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Hay alguien que tiene sangre celeste

"CACO" PALOMA, UN SINGULAR PERSONAJE DE LA VIDA DEL CLUB ESTUDIANTES

Entrenador con 36 años de actividad, debe haber iniciado o acompañado a más de 3.500 tenistas. Un símbolo del club, un referente obligado que resulta uno de los más queridos personajes de los celestes.
MARIO VEGA
Hay algo intangible en la vida de las instituciones, y de los clubes muy en particular… algunos refieren -si hablamos de clubes- a su alma, a un espíritu especial que los convierte en distintos, a todo, y a todos. Al cabo es como si llevaran consigo una condición inmaterial, quizás imperceptible para muchos, que los torna singulares. E Incomparables…
Podrán quizás parecerse en algunos aspectos, pero definitivamente habrá algo que los vuelva únicos… tiene que ver con eso que le fueron dejando a su paso sus hacedores, los pioneros y los que los sucedieron… Los que los llenaron de historias, de hazañas deportivas, y fueron corporizando instituciones que después consiguieron ser señeras.

La razón de los clubes.
Existen ejemplos por dondequiera, por aquí o en cualquier lugar de que se trate… los clubes germinaron en los pueblos para albergar a comunidades que iban requiriendo lugares para el bienestar, la actividad social y deportiva… y también, por qué no para momentos de un ocio a veces necesario.
En nuestra ciudad existen desde hace muchísimas décadas -al punto que algunos están por alcanzar el siglo de existencia-, y uno que, como tantos otros, merece una mención especial es el Club Estudiantes. La entidad celeste, la de la calle Moreno, la que tiene enclavada su sede en pleno centro de Santa Rosa.

Los visionarios de antaño.
Allí, como sucede en todos los casos, hubo nombres y apellidos que fueron los que empezaron a forjar un destino de grandeza. Algunos fundadores -jóvenes que transitaban las aulas del secundario en el colegio Nacional-, y hacedores que después tuvieron la visión de que estaban conformando algo que, naturalmente, los iba a trascender… Ángel Gavazza, León Nicanoff, Roberto Nevares, Ángel Paloma, Víctor Arriaga, Pedro Lastiri, Rafael Blanco… y tantos otros fueron sinónimo de Estudiantes.
Sin olvidar a los que vinieron luego como los hermanos Rodil, los Núñez, Julito Tamborini, Eduardo Koller, y muchos más.
Toda esa gente fue la que materializó este Estudiantes de hoy, orgullo de sus socios y simpatizantes. Hay muchísimos que -como quedó dicho- constituyen su alma y su cuerpo. Y obviamente, entre todos esos, surgen personajes que merecen un recuadro especial en la vida de este club.
Cómo olvidar a deportistas inolvidables, que se destacaron en fútbol, básquet, cestobol, judo, natación y tantas otras disciplinas.

Apellidos “ilustres” del club.
Decía antes que entre tantos apellidos “ilustres” surge el de los Paloma… familia numerosa que vivió toda su vida a metros del club, que al final terminaba resultando el patio de la casa de don Ángel -una institución dentro de otra institución-, y de sus cinco hijos varones.
Marcelo Carlos Paloma (55) es “Caco”… “El Negro Nevares me decía ‘macaco’, y quedó ‘Caco'”, rememora. Entrenador de tenis desde hace 36 años “Caco” es equivalente a Estudiantes. Pasa allí la mayor parte de sus días, desde la mañana hasta el atardecer, atendiendo las ganas de ingresar al mundo del tenis de una enorme legión de aficionados… “A veces digo que estoy un poco cansado, pero después me digo que esto es lo mejor que me puede suceder, y se me pasa”, se ríe.

Un tipo sensible.
Sentados en la confitería del club, que frecuenta desde que tiene uso de razón, “Caco” tiene ganas de contar… de hablar. Es un tipo querible… y querido. Su apariencia constante es de que todo le importa más o menos, o relativamente, que es de esas personas que andan por la vida siempre con una palabra o una broma bajo el brazo y con preocupaciones mínimas.
Aunque no sea tan así. En cuanto uno se pone a charlar con él aflora el hombre sensible, afectuoso, que le va dando valor -cada vez más- a las cosas que le fueron sucediendo en la vida. Y entre esas circunstancias de su transcurrir están nada más ni nada menos que sus cuatro hijos.

