El emotivo mensaje de despedida de Sergio García

SE REHABILITARA EN CUBA

“Por mi parte limpiaré de mi mochila los rencores… necesito espacio para guardar tanto afecto que me dieron; desarmaré mi carpa y me marcharé tal como vine, con mi silla a cuestas y ‘Viejo Lobo’ siguiéndome a la par, donde quiera llevarnos el destino”. Era el final de un largo mensaje.
El whatsapp ingresó en el celular del periodista a las 2 y 10 de las primeras horas del miércoles… hasta esa hora, por lo menos, Sergio García había permanecido escribiendo lo que aparece como un correo de despedida. Pronto a abandonar su acampe en la Ciudad Judicial -en la que ha sido su casa durante dos años y 40 días, o poco más-, el mecánico que quedó parapléjico después de un accidente con su moto, al encontrarse imprevistamente de noche con un pozo mal señalizado revive cada hora, cada minuto, cada segundo de su vida lo que ha sido un calvario: tiene plena conciencia de que sus piernas están inmóviles, que el cuerpo sufre las llagas de tantos días de permanecer poco menos que desguarnecido. Aunque esa casa-carpa que levantó con distintos elementos le sirvieron para soportar los momentos más duros.

Lo que tenía y ya no tiene.
Pero obviamente el lugar no tiene nada que ver con las comodidades de esa vivienda que tenía en sus tiempos más felices, cuando tenía una familia organizada, dos autos, moto, taller propio donde trabajar (“hay que acordarse de que esa noche del accidente yo iba a eso, que es lo que hice toda mi vida”, contó alguna vez).
Hace algunos días la Justicia reconfirmó que tenía razón en sus reclamos, y ordenó que se le efectuara una millonaria indemnización, lo que torna inminente que deje el sitio en el que vivió los dos últimos años, y donde incluso tiene fijado su domicilio legal (¡¡¡).

Sin tapujos.
Pero el hombre no se quiere ir así como así, y redactó un escrito que denominó “A corazón abierto”. Así, descarnadamente, escribió lo que a continuación se transcribe textualmente:
“Por fin termino esta larga lucha. Mucha gente me ayudó a lo largo del camino; otra gente por suerte no tan numerosa intentó por todos los medios impedir mi avance. Mucha gente me mostró su corazón abierto, su sensibilidad a flor de piel, su esencia de bien parido. Otros, por suerte no tantos, intentaron doblegar mi voluntad desde su Olimpo imaginario, plagado de sellos y papeles a los que agilizan, adormecen o invalidan de acuerdo a su conveniencia, o a de los amigos de la casa”.

Amenazas y aprietes.
“Por fin terminó esta larga lucha que consumió ocho años de mi vida, dos de ellos transcurridos en mi carpa, ubicada en el corazón de esa usina de donde surgen las sentencias; dos años que comenzaron con amenazas y aprietes, a los que resistí con el coraje que la desesperación da al acorralado. Luego vinieron algo más civilizados a tratar de convencerme que desistiera de mi demanda por unos pocos pesos, que dejaran limpios honores y prestigios prestados por la placa de bronce que dicen de sus cargos e importantes despachos y sillones donde posan sus asentaderas. No lo lograron, mi reclamo además de monetario iba también por recuperar la dignidad que me habían pisoteado”.

Los responsables.
“Los causantes de mi desgracia fueron tres: la empresa Ilka, la Municipalidad de Santa Rosa y el Estado Provincial, en ese orden. La empresa Ilka cuyo directorio es ejercido en forma unipersonal por el señor Luis Moldovan, fue la responsable directa del accidente por no señalizar y cercar el pozo. La Municipalidad y el Estado Provincial quedaron como responsables solidarios. Y fueron solidarios tanto en la responsabilidad sobre el hecho, como en los intentos por impedir que yo tuviera acceso a la Justicia. No lo lograron”.
“No lo lograron porque cuando inicié la huelga de hambre miles de personas, sabedoras de mi historia, comprendieron que yo solo no podría y pasaron por mi carpa para firmar su descontento. Y otros miles lo hicieron por las redes. Fueron miles y miles de personas solidarias. Tengo pruebas que difundieron mi caso por el mundo, sembrando conciencia sobre la realidad del teatro y los titiriteros. Finalmente la huelga de hambre, a rajatabla, y el incondicional apoyo de la gente hicieron indeclinable la sentencia”.

Lo que todavía falta.
“Amigos, no me siento un ganador. La indemnización que a pesar de ellos obtuve, no devolverá la movilidad de mis piernas, pero estoy seguro que sin la ayuda de ustedes ni eso hubiera obtenido. Nos seguiremos viendo… pienso viajar a Cuba a iniciar mi tratamiento. Los mantendré informados, tal como lo merecen”.
“(…) desarmaré mi carpa y me marcharé tal como vine, con mi silla a cuestas y ‘Viejo Lobo’ siguiéndome a la par…”, resume en una frase el final.
Sergio García sabe que ganó una batalla judicial, pero todavía le falta afrontar una larga, muy larga parte de su vida. Y que si bien se terminó una etapa viene otra, en la que tendrá que pelear tan duro como hasta ahora para recuperar aunque sea parte de su salud perdida… Suerte Sergio.

Devolviendo objetos prestados
Poco a poco Sergio García va devolviendo algunos enseres que le prestaron estos dos últimos años: “No quiero quedar mal con nadie… por eso todavía esto aquí esperando que cada uno que me ayudó venga a llevarse sus cosas”, dice mientras rasquetea con cloro las “paredes” de lona de su “casa”.
Explica que “en cuanto me vaya alquilaré un departamentito… voy a pasar unos días las fiestas en Carlos Casares (allí viven sus padres) y vuelvo para empezar con los análisis para mi tratamiento. Y también voy a activar los contactos para viajar a Cuba los primeros meses del año que viene… Sí, con ‘Viejo Lobo’ también”, dice con una sonrisa mientras acaricia al perro fiel que lo acompañó todo este tiempo.