Ex policía y periodista Daniel Ayet declaró por videoconferencia

Cuatro nuevos testigos comparecieron ayer frente al Tribunal Oral Federal para dar sus testimonios en la causa conocida como Subzona 14 II, y en uno de los casos -el primero que se presentó ante los jueces-, nuevamente quedó comprometido el médico Máximo Pérez Oneto.
Por videoconferencia desde el consulado argentino en Barcelona, prestó declaración Daniel Osvaldo Ayet, quien supo desempeñarse como policía primero en esa fuerza de seguridad de Río Negro; y más tarde en nuestra provincia. Después que se fue de la fuerza se dedicó a trabajar en los medios y supo actuar como corresponsal desde General Acha, y también en Huinca Renancó en radio.
Desde Barcelona, donde hoy reside, Ayet se mostró conmocionado ante el recuerdo del horror, particularmente al referir a cómo había visto al militante peronista Cholo De Diego ferozmente golpeado y picaneado; y también ante la escena de Héctor Zolecio, también tremendamente castigado.

El torturador: Athos Reta.
Ante una pregunta del tribunal Ayet fue muy concreto al señalar que De Diego le había manifestado que su torturador era el policía Athos Reta. Y contó que fue detenido en el marco de una investigación por el secuestro de los hermanos Juan y Jorge Born , herederos del imperio económico Bunge y Born, ocurrido en 1975 (la firma habría entregado una ambulancia como “regalo” en Huinca). Situación de la que el testigo -en ese momento viviendo en Huinca Renancó- no tenía la menor idea. De todos modos fue una cabal demostración de que las policías provinciales trabajaban en interrelación para tratar de detener a “subversivos”.
Ayet contó que comenzó como policía en Río Negro, y que luego -para estar más cerca de su familia- se vinculó en mayo de 1975 a la fuerza en nuestra provincia. Trabajando en Jefatura, el 9 de abril de 1976 a las 19 fue detenido, y sería liberado el 14 de mayo a las 13.30: “Che pibe!… andate”, le dijo al dejarlo en libertad el comisario Omar Aguilera, uno de los jefes policiales más temidos de la época.

Prescindido.
Más tarde Ayet se enteraría que se había abierto en su contra el expediente n° 1/76. Antes de ser liberado los policías le advertían que desde ese momento y por 10 años no iba a conseguir trabajo en ningún lado porque le aplicaban “la ley de prescindibilidad”. El tenía licencia de locutor, pero le expresaban -a modo de ejemplo- que no la iba a poder usar ni para desempeñarse en la Radio de la Universidad Nacional de Córdoba, ni en Télam ni en el Canal 8 de Formosa. Le anticipaban que iba a ser perseguido y vigilado. Recordó que en 1986 -en democracia- fue reincorporado respetándose su antigüedad, pero no el grado.

Escenas del horror.
El locutor radial admitió que no fue torturado -“a mí no me tocaron”, respondió-, pero sí que a 42 años de aquellos sucesos tiene todavía escenas nítidas en su mente: así indicó que participó de las “ranchadas” en las que los presos comparten yerba, cigarros o comida, y que en algunas oportunidades por las noches llegaba alguien con “una linterna y decía: ‘vení fulanito…y se lo llevaban”. En este sentido mencionó haber visto a Rodolfo ‘Cholo’ De Diego -“me conmueve profundamente recordarlo”, apuntó- “hecho mierda… destrozado a golpes y picanazos”.

Picaneaba “y se reía”.
Fue contundente al señalar que el propio De Diego le dijo después: “me ponía la picana en la boca… y el hijo de puta se reía mientras yo gritaba”, contaba el militante peronista. Preguntado si De Diego dio algún nombre de quien lo picaneaba Ayet fue muy concreto: Athos Reta.
También recordó Ayet haber visto a Héctor Zolecio “en el baño.. con todo el cuerpo golpeado, morado de arriba abajo. Estaba reventado a palos, y orinaba sangre”.
Le preguntaron por otros detenidos y señaló que estaba “un periodista Ferrari, El Veco Rodríguez y un hijo (Ramón)… y Mireya Regazzoli”, con quienes hablaban en susurros.
Dudó sobre si en ese momento también estaba detenido en la U.4 el periodista Saúl Santesteban.
Después reflexionó que “con los años” se van perdonando algunas cosas y “otras no”, pero que luego de su detención debió tratarse psíquicamente y alguna vez tuvo convulsiones. “Este médico (Pérez Oneto) pudo tener otra actitud, no haberse prestado… tener una actitud distinta a la de la Iglesia”, apuntó. Más adelante le preguntaron si conocía qué era la Subzona 14, y la definió como “una tenebrosa organización”.