De novio, con su mujer.
Pero antes de llegar a este capítulo hay toda una historia que tal vez resulte bueno compartir. “Caco” es el tercero de los cinco hijos varones que tuvieron Ángel Embarak Paloma (con ancestros sirio-libaneses) -fallecido en el año 2000-, y Beatriz Zandrino (descendiente de italianos), que anda por los 85 años.
Hoy “Caco” tiene cuatro hijos y está en pareja con Carolina Díaz: “Hace 20 años que estamos, y por suerte con una relación excelente…”, casi se jacta, aunque me deja boquiabierto cuando aclara: “Pero no vivimos en la misma casa, eh!”. Incrédulo repregunto: ¿Novios? “Algo así…”, se ríe y explica: “No vivimos juntos, pero nos vemos todos los días, compartimos salidas, estamos con los chicos, nos fuimos de vacaciones… Yo por estos días estoy en lo de mi mamá, un poco como que la cuido”, completa.

Hijos y hermanos.
Tiene dos hijos más grandes -de un primer matrimonio-, y dos más chicos. Julieta (27) estudió abogacía, y ahora cursa en el Crear; Juan (22), también es tenista y ya ganó el Caldén de Plata como el mejor del año en la disciplina, aunque también juega al básquet en la primera división del celeste; y los más chicos son Morena (13) que “le gusta el baile” y hace poco empezó hándbol, obviamente en el club. El menor es Santiago (4), que se inició con actividades en el “jardín del movimiento”.
El mayor de los hermanos es Federico, ingeniero que trabaja en Buenos Aires; Julio, contador se desempeña en el Ministerio de Salud de la provincia; después viene “Caco”; le sigue Mauricio, abogado; y Alejandro, licenciado en marketing que está viviendo en Bogotá, Colombia.
“Vivimos siempre ahí, en Lisandro de La Torre casi Garibaldi, a dos cuadras del club…”, evoca.

Todo el tiempo en el club.
“Caco” cuenta que hizo la primaria en la Escuela 2, y se recibió de bachiller en la Escuela Normal. Ya en esa época el tiempo libre era para ir al club, a hacer “de todo. A los 5 años Tincho Pérez Isa me puso una pelota de básquet en las manos, me acuerdo como si fuera hoy… ¡ahí tenés!, Tincho, otro enfermo de Estudiantes y una de las personas trascendentes en su historia. Pero también empecé natación con Omar Lastiri ¡que nos hacía hacer cien piletas!, y eso no me gustaba tanto. Pero cuando digo de todo era de todo: atletismo, hándbol con Tito Batisttoni…”.

Don Ángel Paloma, un campeón.
Ángel Paloma fue destacadísimo jugador y entrenador del último equipo estudiantil que salió campeón mientras se hizo fútbol en el club. “Dicen que papá jugaba muy bien, en grandes equipos de Estudiantes que ganó varios torneos. ¿Sabés que tenía encuadernado todos los diarios que hablaban del club cuando ganaba campeonatos de la Liga Cultural? Pero una vez mirándolos me di cuenta que en uno venían todos los diarios continuados, y el último decía en un título: ‘El domingo Estudiantes y Penales definen el torneo’: y la crónica después del partido no estaba… había ganado Penales”, sonríe comprensivo.

Viviendo en La Plata.
Una vez finalizado el secundario -y de haber hecho el servicio militar en el IV Cuerpo justamente en 1982, cuando la Guerra de Malvinas (“a nosotros no nos movilizaron”, mencionó ahora)- se instaló en La Plata para seguir abogacía: “Pero rendí nada más que 10 materias y dejé… no me gustaba mucho”, admite.
Pero en la ciudad de las diagonales se produciría un hecho que determinaría el curso de su vida: “El ‘Conejo’ Suárez (otro tenista nacido en el celeste) me habló para que lo ayudara a entrenar gente en el Tenis Club La Plata. Yo tenía 23 años, y ahí empecé… después hice algunos cursos, hasta que en 1987 el ‘Turco’ Alí me dijo si quería venir a hacerme cargo de la actividad en Estudiantes…”.

