Estilo 152, con identidad pampeana

La bodega Estilo 152 nació gracias a las ganas de cinco amigos de generar su propio vino. Desde General Acha ofrecen un producto de calidad que ya ha sido premiado fuera de la provincia y que es una carta de presentación para la creciente industria vitivinícola de La Pampa.
Las primeras botellas ya habían pasado por el paladar de los amigos y conocidos y el entusiasmo crecía. Los cinco, metidos en el garage de la vivienda familiar de uno de ellos, pasaban horas elaborando de una manera demasiado artesanal hasta que pasó lo que no tenía que pasar. “Un día manchamos todo el piso con tinto y ahí se terminó. Nos dieron el ultimátum y no quedó otra que irnos”, se ríe Horacio sobre un momento bisagra en la historia de Estilo 152. La obligada mudanza convenció a todos de que era el momento de “salir a jugar en serio”.
Gustavo Sappa (45 años) y Alberto Ponce (50) son de General Acha y se dedican a la docencia. Horacio Marín (57 años) es bioquímico y Raúl García (59), farmacéutico. Ambos son mendocinos y llegaron a nuestra provincia hace más de 30 años. El otro socio, Alejandro Bertuola (60), también es bioquímico y emigró desde Monte Grande, en la provincia de Buenos Aires. Todos viven en la ciudad sureña de nuestra provincia y los cinco, además de ser amigos, comparten un emprendimiento que surgió como un pasatiempo y hoy es una carta de presentación de la vitivinicultura de la provincia.
“Empezamos en 2012, Horacio y Raúl ya tenían conocimientos porque son de Mendoza y en sus familias hay bodegueros. Yo soy hijo de italianos, así que nos propusimos hacer vino por una cuestión familiar, de tradición, y Gustavo y Alberto también se sumaron enseguida. Los primeros que hicimos gustaron entre los familiares y amigos así que nos entusiasmamos. Después del primer año nos tuvimos que mudar del garage y armamos todo en una quinta. Elaboramos más volumen, 250, 500 litros en tambores de plástico y ahí nos dijimos de hacerlo más seriamente”, contó Alejandro sobre el paso previo a contratar a un enólogo e inscribirse en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
El inicio fue con mil botellas de Cabernet y Malbec, producidas en el viñedo experimental de la zona de Casa de Piedra, y también de Tempranillo, con uvas mendocinas porque no había ese varietal en nuestra provincia. “Este año ya llegamos a las seis mil botellas y venimos de ganar con el Malbec la medalla de plata, y una mención especial para el Cabernet en el cuarto Concurso de Vinos de la Patagonia que se hizo hace unos días en Neuquén, así que eso nos da un gran impulso para seguir con el emprendimiento”, contó Raúl.

Crédito.
En su crecimiento, la bodega de Acha contó con un apoyo clave a la hora de expandirse y adquirir la infraestructura necesaria. “Cuando nos tuvimos que ir del garage familiar tomamos un crédito de la Ley de Promoción Económica que impulsa el Ministerio de Desarrollo Territorial y pudimos comprar el primer tanque de acero inoxidable. Aprovechamos ese beneficio porque la Provincia apostó también por apoyar el vino pampeano. Hoy se está promocionado mucho la vitivinicultura de la provincia y ya se instalaron grandes bodegas, entonces es evidente que la calidad de la uva está garantizada”, resaltaron los socios.
En ese sentido, Marín afirmó que la vitivinicultura en La Pampa “ya es una realidad, por eso no es raro ver cómo crece la producción. Tenemos una excelente zona para elaborar, una amplitud térmica que la hace semidesértica, la cercanía al dique (de Casa de Piedra) y que ciertos vientos hagan que la uva prácticamente sea orgánica, no hay plagas, por lo tanto tampoco hay fumigación. Y es un lugar para seguir explotándolo, tiene mucho para ofrecer”.
Los vinos achenses se exponen en las distintas ferias y encuentros que se realizan en la provincia y también en otros lugares. Hace unos días montaron su stand en la Feria de Emprendimientos que se realizó en Toay con más de 500 expositores.
“Nos gusta estar presentes y mostrarnos junto a otros emprendedores que elaboran distintos productos en la provincia. Hoy vendemos en vinotecas de Santa Rosa, de General Pico y en otros lugares porque también muchos turistas que pasan lo llevan para tener algo pampeano. En nuestro caso cada uno tiene su profesión y su trabajo, pero a la tarde vamos todos los días y los fines de semana cuando hay que embotellar estamos ahí y le ponemos todas las ganas y la seriedad porque el vino tiene una buena llegada”, resaltó Alejandro.

Identidad local.
Estilo 152 es una bodega de las denominadas “boutique” que apuesta por la calidad más que por la cantidad. “Tenemos un perfil artesanal que son hasta 12 mil litros, cuando ya pasás esa cantidad de producción la categoría es industrial. Nuestra idea es tener una bodega boutique y retener al turista justamente en este lugar por el que pasa tanta gente. Queremos mostrarle todo el proceso de la elaboración del vino y ofrecerles los excelentes quesos que hay en Acha. Mostrar toda una producción con identidad pampeana”.

¿De dónde surgió el nombre del vino?
“En principio habíamos pensado en Amalgama, porque somos cinco tipos con distintas idiosincrasias, profesiones y estilos de vida que quieren plasmar todo eso en un vino. Pero cuando quisimos registrarlo encontramos que ya estaba registrado desde hace mucho así que Estilo nos pareció adecuado porque quisimos darle un estilo a nuestro vino y le agregamos 152 porque es la ruta nacional que pasa por Acha y también por las viñas de Casa de Piedra”. Un producto bien pampeano que se disfruta en el paladar y se extiende a todos los sentidos. Una amalgama de sabor que tiene su propio estilo.
La bodega de Acha tiene su propio muro en Facebook y también una completa página en internet, www.estilo152srl.com, en la cual se cuenta detalladamente el proceso de elaboración de los vinos que se hacen en el kilómetro 26 de la ruta nacional 152.