Trabajador del Matadero.
En aquellas épocas de dictadura nadie podía quejarse de las condiciones de trabajo por más malas que fueran sin exponerse a ser considerado un elemento subversivo.
El que bien supo de eso fue Jesús Oscar Rodríguez, quien era trabajador del Matadero Municipal -ubicado en esos años donde hoy está el barrio del mismo nombre-, donde se cumplían extenuantes jornadas de 12 ó 14horas en condiciones “inhumanas” de salubridad.
Eran 10 personas en la tarea de “carnear” entre las 4 de la mañana y las 4 ó 5 de la tarde. Se mataban más de 120 vacunos, y unos 500 corderos diariamente, en un lugar donde imperaba el frío, y sin contar con vestimenta adecuada, botas o delantales.
Explicó que algunos de sus compañeros no sabían leer, “sólo firmar”, y que había un aprovechamiento de su trabajo que desarrollaban de lunes a sábado, y “sin vacaciones”.

“Callados la boca”.
En esa situación Rodríguez hablaba con sus compañeros, y los alertaba que eran explotados, y que no debían trabajar tantas horas. Cuando el Matadero quedó a cargo de un señor Veralli, este les señalaba a los empleados que tenían que trabajar “callados la boca” y sin reclamo.
Cansado, Rodríguez un día expresó que él iba a trabajar 8 horas y se iba a retirar, por lo que fue reconvenido por su jefe: una hora antes de retirarse le dijeron que salga, y afuera lo esperaban 8 personas de traje, que debajo de sus sacos portaban armas -“para mí eran militares”, dedujo- y lo llevaron detenido a la Seccional Primera. Era el 5 de julio de 1976, y habría de permanecer en esa situación irregular -nunca le mostraron orden alguna de detención, ni un papel de la justicia- hasta el 16 de julio del mismo año.

“Manchas de sangre”.
Mientras lo interrogaban los que lo hacían todo el tiempo lo amenazaban que por violar la “ley de seguridad nacional” lo trasladarían 6 años a la cárcel de Rawson. En todo momento le preguntaban qué pensaba de su actitud ahora que estaba preso: “Estoy arrepentido”, debía repetir Rodríguez naturalmente con miedo.
Relató a los jueces que los calabozos eran “sucios, y manchados con sangre”, y que en alguna pared había nombres escritos precisamente con sangre. También dijo que alguna noche escuchó “gritos mezclados con alguna radio”.
Reveló que perdió el trabajo, al punto que en su legajo aparecía como renunciando en enero de 1976, cuando 5 meses después era detenido en el mismo Matadero. El intendente de facto en aquel momento era el militar Luis César Aramburu.

Gestión de Di Nápoli.
Indicó Rodríguez que no resultó golpeado, que la comida se la proveía su propia familia, y que la gestión del abogado Emir Di Nápoli resultó decisiva para que lo dejaran en libertad. “Nunca tuve información de lo que había pasado… perdí mi trabajo… pero lo más terrible fue que me hicieron caminar esposado delante de la gente… eso fue terrible, porque era como que uno era algo malo para la sociedad”, se lamentó.
Tenía en ese momento 23 años, había trabajado desde pibe en el Matadero, pero nunca recuperó su trabajo… “Por temor no reclamé nada”, le dijo al Tribunal.
“Cuidate mucho… de lo que hacés y lo que decís. No sabes las cosas que están ocurriendo”, le advirtieron en el Juzgado Federal.
Ayer, luego de más de 40 años dijo lo suyo. Hoy es gasista y sigue viviendo en Santa Rosa.

Audiencias el 21 y 22
Quedó establecido que el debate en el juicio por la Subzona 14 II se reanudará los días 21 y 22 de agosto venidero; oportunidad en que declararán más testigos y se realizará una nueva inspección ocular a la Seccional Primera.
Cabe señalar que en el caso del testigo Walter Emer -residente en Río Cuarto-, ayer volvió a no presentarse, aunque manifestó su disposición a hacerlo ante una nueva convocatoria.
Cabe recordar que los jueces actuantes son Pablo Díaz Lacava, José Mario Triputti y Marcos Aguerrido.
Los imputados que comparecen frente al Tribunal son Néstor Omar Greppi, Luis Enrique Baraldini, Roberto Oscar Fiorucci (ex comisario relevado de presentarse por razones de salud, y ya condenado en el primer juicio de 2010), Carlos Roberto Reinhart (el único que permanece detenido cumpliendo su primera condena), Antonio Oscar Yorio, Néstor Bonifacio Cenizo, Hugo Roberto Marenchino, Oscar Alberto López, Athos Reta, Miguel Ángel Ochoa, Jorge Osvaldo Quinteros, Juan Domingo Gatica, Luis Horacio Lucero y Máximo Pérez Oneto. Las víctimas de la represión en esta causa son 234.

Otros dos testimonios
Hubo dos testimonios ayer que no parecieron relevantes para la causa. Uno fue el de Ismael Segundo Giménez, quien sentado frente al tribunal primero se encontró con que no había preguntas para él -el defensor que lo convocaba no estaba-, le dijeron que se vaya pero lo hicieron volver. Le hicieron algunas preguntas, pero no sumaron. Era policía en 1976, trabajaba en la Primera y no podía subir a la planta alta del edificio, por lo que ignoraba qué sucedía allí. Más o menos en los mismos términos se manifestó luego Hilario R. Pereyra, chofer en la Seccional.