“Jacinta” apunta a un diseño textil libre de la moda del momento

Agustina Bergonzi se animó a su emprendimiento personal y con su marca “Jacinta” apunta a un diseño textil innovador y sin las ataduras que marca la moda del momento. En su taller crea los modelos que luego vende en el local del centro santarroseño.
Agustina baja las escaleras con su perchero y lo coloca en la vereda. Algunas de las camperas y vestidos de su creación quedan más a mano y a la vista. Y llaman la atención. Elevar la vista y descubrir los maniquíes con vestidos largos invitan a subir la coqueta escalera que lleva a esa tienda que aunque está para ser vista, mantiene el encanto de lo secreto.
“Estar en un primer piso es una desventaja en muchos aspectos pero a mí me gusta, le encontré la vuelta y por eso muchas veces bajo y me quedo porque la gente charla, pregunta y observa. Digamos que en esos momentos en que voy a la vereda hago relaciones sociales y promociono lo que tengo para ofrecer. Y entonces la gente descubre que si mira para arriba, tiene una alternativa distinta a la hora de buscar ropa”.
Agustina Bergonzi tiene 30 años, es santarroseña y construye cada día una de esas tantas historias de las que se nutre el camino de quien decide transitar el (muchas veces) sinuoso y duro sendero emprendedor. En un mercado tan superpoblado pero siempre demandante como es el de la indumentaria femenina, “Jacinta” ofrece otra mirada, otro corte y otra confección. Una originalidad que escapa a esa “dictadura de la moda” que impone talles, medidas, colores, tendencias y precios.
“Lo que hago tiene que ver mucho con qué ropa me siento cómoda yo. Mi experiencia como consumidora es mala porque por mi altura siempre me quedó todo corto, recorría y lo que me gustaba no me andaba. Es difícil encontrar ropa que no sea la que supuestamente hay que usar. Acá vas a encontrar prendas para mujeres que no tengan mucho rollo con su cuerpo o si esto o aquello le queda medio milímetro alto o cosas así. Son prendas que buscan tener onda, que te sientas cómoda y que no sigan sí o sí lo que impone la moda. No tienen esa atadura”.
El resultado de lo que hace Agustina es “Jacinta”, una tienda-taller ubicada en el paseo de la esquina de 25 de Mayo e Irigoyen en la que diseña, corta, confecciona y estampa todas sus prendas. Su producción no es solo una camisa o un vestido sino otra forma de entender la moda.
“A los 14 empecé a hacer algunas carteras y ahí me propuse aprender a coser. Salía del colegio y en lugar de ir al centro u otras cosas de esa edad, me iba a coser, una locura”, se ríe Agustina que a la hora de emigrar eligió la Universidad de Buenos Aires (UBA) para la carrera de Diseño Textil y de Indumentaria.
“Me gusta mucho la parte de taller, el corte y confección, probar cómo queda, hacer prototipos. En un momento, cuando estaba en Buenos Aires, creé una marca y vendía en ferias pero cuando volví a Santa Rosa me pregunté: ‘¿Y ahora qué hago?’. Puse un perchero en casa y trabajaba en lo que venía: dobladillos, costuras. También me sumé a unos talleres de confección que organizaba el Ministerio de Bienestar Social de la provincia y que se hacían en barrios de Santa Rosa y en pueblos del interior. Eso estuvo muy bueno y me ayudó a ir instalándome y ganar confianza con lo que yo podía generar por mi cuenta”.
Esfuerzo.
La propuesta de una conocida que estaba en el mismo rubro la llevó a instalar un negocio sobre la calle Lagos. Al poco tiempo Agustina quedó sola a cargo del emprendimiento y decidió seguir, una determinación que costó tanto esfuerzo como dudas pero que fortaleció su camino hacia lo que quería. Y el primer paso fue mudarse a una esquina y a un lugar en el que encontró justamente eso, su lugar en el mundo.
“Es muy duro encarar toda sola. Yo estoy en Adipa (Asociación de Diseñadores de La Pampa) y las problemáticas son más o menos parecidas: hacer el horario de comercio, dedicarte al taller, buscar tendencias y nuevas cosas, encargarte de los números y la parte legal, la difusión y las redes sociales. Te deja cansadísima, pero si querés emprender algo por tu cuenta creo que es por lo que hay que atravesar, hay que sobreponerse a esos momentos donde todo parece oscuro y seguir para adelante”, resalta Agustina mientras deja en claro que los nombres de Guillermo Bergonzi y Adriana Castaño no solo son los de sus padres sino de quienes “apoyan todo el tiempo” su trabajo diario.
-En un mercado tan competitivo ¿hay lugar para nuevas propuestas?
“Creo que sí. Hoy en provincias como la nuestra que siempre miró hacia lo que venía de Buenos Aires como la gran (y casi única) referencia, hay otra mirada, otra cabeza. Se valora que algo hecho acá puede ser original y sin perder calidad. Por supuesto que está quien busca las grandes marcas y listo, pero se abrió más el juego y por eso se organizan ferias y encuentros donde hay cosas diferentes que hacen otras apuestas”.
En “Jacinta”, Agustina también encontró otra veta en donde desarrollar su imaginación a la hora de diseñar y vincular sus prendas con el arte. “Empecé a trabajar y hacer cosas para obras de teatro y para músicos. Me encanta preparar el vestuario para actores, para una obra determinada, y lo mismo para una banda o solista. Podés enfocarte en otra cosa, en otra mirada a la hora de ponerte a confeccionar ropa”.
La mañana soleada del sábado invita al aire libre, a mirar y a tentarse. Agustina baja con su perchero y las miradas se dirigen enseguida hacia la escalera que lleva hacia ese lugar “secreto” que ofrece otra alternativa a la hora de vestirse. De sentirse cómoda. Y de tener estilo propio, como el de “Jacinta”.