón resistente y nylon tirante para el frío, una mantita con un almohadón, bastante acogedor.
Sin embargo, la cucha estaba abandonada, lista para ser usurpada, u ocupada. Un perro regordete, de patas cortas como chancho, se pegaba un baño de sol a unos metros de distancia, y parecía importarle poco lo que habían construido los humanos. Parecía que se estaba burlando de su situación habitacional privilegiada.

Eterno Don Ramón.
Siguió caminando. Mitad de año, hora de renovación de contrato. Encima, aumentó todo, algunos alquileres un 40% en estos últimos dos meses, por la corrida cambiaria.
Más de 30 mil personas alquilan en La Pampa, Santa Rosa la séptima ciudad del país donde más se alquila, según una encuesta de este año de la Federación Nacional de Inquilinos.
Aquí, el 40% de los ingresos se destinan al alquiler, y ya el 70% sabemos, o dejamos de tener expectativas, de que no vamos a acceder a una vivienda propia. Si hace más de 10 años que alquilás, sos parte del 80% que cree, y con razón, que será un eterno Don Ramón. Y si sos mujer, y con hijos, mucho peor.

Los tordos desalojados.
El cronista llegó al centro de la ciudad. Estaba linda la mañana durante este sábado, se dijo “me voy a dar un gusto”, y encaró un bar para desayunar: 120$ el cortado, las tostaditas y el módico jugo. Dio media vuelta, con su mate en la mochila, y se tiró en el pasto de la plaza San Martín.
Se desplomó, casi frente a la Catedral, y elevó la mirada para ver el espectáculo de tordos que ocurre en esta época del año. Ni un mísero pájaro negro resplandeciente. Recordó el año pasado, cuando un viejo se dio un golpe bárbaro al distraerse por los cuervos pequeños, y desde el suelo sin embargo disparó una foto al cielo.
Se preguntó si este año no estaban en los árboles de la plaza porque a ellos tampoco les habían renovado el contrato; y decidió entretenerse, como suele hacer, con una conversación ajena. Dos mujeres de entre 35 y 40 años, que masticaban un paquete de Don Satur, tenían el mismo problema del alquiler. El cronista estiró la oreja.

La conversación.
Una le decía a la otra: “Ya no puedo estar en la casa de mi marido, y no consigo departamento. Me tengo que llevar a los nenes porque no pueden estar más ahí”.
Según la encuesta, publicada en febrero de este año, las mujeres solas son las que más les cuesta conseguir vivienda, y ni hablar si tienen hijos chicos. De las inquilinas encuestadas, el 30% dijo que en algún momento no les alquilaron por tener hijos, lo cual viola el artículo 1195 del Código Civil y Comercial.
“A mí se me está venciendo el contrato”, comentó la otra. El vencimiento del contrato se ubica en el puesto 4 de las preocupaciones de los inquilinos. Primero está el valor del alquiler, luego los “requisitos”, y tercero la comisión.
“Y encima, llego con lo justo a fin de mes”, siguió. Los que alquilan tienen que tener ingresos medios y asegurados, ya que sino, no podrían alquilar. “Ahora me cuentan que el propietario cambió de inmobiliaria, y por renovación de contrato les hacen pagar de nuevo comisión”.
Esto violaría el artículo 1218 del Código Civil y Comercial, que establece que si hay renovación de contrato, no hay tácita de reconducción, sino la continuación en los mismos términos contratados.

Expensas.
“¿Y de expensas cuánto pagas?”, le pregunta una, y otra responde: “No tengo idea, pago todo junto”. Según el titular del Movimiento de Inquilinos pampeano, “solo pueden cobrar expensas quienes estén constituido como consorcio y tengan personería jurídica, que no son muchos. Además, hay una avivada porque cobran y no detallan qué expensas son”.
“Y más adelante, ¿tenés pensado construirte tu propia casa?”, finaliza por preguntar, antes de triturar una galletita Satur; pero su amiga no responde, arruga la frente y achica sus hombros.
Según el estudio, donde se encuestó a 19 mil inquilinos de todo el país, hoy ser inquilino dejó de ser un estado por el que pasan los jóvenes antes de acceder a un hogar propio, sino que es un característica que se extiende a lo largo de toda vida, como Don Ramón. (NYC)