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Sergio García regaló la «carpa-casa»

UN JOVEN SE INSTALO A 300 METROS DE LA CIUDAD JUDICIAL

Quien recorra más o menos habitualmente la ciudad -y sobre todo el sector del parque recreativo «Don Tomás»-, habrá podido observar en los últimos días que la «carpa-casa» que había levantado Sergio García en la Ciudad Judicial ya no forma parte del paisaje.
Al menos en ese sector, porque el mecánico que quedó parapléjico, y cobró una importante indemnización por parte de la Provincia, la Municipalidad de Santa Rosa y la empresa Ilka, se fue del lugar después que la Justicia reconociera su reclamo.
Pero antes de irse, el muchacho tuvo aún un gesto solidario. Cabe recordar que con maderas, nylon y lonas, había levantado su «casita» -incluso le había dibujado una simpática ventana donde solía asomarse hacia la calle-, y al retirarse de la explanada de la Ciudad Judicial decidió regalarla a otro indigente.

«Ampliando» la vivienda.
A unos 300 metros del lugar donde estaba antes, aparece hoy la misma carpa pero habitada por otro muchacho. «Sí, me hice amigo de Sergio (García) mientras estaba ahí», dice señalando hacia lo que fue la morada del mecánico. «Cuando se fue me regaló la carpa y me la traje hasta aquí», expresa.
Germán Ruiz (30) es un joven chaqueño que vive de changas, que desde hace un tiempo se afincó en su pequeña casilla contra un tapial -cerca de las vías, a metros del ingreso al parque por Avenida Roca-, y ahora «amplió» su precaria vivienda con el regalo que le hizo Sergio.

Quiere trabajar en el campo.
«Estoy en Santa Rosa desde hace un tiempo, y si bien soy chaqueño anduve por Córdoba y la provincia de Buenos Aires… ahora estoy aquí, y si ustedes me ayudan poniendo en el diario que puedo trabajar como cuidador en algún campo por ahí me sale algo», dice esperanzado.
Al llegar un equipo de LA ARENA al lugar el muchacho se mostró amable, e invitó a pasar. La casilla en la que vivía desde antes hace las veces de dormitorio (tiene incluso un DVD y un televisor con el que escucha música), y la «carpa» que le regalaron pasó a ser una suerte de living, y llama la atención que pese a tener el piso de tierra luzca limpia y ordenada. «Y es así nomás… soy pobre, pero me gusta el orden», dice Germán sin dudar.

Pobre, pero prolijo.
Un escritorio, un par de sillas, algunos elementos prolijamente colocados, algunas plantas -una de aloe vera bien desarrollada-, y una sensación de cobijo que está más allá de la precariedad de la morada.
«Estoy bien, tranquilo… un vecino del otro lado del tapial me ofrece la energía eléctrica y a cambio yo le cuido el taller que tiene allí y a veces queda solo», explica.
En el final reitera que espera que alguien le ofrezca un trabajo: «Soy guapo para eso y puedo hacer un poco de todo», agrega mientras da el número de un celular donde se lo puede llamar si alguien lo necesita: (2954) 65 4382.