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«Hay una crisis global de la democracia»

ALEJANDRO RABINOVICH, PROFESOR DE HISTORIA, ESCRITOR E INVESTIGADOR

Alejandro Rabinovich es docente del Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam. Allí es el responsable de la cátedra Historia Argentina II. Doctor en Historia y Civilizaciones por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Paris, el investigador del Conicet estuvo el miércoles a la noche en La Parte y el Todo, en CPEtv, donde analizó la situación actual del continente americano, especialmente los sucesos de Bolivia, con el golpe de Estado que derrocó a Evo Morales, y las multitudinarias manifestaciones que exigen una reforma constitucional en Chile.
-¿Hay alguna forma de analizar lo que está pasando en Chile o en Bolivia con las herramientas que vos utilizaste para entender la Batalla de Huaqui?
-Para entender lo que pasa hoy está haciendo muchísima falta una antropología histórica o una sociología de la guerra y de la violencia política. Hoy parece que todo se reduce a anécdotas. En el nivel periodístico parece ser que todo se reduce a que tal persona es así o es asá, y a partir de ahí los pueblos reaccionan. Acá hay raíces muy profundas, no por nada se da en toda la región, prácticamente en simultáneo. Perú, Ecuador, Brasil, Colombia…
-¿Argentina?
-En Argentina tenemos, por suerte, una transición ordenada, que ya vemos lo difícil que es tenerla, y da miedo pensar que somos el país que más estable está en la región, porque eso quiere decir que estamos muy mal en la región. Evidentemente hay una crisis de la democracia liberal que es global. Es en Europa, en Norteamérica, en medio mundo. Hay un sistema de representación política, de elección de autoridades y de gestión de lo público que está en crisis. Dentro de Sudamérica esto está tomando distintas formas que pueden ser por derecha, por izquierda, la variable de Venezuela, la variable de Brasil, la cosa es que en ningún país funciona bien. Esto ya pasó en otros momentos, pasó en la década de 1930, por ejemplo, el problema es que en ese momento existían modelos alternativos que a la postre fueron terroríficos, como el fascismo o el comunismo de Estado. Hoy en día si esto se cae, no tenés un modelo alternativo. Es peligroso.
-¿Es lo que está pasando en Bolivia?
-Sí, pero Brasil está en una situación en la que solo falta una chispa para que estalle en mil pedazos.
-¿Aunque Jair Bolsonaro haya ganado con el 54% de los votos?
-Pero ganó en una circunstancia en la cual cualquiera puede negar la legitimidad de la elección. El principal candidato (NdR: se refiere a «Lula» Da Silva») estaba en prisión y proscripto y la presidenta (Dilma Rousseff), con un impeachment inventado, había sido sacada por la ventana. La democracia requiere legitimidad, que todos los actores crean que ganando o perdiendo hay reglas claras para todos. Acá en Latinoamérica, en este momento, no la hay. En Argentina sí, por suerte, por un dejo de moderación de los actores relevantes, se está capeando una crisis económica brutal sin que eso repercuta en una crisis del sistema político. Estamos teniendo mucha suerte, ojalá dure. Pero todos los países están afrontando esto todo el tiempo.
-¿Tiene que ver en esto el Juicio a las Juntas Militares de Raúl Alfonsín? Miro a Chile, donde no lo hubo, Bolivia, Perú, donde tampoco los hubo.
-Puede ser. Claramente el Ejército no es un factor desestabilizador dentro de esta democracia. Pero repasemos los casos del Pacífico de los últimos dos meses. Yo estuve en Lima justo en un congreso el día que hubo dos presidentes. El presidente actual Martín Vizcarra disolvió el Congreso de la Nación y el Congreso de la Nación, en el mismo momento, lo destituyó (y designó en el cargo a la vicepresidenta Mercedes Aráoz). Sale el pueblo a la calle, revueltas, choques con la Policía… Eso se hubiera transformado en lo mismo que pasó en Bolivia si a las 12 de la noche el Comandante en Jefe del Ejército no dice: «Estamos con el presidente (Vizcarra)». Los golpistas huyeron por el aeropuerto y no volvieron más, y Perú siguió dentro de la institucionalidad. En Bolivia tenés una situación parecida pero el Ejército le dijo a Evo: «Usted se tiene que ir». Entonces, por más que el Ejército no tenga un rol legítimo ni legitimado ni se pueda presentar a elecciones, ni tenga un gran apoyo social, en cualquier país, en una situación de quiebre institucional, el Ejército termina inclinando la balanza hacia un lado o hacia el otro. Entonces, es muy importante tener un Ejército comprometido con la democracia y que respete los instituciones. Hay que escuchar a ese actor y ver en qué anda. No es que el Ejército desaparece porque uno no le lleva el apunte. En Argentina, hace falta una política con respecto al Ejército, de cuáles son sus funciones, para qué va a servir, que estén bien preparados, bien equipados, bien pagados para eso y que cumplan su función institucional.
-Atilio Borón dijo hace poco que había en los militares bolivianos un racismo y una identificación con los fines de la Alianza para el Progreso, de la década del ’50. ¿Y el Ejército Argentino?
-Yo estudié sobre todo el Ejército del Siglo XIX pero sí conozco a los actuales porque me encuentro con sus representantes en los congresos. Es un Ejército de la democracia. Ningún oficial que esté en servicio hoy estuvo durante la Dictadura. Es una institución con problemas, con problemas identitarios, con grupos que por ahí no son lo que a uno le gustaría que sean, pero viene cumpliendo sus tareas, tal como lo marca la Constitución y hay que darles el beneficio de la duda. El problema de los otros países de la región, es que el Ejército le está imprimiendo buena parte del desarrollo a la crisis. En Chile, por ejemplo, que podría haber sido mucho más grave, el Ejército decidió no involucrarse en la represión. Y hace unos días le dijeron al presidente Piñera que ellos no van a salir de los cuarteles a reprimir, porque ven que se está reprimiendo en forma ilegal y el juicio después lo van a tener ellos, entonces en Chile la represión la está haciendo Carabineros. En Bolivia el Ejército está más activo. En Perú decidió no participar. Estos países tienen una larga historia de intervencionismo militar. Una larga historia del Ejército como partícipe necesario de todo tipo de represión social, esto desde el siglo XIX, entonces, entender mejor a estos actores, tener un diálogo correcto con ellos y tenerlos comprometidos con la vida democrática, es clave, por más que no estés en guerra ni tengas hipótesis de conflicto con ningún otro país.
-Esta resistencia actual que se ve en las calles de varios países de la región, ¿puede dar paso a una suerte de profesionalización?
-Yo no veo que ninguno de estos movimientos que están en marcha, ni en Chile ni en Bolivia, estén buscando militarizarse. Están buscando una resistencia civil. Y en esa resistencia hay un momento en el cual uno tiene que pasar a la propuesta concreta y a la gestión de algo. Por ejemplo, en Chile quieren reformar la Constitución, pero tiene que haber alguien que se siente con los partidos políticos vigentes a negociar punto por punto, ítem por ítem, y eso genera no una profesionalización pero sí una institucionalización, que es un clásico de todas las revoluciones y de todos los movimientos sociales. Hay un momento espontáneo, desbordante, mítico, pero si no logra tener una conducción política se desbanda, como ocurrió en cientos de ocasiones a lo largo de la historia. Si no lográs un liderazgo estable y representativo…
-¿En Argentina eso es el peronismo?
-Fue en un momento. Después el peronismo se transformó en el establishment de otra cosa. Cuando uno llega al poder y gestiona desde el poder, deja de ser la revolución y pasa a ser el Estado.
-De los países que analizamos, Chile parece ser el que menos representación de los partidos tradicionales tiene en este movimiento.
-Chile logró establecer de manera un poco artificial un sistema más a la norteamericana o una democracia liberal a la europea, con dos partidos, en el fondo muy similares, de centro izquierda o centro derecha, donde si gobierna Piñera o Bachelet la aguja se mueve cinco centímetros a la derecha o la izquierda respectivamente, pero las cosas de fondo no se discuten nunca. Entonces mantenían una especie de paz social a partir de seguir votando esto. Pero si vos no gestionás los conflictos de fondo, esos conflictos, en vez de que la democracia los vaya resolviendo, estallan violentamente y de repente, que es lo que sucedió ahora.
-Hay un eslogan que dice no fueron 30 pesos sino 30 años.
-Argentina y otro tipo de países que tienen una vida política más conflictiva y más confrontativa, donde se eligen opciones, porque votar a Macri o Alberto no es lo mismo, van a cambiar cosas, no es revolucionario, no va a cambiar todo, pero es más que cinco centímetros para un lado o para el otro, es más amplio, y eso hace que no haya estallidos tan virulentos de energía y de
tensión comprimidas durante tanto tiempo.

