Guebel pidió custodia policial

UN INFORME DICE QUE MARINO "QUEBRO EN LLANTO"

El senador pampeano por la Unión Cívica Radical (UCR) Juan Carlos Marino, continúa siendo el centro de atención tras la denuncia en su contra por acoso y abuso sexual, por parte de Claudia Guebel, una empleada del Congreso.

En las últimas horas de la semana, la agencia de noticias Télam dialogó con la denunciante; y ella les aseguró que teme que “alguien” quisiera darle “un susto”. Por eso solicitó al juez Ariel Lijo que le consigne una guarda policial en su domicilio, sobre todo en horas de la noche.

En el diálogo, Guebel, calificó a Marino de ser “un canalla como ser humano”, al mismo tiempo que sospechó que, si el legislador se niega a entregar su teléfono celular (para ello se necesita autorización de la Cámara) “por algo es”.

En ese contexto, el medio informativo La Política Online dio a conocer el viernes, algunos pormenores de una reunión que Marino tuvo con integrantes de Cambiemos; en la cual “quebró en llanto”, pero antes habría especulado que la denuncia tendría vínculo con los servicios de inteligencias, espacio que depende de la bicameral de Inteligencia y que es presidida por el pampeano.

El testimonio.
Claudia Guebel, la empleada del Congreso que denunció a Marino por abuso sexual, afirmó que no le “extrañaría que alguien quiera darme un susto para que no hable”, y pidió al juez federal Ariel Lijo que le asignen una consigna policial por la noche en su domicilio. “Le solicité a Lijo una consigna policial a la noche, que es cuando más miedo me genera; no me extrañaría que salten por los techos para pegarme un susto y me calle la boca”, declaró Guebel el viernes en diálogo telefónico con la agencia de noticias Télam.

La mujer advirtió que “no se va a callar” y dijo que si bien no recibió “presiones” para que deje de hablar si padeció “chicanas” de mujeres de su propio partido que le “dolieron mucho”.

Guebel calificó al legislador como “un canalla como ser humano” y dijo que si Marino no entrega su teléfono celular a la Justicia tal como se le requirió “por algo es”, y ratificó que ella lo dejó “en tribunales a pedido del fiscal Federico Delgado”. Según su denuncia, en el teléfono constarían las pruebas de los mensajes que supuestamente le enviaba el legislador con videos de índole sexual.

La empleada del Congreso declaró el jueves. Estuvo casi cuatro horas y su testimonio se hizo a través del medio de Cámara Gesell, en los Tribunales de Comodoro Py. Allí ratificó la acusación contra Marino, que el miércoles se declaró inocente en plena sesión.

Quebró en llanto.
En un informe titulado “Caso Marino: acoso, espías y Senado”, LPO aseguró que antes de quebrarse hasta el llanto, en la reunión con sus pares de Cambiemos el senador radical Juan Carlos Marino especuló con un posible vínculo de los servicios de inteligencias en la denuncia por acoso sexual que le interpuso la empleada del Congreso Claudia Guebel.

“Ayudado por su abogado Claudio Calabresi anticipó el descargo que minutos después leería en la sesión y detalles de su defensa, que lejos estuvo de conformar a los senadores de su bloque con más experiencia en Tribunales”. También aseguraron que “está demasiado confiado en la ayuda de los medios”.

Marino preside la bicameral de control de organismos de inteligencia desde la asunción Mauricio Macri y por gestión de Enrique “Coti” Nosiglia, su padrino de siempre. Este año iba a cederle el cargo al senador sanjuanino Roberto Basualdo, pero a último momento fue reelecto por presión de los emisarios de la ex Side y se convirtió en el legislador con mayor manejo de recursos que se recuerde, continuó el informe. Además es vicepresidente primero del Senado y preside la bicameral que administra la biblioteca del Congreso. “Y no es discreto -aseguró LPO- sus compañeros cuentan que es capaz de pedir autos oficiales para resolver temas personales en La Pampa o Córdoba, donde reside parte de su familia”.

Negó el abuso.
Ante sus compañeros, Juan Carlos Marino negó haber abusado de Guebel, pero no entró en detalles sobre el encuentro en el despacho, cuando según el relato de ella esperó que se fueran los empleados y directamente le “tocó los pechos” y la invitó a tomar un café.

“Mi despacho siempre tiene las puertas abiertas y la gente entra y sale”, se excusó ante sus colegas por ese presunto cara a cara con la denunciante, que nunca desmintió y deberá describir mejor ante el fiscal Delgado.

Acompañado de su joven asesora, el pampeano también aludió a una supuesta “operación política” pero evitó precisiones. Minutos después y ante los medios su abogado y vocero involucró a Carlos Mac Allister, su rival en la interna de Cambiemos, en la que no competirá. Casualidad o no, lo anunció unos días antes de conocerse la denuncia.

Por otra parte, diputados y senadores radicales consultados por LPO se mostraron más cercanos a respaldar a Marino, por el mal recuerdo que tienen del paso de Guebel en la Convención de la UCR. “Quería tener protagonismo, escribía documentos sin consultar y acumulaba mucha rabia por no haber llegado a legisladora”, la recuerdan.

Fueros e intervención telefónica.
El informe sostiene además que el temor, o la certeza, es que el año que viene deberán poner la cara varias veces más por Marino porque en los hechos nunca renunció a los fueros y sólo presentó una nota para anunciar que lo haría si la justicia lo solicita. Pero en ese caso será necesaria una sesión para abocarse a tan incómodo asunto.

El primer pedido del fiscal Delgado podría ser para revisar su celular, que según la última oración del artículo 1 de la ley de fueros, la 25320, no se puede interceptar “sin la autorización de la respectiva Cámara”. Lo mismo ocurre con los allanamientos a los domicilios o a su despacho, otra medida que podría llegar tarde o temprano.

Según el relato de Guebel, al mes de empezar a trabajar Marino le envió whatsapp con videos sexuales y mensajes como “¿Dónde estás?”, “Donde vivís?”, “Voy a estar por allá. Me doy una vuelta”, “Preparáte, que voy a tu casa”.

Guebel mencionó el teléfono 1131920401, que no es el personal histórico del senador y sus compañeros temen que lo haya usado para alguna de sus bicamerales y ya no esté en su poder. Su abogado no lo aclaró, pero anticipó que no autorizará su intervención porque “quien tiene que demostrar lo ocurrido es la persona que alega”. Ello no hizo más que confirmar que, tarde o temprano, el Senado deberá reunirse para debatir sobre los fueros de su cliente. La causa judicial, en la que ni siquiera está notificado, recién empieza.