Falleció el poeta pampeano Terete Domínguez

El poeta santarroseño Adolfo Domínguez, más conocido popularmente como “Terete”, falleció este lunes a los 77 años en la clínica Polymedic, en Santa Rosa, donde estaba internado desde hacía varios días.

Terete había nacido el 21 de octubre del año 1941 en Algarrobo del Águila. En 1948 se trasladó a Santa Rosa con su familia, a raíz del corte del río Atuel. Estudió en la Escuela N° 4 y luego en la 314, de Santa Rosa.

Fue canillita, tanguero y poeta popular. También incursionó en el canto y el recitado. Con veinte años Terete comenzó a trabajar en el diario La Arena: hacía el reparto a los suscriptores y también venta libre.

Logró la publicación de su primer libro, “Para mi ciudad, un poema y un recuerdo”, publicado por el Fondo Editorial Pampeano en el año 1997. Hizo dos discos compactos de poemas, “Mis cuatro berretines” y “A oscuras pero con luz”, en los que interpretó tangos y recitó sus poesías lugareñas.

En el año 2009 brindó una entrevista a LA ARENA, a través del periodista Mario Vega. Aquí lo recordamos con algunos fragmentos:

“¿Si soy poeta, o cantante de tango? No me considero poeta, que lo diga la gente. Me gusta escribir vivencias, y cantar, canto, pero me gusta más lo primero. Fui nada más que hasta sexto grado, pero tengo la calle, la filosofía de haber andado mucho”. “Retinitis pigmentaria, dignosticó Jurcovich, el primer oculista de Santa Rosa, y no hubo nada que hacerle. Jugaba al fútbol pero daba ventajas, porque tenía grandes problemas para ver, y cada vez peor… si cuando íbamos a los bailes mi mejor amigo, Rubén, quien ya se fue, más o menos me indicaba: ahí a tu derecha hay una piba que te mira, cabeceá… y así salía, más o menos al tun tun”.

“Soy hijo natural, nacido en Algarrobo del Aguila, pero desde muy chiquito viví aquí”, dice y señala a veinte metros de donde hoy es su vivienda. Allí vivían con quienes considera sus hermanos -“muchos creen que soy hermano de ellos, pero no”, aclara-, Tita, Paula, Félix, Tomás y Julio (El Bardino). Sí, me han pasado cosas en la vida, pero nunca me sentí damnificado, todo lo contrario, todos los días era empezar de nuevo”, rememora.

“Yo era el negrito de los mandados. Cruzaba la vía, aunque al principio me costaba porque le tenía mucho miedo al tren, que no había visto nunca, y hacía de todo un poco… lustraba, entraba leña en alguna casa, el Día de los Muertos iba al cementerio y ayudaba a limpiar alguna tumba… Siempre había que hacer algo, fuerza de voluntad no me faltó nunca y la cosa era no andar mendigando”, dice firme en sus convicciones.

“Horas nos pasábamos con el Rubén Giunchi tomando mate mano a mano, escuchando la radio, y cuando no era con él me cruzaba a lo de Cutín Pérez, aquí enfrente, porque ellos tenían radio y escuchaba ‘Los Péres García’ -un radioteatro de la época-, y “El Glostora tango club. Era duro pero éramos felices”, sigue.

Terete empezó a hacerse conocido en la ciudad cuando comenzó a repartir LA ARENA. “Yo andaba ya por los 20 años, y en esa época los que hacían el reparto eran pibes, así que ver a una persona más grande resultaba algo extraño. Por eso, de madrugada, cuando pasaba por el bar de Fuertes, frente a la estación, los atorrantes que paraban ahí me gritaban ‘andá a agarrar la pala, vago’. Ellos, que estaban de parranda me gritaban a mi que andaba laburando…”, y se sonríe Terete cuando recuerda la anécdota.

Y fue junto a Carlitos Segovia los que empezaron a vocear el diario para vender las noticias. “¡Esta noche, en el Luna Park, la espectacular presentación del pampeano, ‘El Indio’ Mario Héctor Paladino! diario, diario!”; “¡Todo el caso del hombre que mató y descuartizó a su mujer, diario!”. Claro, LA ARENA se vendía como pan caliente con el suceso que conmocionó al país, cuando Gonzani asesinó a su mujer.
“Andaba en bicicleta, aunque ya veía poco, pero me las arreglaba. Y después tuve la suerte de entrar en la Justicia… ahí en el Palacio de la calle Pellegrini y años más tarde en el archivo. Ganaba bien, empecé a rearmar mi nueva casa y a pensar en lo que vendría. En el Poder Judicial tenía amigos de fierro, como Walter Gómez (el boxeador), el señor Portillo y Cufré, mis jefes. Todos muy buena gente”, los nombra y se emociona.

Es que Cufré -el padre de los jugadores de fútbol- un día lo llamó a su escritorio y lo encaró: “¿Terete, usted se anda haciendo el gavilán en Uriburu?”, le disparó. “No jefe, nada que ver, lo mío es serio”, contestó de inmediato. Es que por intermedio de una familia amiga había conocido a la persona que habría de cambiarle la vida: Nélida. “Un ser humano maravilloso, la quiero mucho”. Llegó a su existencia y pasó a ser la luz de sus ojos nublados. Pero antes vinieron las averiguaciones de la familia de ella, a ver quién era “ese” Terete que se quería poner de novio con “la” Nélida, y parece que los “antecedentes” lo favorecieron.

“No se qué pasó, pero a partir de ahí empecé a escribir. Ella me alentaba, y hasta se compró una máquina de escribir para pasar lo que me iba saliendo”, cuenta a más de 30 años de aquél momento mágico. “Nos casamos el 22 de abril de 1982, cuando salió la ley de divorcio de Alfonsín. Y claro, sí, elegí la fecha, el día del cumpleaños de Santa Rosa”, dice para ratificar su fanatismo por la ciudad que lo acogió desde pibe.

“Aquí hice de todo, anduve por todos lados, me hice hincha de Argentino, de cuando jugaba tu viejo -me dice-, el Vasco Roldán , el Negro Diablo… después seguí a Atlético Santa Rosa cuando llegó al Nacional, aunque ya casi no veía, pero íbamos a todos lados con Nélida. “Cuando ella apareció en mi vida empecé con los versos, que alguna vez me iba a hacer recitar por primera vez Guillermo Fernández en LU33, y así seguí. Es con la felicidad, con el amor, que las cosas me empezaron a salir como agua de manantial”, parafrasea a José Hernández.

“Querés que te cuente una cosa -agrega-, siempre pensé que ‘mi viejo’ era el tango. Me enseño tantas cosas, sus letras tienen tanta filosofía, tantas verdades. En realidad, cuando repaso, me doy cuenta de que mi vida es un tango”, sostiene convencido. “Me pasó de todo, pero a pesar de mi ceguera, de mis problemas, nunca me entregué, nunca me di por vencido. Por eso te digo, mi vida es un tango, sí señor”.