Inicio La Pampa El padre de Loza pidió "el máximo rigor" para los acusados

El padre de Loza pidió «el máximo rigor» para los acusados

Comenzó ayer en el Tribunal de Audiencia de Santa Rosa, presidido por Daniel Sáez Zamora, el juicio por el crimen de Diego Loza, un trabajador municipal muerto en su departamento después de haber sido torturado y baleado por dos jóvenes que están en el banquillo de los acusados. El hecho ocurrió en junio del año pasado. El padre de la víctima le pidió a los jueces que «se aplique el máximo rigor» del Código Penal. El juicio continúa hoy y se extenderá hasta el miércoles próximo.
Los acusados son Walter Eleuterio Rojas Pedraza, quien se negó a declarar, y Carlos Andrés Carrión, quien dijo ser inocente. Son defendidos por la defensora oficial Silvina Blanco y los abogados particulares Boris Vlasich y Marcelo Piazza, respectivamente. También está Gabriela Manera, asesora de Menores. La fiscal es Cecilia Martiní y los querellantes, Raúl Lanz y Miguel Rolando, representantes de la familia Loza.

El hecho.
El hecho ocurrió el sábado 23 de junio del año pasado entre las 21.05 y las 22.20, cuando según la fiscalía los imputados -Carrión tenía 17 años y Rojas, 22- ingresaron al departamento de Loza en la calle Emilio Zola, lo maniataron y le dieron tres disparos en el baño, precisamente en el tobillo izquierdo, el brazo izquierdo y en la boca con un arma calibre 22. Envolvieron el cuerpo en una frazada y lo ocultaron debajo de una parrilla donde Loza fue hallado horas después por la policía. Lo escalofriante es que los acusados estuvieron en la casa de la víctima durante horas, hasta el lunes a las 23, cuando se fugaron por un balcón ante la llegada de los efectivos por una denuncia de la familia Loza, y en ese tiempo hicieron una fiesta, consumieron alcohol y hasta le vendieron pertenencias como un TV por las redes sociales y le sacaron 9.000 pesos del cajero.

En el banquillo.
En su planteo, la defensora Blanco dijo que probablemente se pueda acreditar que Rojas Pedraza estaba en el lugar, que tuvo en su poder bienes de la víctima pero aclaró que no se podrá demostrar con las pruebas del juicio que su defendido «haya sido una de las personas que dio muerte a Diego Loza». Piazza, en tanto, manifestó que Carrión no estuvo en el lugar del hecho.
Seguidamente, Pedraza, un joven desempleado de 23 años, se sentó en el banquillo de los acusados y se negó a declarar. Luego, Carrión -nacido en San Luis- explicó: «Estoy nervioso y asustado porque sinceramente no sé cómo funciona la Justicia y desde un principio dije que era inocente y que no estuve en el lugar y nadie me creyó», dijo. «Me preocupé y tuve miedo cuando mis abogados pedían pruebas y tenía miedo de no poder conseguirlas», agregó.

«La familia devastada».
Paula Evangelina Loza, hermana de la víctima, fue la primera testigo en prestar declaración. Dijo que el lunes por la tarde la llamó Cristian Cerda, amigo de su hermano, preocupado porque no tenía noticias de él desde el sábado. «Intenté comunicarme varias veces con Diego pero obviamente no me atendió», comentó. Por ello, junto a otro amigo fue a hacer la denuncia a la Seccional Tercera ese lunes a las 22. «No era habitual en él no mantener comunicación tanto tiempo. Nos habíamos escrito el jueves», recordó, emocionada.
La mujer, que fue quien dio aviso a la Tercera de la situación, manifestó que se acercó la Policía a la casa de su hermano -Zola y Luro- y no lo encontraban pero «era raro porque estaban sus cosas, la mochila, bicicleta, había en el departamento bebidas recién preparadas, unas empanadas calientes» y explicó que Diego tenía dos televisores, uno en la pieza y otro nuevo recién comprado. Dijo que solía tener dinero en su cuenta y que la clave de la Caja de Ahorro la sabía de memoria. «No la tenía anotada en ningún lugar».
Con lágrimas en sus ojos y frente al Tribunal, agregó: «La familia está devastada, es difícil poner en palabras el dolor que se siente. Nos cuesta dormir. Es como que el reloj se paró ese día y no podemos salir de ahí pensando en lo que Diego sufrió y en lo que pasó esa noche. Preocupados por mamá y papá».
«Surgieron un montón de enfermedades, problemas de presión. Es muy difícil, tenemos días malos y peores. A veces solo esperamos que llegue la noche para dormir un poco y al otro día arrancar otra vez», amplió, afirmando que Diego «no tenía problemas con nadie».

«Un desastre».
Ramón Oscar Loza recordó que su hijo Diego, la víctima, generalmente iba los domingos a almorzar a su casa. Aquel domingo 24 de junio de 2018 no fue y por eso lo llamó por teléfono. «Me dijeron el lunes que no aparecía, que Paula había denunciado la desaparición en la Policía. Cuando llegué a su casa había policías y después apareció muerto, tirado debajo de una parrilla, lo dejaron ahí previa tortura, sin ropa, baleado, estaba su cuerpo quemado, negro, por el frío».
Comentó que su familia era «unida» y afirmó que con Diego tenía «una relación muy buena de padre e hijo». Sobre los acusados, dijo que «han hecho un desastre familiar. Diego le daba valor a la palabra, le gustaba trabajar y cumplir. Era honesto. No había necesidad de tanta saña, no les alcanzó con torturarlo. Le vendieron los muebles, se acostaron en su cama, hicieron fiesta, se drogaron».

