Juan Carlos Aymú, campeón de la vida

EL EX JUGADOR, DEVENIDO EN ENTRENADOR, HOY ES MUY VALORADO EN GENERAL CAMPOS

En nuestro deporte en general hay buena gente, personas que se destacan en la práctica, y que después siguen dando una mano a los que vienen. Juan Carlos Aymú es, ahora retirado, un maestro del fútbol.
MARIO VEGA – No es fácil cuando se trabaja con chicos en una disciplina deportiva conseguir el reconocimiento amplio, no sólo de aquellos que reciben las enseñanzas, sino de sus padres, y de la comunidad en general. No es fácil, seguro que no.
General Manuel J. Campos es una pequeña localidad del departamento Guatraché, que según el último censo de 2010 contaba con 1.062 habitantes. Un pueblo bucólico, tranquilo, placentero para vivir, que cuenta con la mayor cuenca lechera de la provincia. Una población que, para destacar en estos tiempos, no tiene desocupación (¡¡¡).
Si aquella cantidad de habitantes que arrojó la medición se hubiera mantenido sin modificarse hasta el presente, ahora podría afirmarse que Campos cuenta con 1.063 habitantes… si, uno más. Porque Juan Carlos Aymú, hoy entrenador del fútbol de inferiores en la localidad, casi puede decirse está radicado allí. Por lo menos varios días de la semana.

El fútbol, esa locura.
Por estas horas casi duele hablar de fútbol… la Selección Argentina vaga sin rumbo por el Mundial de Rusia, y los amantes de la pelota andamos desencantados, tristes, abatidos. Es verdad que los argentinos tenemos un cúmulo de problemas serios de verdad como para estar realmente preocupados, angustiados por avatares políticos que condicionan nuestra existencia. Por ese constante sube y baja, más baja que sube, en realidad -un ministro acaba de decir, vaya novedad, que “el segundo semestre será difícil”- en el que nos hemos acostumbrado a vivir.

Y la realidad.
También es cierto que, cada cuatro años, el fútbol alienta en nuestros corazones un cachito de esperanza, al menos en lo deportivo… pero si pasa lo que está pasando, ni eso nos queda para confortarnos aunque sea un poquito.
Debo confesar que amo el fútbol como actividad lúdica, que es algo que hacemos desde que tenemos uso de razón -jugar a la pelota-, más allá que en lo personal no me despego de este contexto que duele de verdad. Estos avatares que nos mantienen turbados, casi aturdidos, porque no sabemos verdaderamente dónde vamos…
Como digo -tratando de apartarme, de abstraerme aunque sea un poco de estas circunstancias, al menos por algunos momentos-, el fútbol está siempre allí. Y si ni siquiera en este ámbito los argentinos podemos tener una alegría… aunque sea efímera…

Más locos que yo.
Decía que amo esa actividad, pero últimamente me he visto sorprendido por gente que verdaderamente es loca por el fútbol. Mucho más que yo. Por estos días dos jóvenes periodistas con los que compartimos el programa “La pelota”, que va todos los días por Radio Noticias, dijeron que verán los 62 juegos del mundial de Rusia (¡!!), y no puedo creerlo. Me parece que no están bien estos pibes. Casi diría no puedo entenderlo… pero así son las cosas.
Este señor con el que ahora comparto un café, también es loco por el fútbol… es su pasión, su chifladura y sin dudas una parte esencial de su vida. Creo que en su orden de valores están su familia, sus hijos, su nieta… y allí nomás el fútbol.