Intervencionismo militar
Junto con el intervencionismo militar, la historia de Latinoamérica ha sido atravesada también por el intervencionismo de potencias como Estados Unidos. «Bolívar desconfiaba mucho de Estados Unidos. Actualmente, en las sombras hay indicios de que estaría desestabilizando la región en varios casos, pero son trascendidos que veo en la prensa igual que vos», explicó Rabinovich.
El hecho de que la Casa Blanca no reconozca el golpe de Estado en Bolivia da cuenta para el investigador de «una política exterior», pero no de una injerencia directa, como las de otras épocas. «Hoy no hay posibilidad de invasión militar ni este tipo de presiones tan brutales, pero sí hay un presidente de Estados Unidos que tiene interés en que haya gobiernos de derecha. El hecho de que su mejor amigo en la región sea Bolsonaro… Todos estamos terriblemente preocupados por lo que pasa en Brasil y es legitimado por el presidente de los Estados Unidos, esa es una situación grave», afirmó.

«Anatomía del pánico»
Este noche a las 21, en «451 Libros» (San Martín Este 167 de Santa Rosa), el profesor y escritor Alejandro Rabinovich presentará la reedición de su libro «Anatomía del pánico. La batalla de Huaqui, o la derrota de la revolución (1811)». Ese trabajo fue elegido por la Academia Nacional de la Historia como el Mejor Libro de Historia del Año, galardón que decidió a la editorial Sudamericana a relanzarlo. El autor también ha escrito otros trabajos sobre la misma temática, como «Ser soldado en las guerras de independencia. La experiencia cotidiana de la tropa en el Río de la Plata, 1810-1824», de la misma editorial.