En un sueño.
«Mis nietos soñaron con él, dos adolescentes que tenían un gran acercamiento con Diego. Y él se apareció en su sueño y los abrazó y a ellos les volvió la calma. Ahora están con tratamiento psicológico. Con eso, junto a mi esposa queremos que Dios nos dé la bendición de soñarlo para darnos uno de esos abrazos que siempre nos daba. Hasta ahora, no se nos dio esa posibilidad, de aunque sea verlo en un sueño», añadió.
A los jueces, directamente, el padre les pidió que «apliquen todo el rigor que puedan, tengo toda la familia bajo tratamiento médico».

Escape por los techos
El oficial Facundo Piermattei recibió la denuncia de Paula Evangelina Loza por la ausencia de su hermano en la Seccional Tercera, y también participó en el operativo realizado en la casa de la víctima hasta que se encontró el cuerpo sin vida.
Dijo que uno de los tres efectivos que acudieron al procedimiento ingresó por el balcón y luego por una ventana al departamento de Loza y en ese momento una empleada de una heladería se cruzó para advertirle que dos personas se fugaban por los techos.
«Salimos a buscarlos pero no los encontramos. Cuando regresamos el policía que estaba adentro nos dijo que estaba todo oscuro, que no funcionaban las perillas de la luz», explicó ante el Tribunal de Audiencia conformado por los jueces Alejandra Ongaro, Daniel Sáez Zamora y Andrés Olié.
Comentó que luego encontraron una llave del complejo de departamentos y pudieron ingresar, rompiendo la puerta principal. Encontraron un vaso de fernet recién servido, con hielos, al lado de un calefactor, y había empanadas calientes tiradas.
«En el baño había manchas de sangre en una cortina», contó. En ese momento, recordó, bajó a una rotisería y por las cámaras de seguridad identificó a dos personas que habían comprado justamente empanadas en el lugar. Luego, regresó al departamento y se encontró con que su compañero había hallado el cuerpo de Loza sin vida.

Entre llamadas y mensajes
María Alejandra Guzmán, madre de Carlos Andrés Carrión, dijo ayer que el sábado 23 a la tarde y noche, estuvo en su casa con uno de sus hijos de 4 años y recordó que Andrés llegó a cenar a las 21.15 y entre las 22.15 y 22.30 se fue al cumpleaños de un amigo. «Me contó que venía del parque Oliver de estar con amigos y que se tomó el colectivo de la línea 3 para volver», relató.
Luego, el joven, según la declaración de su madre, se fue a un kiosco y pidió un taxi de la Terminal. «No volvió a mi casa. Siguió con sus amigos, después con dos de ellos se fue a una estación de servicio a desayunar y de ahí a la casa de uno de los chicos donde estuvieron hasta las 3 de la tarde. Almorzó con ese chico».
Explicó que el domingo por la noche lo llamó en «repetidas oportunidades» pero él no la atendió supuestamente sabiendo que ella estaba enojada porque no había vuelto a la casa como le había pedido. El padre le dijo luego que estaba durmiendo en su casa -en la semana vivía con el padre y los fines de semana con su madre-.
Guzmán contó que su hermana la anotició sobre la muerte de Loza y que además de Rojas Pedraza también había un menor involucrado. «A Rojas Pedraza lo conocía porque su padre vivía a una cuadra de casa», indicó. Le escribió un mensaje a su hijo que le «respondió que estaba en el colegio y que no sabía nada» del homicidio.
Luego, su hermana también le informó por las noticias de una radio que su hijo había sido detenido en la casa de su padre. «Juan qué está pasando», le preguntó por teléfono al padre del menor. «Esto es un desastre, me decía. Es una locura total, mi hijo fue criado con mucho amor».

«A comer pizza».
En ese momento salió de su trabajo y fue a la Brigada de Investigaciones a ver a su hijo, pero estaba incomunicado, hasta que pudo verlo en la Sexta a donde fue trasladado. «Hijo qué hacías en ese departamento», le preguntó. «Me invitó Walter a comer unas pizzas, nunca supe nada» que estaba el cuerpo sin vida de Loza en el lugar, le respondió el joven.
La mujer contó que junto a familiares salieron a buscar pruebas en defensa de su hijo. Encontró a amigos que estuvieron con Carrión en el parque y una persona llamada Julián Reinoso, que le pagó a Carrión el boleto del colectivo hasta su casa. Ayer, el testigo afirmó que el adolescente le pidió si le podía pagar el pasaje y él se lo abonó.
Su hijo, según explicó, estuvo seis meses en el Ipesa y hasta ahora tiene asistencia psicológica y asiste a talleres y al colegio secundario. Ante la pregunta de la fiscalía sobre Rojas Pedraza, recordó que no le gustaba como amistad de su hijo y que en una oportunidad le dijo que «no apareciera nunca más por su casa a buscar a Andrés».