El fabricante de una pasión vigente

Guillermo Wiggenhauser es una referencia en la provincia a la hora de hablar de un medio de transporte que siempre está vigente y que hoy vive un nuevo auge: la bicicleta. En su taller y local de ventas santarroseño fabrica sus propias bicis para todas las edades, todos los gustos y todas las necesidades.
“Los domingos salgo y pedaleo más de una hora, y a la mañana me vengo desde mi casa al local. La bici es mi pasión”, dice como si hiciera falta aclararlo. Rodeado de cuadros, manubrios, pedales y todo tipo de accesorios Guillermo Wiggenhauser luce tan vital que dan ganas de subirse a alguna de las cientos de bicis que tiene en su negocio y salir a recorrer la ciudad. A pedalear y “descansar” la mente.
Según su documento de identidad, tiene 80 años. Pero de lunes a sábado cualquiera que se acerque al local de la calle O’Higgins lo puede encontrar detrás del mostrador o en el taller, armando alguno de sus modelos con nombre propio, el de ‘Rodados Wiggenhauser’.
“Cuando tenía 10, 12 años ya era el bicicletero de las tres o cuatro bicicletas que había en Winifreda en esa época. Y cuando me subí y empecé a competir corrí un montón de tiempo. Fui campeón provincial muchos años seguidos y representé a La Pampa en cualquier cantidad de competencias. Ese gusto por la bici más lo que me gusta la mecánica me trajeron hasta acá”, cuenta en un mini resumen de una vida que nunca dejó de andar en dos ruedas.
Wiggenhauser tuvo distintos trabajos. También un taller mecánico y durante muchos años llevó adelante “La casa del embrague”, una pyme que llegó a emplear hasta 30 operarios y que tenía su propia distribución hacia todo el país.
“En los ’90, con el gobierno de (Carlos) Menem, nos fue muy mal. Se vino a pique todo y no nos quedó otra que vender el negocio a gente de Bahía Blanca. Ahí volví a empezar con mi pasión, las bicis. Monté el taller, empezamos a armar y a vender accesorios. Ahí se inició la segunda etapa con las bicicletas”.
Guillermo recordó que “la boutique de la bicicleta” que montó en el centro santarroseño también vendía ropa y era atendida por su mujer, “Pirula”, un negocio que nació tímidamente y que con los años se erigió en una referencia en toda La Pampa.
Hoy, Wiggenhauser es representante de algunas de las marcas más reconocidas a nivel mundial como GT, Verizon y Shimano. Y también tiene su propia marca para las bicis que usan los más chicos, los que empiezan con los primeros pedaleos.
“El eslogan era ‘Pampa y Pampita, la mejor bicicletita’, esa es nuestra marca y hasta hemos ganado premios como fábrica de bicis. Me pasa mucho que vienen padres y me dicen ‘yo a usted le compré mi primera bici’, y ahora están acá para comprarle la primera a sus hijos. Eso te da una satisfacción muy especial, un orgullo muy lindo”.

Boom mundial.
Junto a Wiggenhauser trabajan dos empleados y en las épocas de mayor demanda se suma otra persona para el armado de las bicis. Al local de la calle O’Higgins llegan desde distintos lugares de la provincia y se proveen de lo que sea necesario para salir a pasear, ir al trabajo, competir, relajar, pensar y todo lo que se puede hacer cuando se anda en un medio de transporte que tiene tanta historia como presente.
“Esto que vemos hoy, como un boom de las bicis, como el mountain bike, se vive en todo el mundo. Y con la misma modalidad, se juntan después del mediodía, en grupos, y salen a pedalear. La bici tiene un componente que se adquiere desde chico, cuando un nene empieza a andar y percibe que tiene libertad, independencia para moverse. Eso tiene un gran valor y muchos padres buscan transmitirlo”, resaltó el papá de tres hijas que nunca se vincularon al negocio paterno. “Dos son docentes y la otra es profe de Educación Física, así que hicieron su propio camino por fuera de la bicicletería”.

De EE.UU. a Santa Rosa.
En ‘Rodados Wiggenhauser’ tienen un stock de 200 bicicletas y en las épocas de mayor (y mejor) flujo económico del país hubo hasta ocho empleados dedicados a armar los modelos propios de la firma. Y para graficar la trascendencia de su mini pyme Guillermo tiene a mano una anécdota que pinta en grande hasta donde llega el reconocimiento.
“Un representante argentino de la marca GT que fue a la sede en Estados Unidos me contó que cuando entró vio fotos de algunos los negocios que la venden en el mundo, y entre ellos estamos nosotros con una flecha roja que marca el local de Santa Rosa”.
Wiggenhauser recuerda que gracias a “las changuitas” que hacía en un taller mecánico de sus tíos pudo juntar dinero y comprarse su primera bici, en plena adolescencia. “Era una Bianchi que estaba tirada y yo la compré en cuotas, eran tiempos difíciles pero el hecho de poder comprarla de esa manera significó un gran orgullo. Hoy a mucha gente también le cuesta comprar una, pero es la mejor inversión que se puede hacer. Es beneficioso en todo sentido”.

¿Y hasta cuándo va a seguir con la fábrica y el negocio?
“Creo que de acá me van a sacar con los pies para adelante -se ríe-, pero la verdad que es lo que a mí me gusta. Por ahí ya no le dedico tanto tiempo como antes, lo tomo más como un hobby, pero estar en contacto con la gente, ir al taller a armar y seguir haciendo un poco de todo es lo que te renueva cada día. Así que acá estoy”.