Miles de alumnos en tenis.
Una vez de vuelta en Santa Rosa, cuenta, “en tres meses teníamos más de 200 pibes, y por supuesto en esa época me hacía la película que podría lograr sacar algún campeón. Y salieron muchos buenos, pero eso no es fácil. Calculo que en tantos años tienen que haber pasado unos 3.500 o más aspirantes a tenistas…”, estimó.

En el Celeste, “hice de todo”.
Entre tantas cosas que hizo menciona que editaba “una revista mensual con todas las actividades de Estudiantes… y tengo ganas de ver si la empezamos a publicar de nuevo porque prontito el club va a cumplir 90 años. Fue fundado el 12 de agosto de 1929”, señala. Todo lo que tiene que ver con la institución no le es ajeno: “El Estatuto dice exactamente cuál es el tono del celeste del club, que se completa con un monograma negro”, indica dando a entender que no sería -al menos para él- un detalle menor.

Sus referentes.
Le pregunto por referentes en el tenis y menciona “primero al Flaco Carlitos Céspedes, al que lo veía en esta cancha y la verdad lo admiraba, porque había tenido parálisis infantil y lo superó… Creo que ahora vive en Paraguay. Y después como no aludir a Federer que es la perfección, y obviamente a Guillermo Vilas…”, enumera.
Después cuenta que hoy en día lo que hace “es un tenis más social, menos apuntando a lo competitivo, y de reojo veo si alguno viene a tomar la posta y a hacerse cargo de esto”, amplía sobre su realidad de entrenador. “Aunque cuando lo pienso digo que no tengo nada de qué quejarme… al contrario”, evalúa.

Lo que el tenis le dejó.
Le pregunto si se arrepiente de cosas y se vuelve reflexivo: “Diría que no tengo de qué arrepentirme… o tal vez sí, podría haber hecho algunas cosas más para mí, porque por ejemplo no tengo casa propia”, dice y se pone serio. “Lo que sí traté siempre es de ser un buen padre, eso seguro. Serán mis hijos los que el día de mañana digan si lo conseguí”, casi parece pensar en voz alta.
En tantos años a muchos de quienes fueron sus alumnos en los courts los sigue tratando y son parte de su cotidianeidad, pero a otra cantidad considerable de chicos los dejó de ver -porque se fueron a otros lugares a estudiar, o a trabajar-, o simplemente porque abandonaron y no fueron más… “A veces me sorprende que algunos me saludan, u otros que vienen y me dan un abrazo, y es lindo, es gratificante, claro que sí”, admite.

“Fui muy alfonsinista”.
“Caco” dice que si bien está enterado y le interesa no participa en política. “En su momento fui alfonsinista a morir, pero eso pasó, y me pone muy mal ver gente que pasa hambre, eso me enferma. Me acuerdo que antes también había pobres, pero era una pobreza digna, y éramos felices con poquitas cosas… Pero hoy no lo puedo entender, no puedo creer y me pone muy mal que en este país haya personas que pasen hambre. No lo puedo concebir, me vuelve loco”, se encrespa.

Lo que quiere para sus hijos.
“Me preguntás con qué sueño… Y puedo decirte que lo que me gustaría, de verdad, es que los amigos de mis hijos cuando los vean llegar sonrían. Lo leí en algún lado y me quedó eso: me llenaría de orgullo si eso sucediera, porque significaría que son buena gente”, define. Y por qué no, se puede decir: si al cabo provienen de buena madera, y además es precisamente lo que pasa con los amigos de Caco cuando lo van viendo llegar…

El alma de los clubes.
En el final cabe decir que la pasión que algunas personas sienten por los clubes en el que pasaron las mejores horas de su vida es difícil de describir, de transmitir, y de que lo entiendan quienes pudieran no sentir lo mismo… Porque ese apasionamiento parece provenir de aquello tan intangible que mencionaba al principio, tiene que ver con el alma de un club, con los espíritus de sus viejos y fervorosos dirigentes y deportistas que lo llenaron de mística, y que aún rondan entre sus paredes…
Y es así, entonces, que hay tipos como Caco de los que, casi podría afirmarse son las venas y la sangre de clubes como Estudiantes… Aunque parezca exagerado hay que explicar que su devoción por los colores resulta tan suprema que no se puede definir de una manera más austera…
Si al cabo los Paloma -y “Caco” particularmente-, han escrito páginas inolvidables de la historia del celeste…

Diez años con los recitales del “Indio”.
Por estar tan ligado a la enseñanza del tenis, muchos no conocen que “Caco” se desempeñó en otras actividades. “No son muchos los que saben que trabajé 10 años como productor en los espectáculos que el ‘Indio’ Solari hizo en distintas provincias… El primero, cuando se fue de Los Redondos, en el Estadio Único de La Plata, y en ese momento éramos nada más que cinco personas trabajando. Al final terminaron siendo más de 80, hasta que pasó lo de la tragedia de Olavarría. ¿Si lo conocí al ‘Indio’? Sí, pero nunca le pedí ni siquiera una foto… él era bastante distante y yo cero cholulo, así que lo he visto pero nada más”, completa.
Pero “también laburé en una empresa que vendía telefonía celular… y aquí hice de todo: si hasta organicé en 2005 un encuentro de clubes de todo el país que se llamaban Estudiantes, y estuvo incluso el presidente de Estudiantes de La Plata, y el de Paraná, entre otros. Esa vez, por teleconferencia, el periodista Ulises Barrera dio una charla espectacular”, agrega.

Una radio contra la pared.
Tiene un millón de anécdotas: “Me encantaba el boxeo y era fanático del Zorro Campanino… el día que perdió con Pipino Cuevas por el título mundial tiré una radio contra la pared y me valió una larga charla de mi viejo, que obviamente tenía razón. Soy muy calentón, aunque no lo parezca, y me enojo mucho (‘no te rías’, pide) con Boquita. Soy enfermo de Boca y me caliento mal”.
“Un día fuimos a jugar un campeonato de básquet, tenía 13 años, y me agarré tal calentura con Patucho (Alvarez), que era el entrenador que no jugué nunca más”, dice y sostiene que tiene gran cariño por el profesor con el que se enojó aquella vez.

“Quise abandonar, pero…”.
“Hacía natación, pero no me gustaba demasiado… una vez, yo tendría 11 ó 12 años, tuve que competir en Trenque Lauquen, que tiene una pileta de 33 metros. No llegaba nunca y estaba re cansado, así que me fui para un costado para abandonar, pero cuando saqué la cabeza del agua me encontré al ‘Oso’ de brazos cruzados… ¡sabés cómo salí otra vez a las chapas! Casi gano la carrera”, se ríe con ganas al recordar a León Nicanoff -dirigente en esa época y ex periodista de este diario-, que estaba a cargo de la delegación, y que desde su imponencia física y su seriedad imponía un gran respeto.
Lo cierto es que tratar de resumir en dos páginas aspectos de la vida de un personaje tan singular no es fácil. Él podría, tranquilamente, escribir un libro (y tal vez lo haga algún día).
“Por acá pasaron deportistas fantásticos… El Sapo Carrizo que era un crack en el básquetbol, Hugo Pedro (vivía frente mismo a Estudiantes) que me acuerdo un día metió más de 100 puntos… Una pila de gente que, esos sí, son la historia de este club”, cierra.

El quinto hermano.
Con una vida transcurrida en un club fácil es deducir que “Caco” Paloma debe tener miles de conocidos, y muchos amigos. “Es que éramos familias enteras que nos criamos aquí…”, rememora, y señala el amplio escenario que es el Club Estudiantes.
“Aquí era el patio del Negro Nevares, de Julito Tamborini, de Marcelo Pastor, que ahora es el presidente… Todos ellos son mis amigos, pero hay uno que es ‘mi quinto hermano’: Yuri Nicanoff”, lo nombra y casi se emociona. “Para mí uno de los deportistas más completos que conocí, hacía todo y todo bien: nadaba, jugaba básquet -en los dos ganó el Caldén de Plata, único caso del deporte pampeano-, era ajedrecista… Sí, para mí es un hermano más…”, completa.