Fueron cracks.
Juan Carlos Aymú (61), que de él se trata, es uno de los personajes más reconocidos de nuestro deporte lugareño. Un hombre que brilló en nuestras canchas y que tuvo la virtud de hacerse respetar no sólo por la calidad que supo desplegar, por su talento, por sus virtudes que lo convirtieron -ampliamente- en el defensor más goleador del fútbol provincial (se le anotan nada menos que 170 goles); sino también por su seriedad, por su carácter de profesional a ultranza aún en un fútbol tan amateur como el nuestro.
Siempre digo, lo repito, que algunos de nuestros jugadores, si hubieran nacido al lado de la cancha de River, o de Boca, o de cualquier gran institución del fútbol profesional, se hubieran quedado diez años jugando en primera división con esas camisetas. Sí, de esa categoría eran “El Gato” Félix Omar Villalba, Aldo Bafundo, Oscar Felipe Kraemer, y muchos otros. Y entre ellos también está Juan Carlos Aymú.
Sí, porque el “Mula”, como lo apodaban por su fuerte remate, era un jugador de galera y bastón. El que no pegaba patadas, el que salía siempre del fondo con la cabeza levantada y el panorama de los que sabían jugar. El del toque preciso, o el pelotazo largo y milimétrico para habilitar a un compañero.

El pibe que nació jugando.
Hace ya varios años, cuando comenzaban esta serie de notas, publicamos sobre Juan Carlos, y contamos aspectos de su vida. Que era hijo de Romualdo, fallecido hace algunos años, trabajador de la construcción; y de mamá Eulogia (96). Tiene otros cinco hermanos: Félix, Norma, Sara, Elvira y Héctor. Juan Carlos es el menor, y tiene a su vez dos hijos. Luciano (32) -jugó en Atlético Santa Rosa y en la U de Riglos-, y Julieta (23) profesora de danzas en Catriló. Pero además está Malena (2 años), su nietita, por la que se desvive -con ella sí- más que por el fútbol.
“Si, me vuelve loco… Malena no va a tirar un centro, ni un taco, ni una gambeta… pero no importa”, dirá Juan Carlos confesando su amor por la pequeña.
Después vuelve a los recuerdos de su infancia: “Una familia clase media, con un papá que trabajaba muchísimo, también mis hermanos… nada de que quejarme. Al contrario… Vivíamos en una casa de la calle Martín Fierro, casi Avenida Uruguay. Hice la primaria en la Escuela 1, y siempre el fútbol, por supuesto”, sonríe.

En primera, a los 15.
Más tarde las primeras incursiones más o menos oficiales, el baby fútbol en la Parroquia La Sagrada Familia, el acercamiento a Atlético Santa Rosa de la mano de Cacho Peralta, quien fuera destacado centrodelantero del albo, y el debut en la primera división con sólo 15 años.
Grande sería la emoción de Juan Carlos cuando el entrenador, Nelson Festa, lo convocó a jugar un partido con “Las Estrellas”. Nada menos que Antonio Roma, Luis Artime y el Tanque Rojas venían de Buenos Aires al Mateo Calderón: “Me temblaban las piernas, pero anduve bastante bien… ahí ya quedé en el plantel junto a otros grandes jugadores como Ricardo Galera, Beto Calvo y me hice gran amigo de Rubén Alzamendi. Me gustaba tener la pelota, pisarla… un día Galera me dijo ‘largála pibe que te van a cortar las patas’. Era gente más grande, que te cuidaba…”, rememora.

Su paso por Boca.
Enseguida nomás de la mano del entrenador Osvaldo Biaggio llegó a Boca Juniors. Iría a La Candela, el famoso predio zeneize donde entrenaban los cracks de entonces, como Silvio Marzolini, Angel Clemente Rojas, El Loco Gatti… “Un día llegó Juan Carlos Lorenzo como entrenador y nos reunió en la mitad de la cancha a todos los pibes: ‘Vine a ganar el campeonato, así que a ustedes no los voy a tener en cuenta’, nos dijo. La verdad es que yo andaba muy bien, pero al tipo no le importaba nada. Tuve algunas ofertas para ir a otros clubes, pero preferí volverme a Santa Rosa”, repasa Aymú.

Vuelta a Santa Rosa.
Volvería para integrarse a All Boys, porque Ramón Turnes -ese directivo tan valorado por los auriazules- se encargó de contratarlo. “Me acuerdo que debuté con unos botines blancos, que aquí no se conocían, y me gritaban de todo”, dice Juan Carlos. Se iba a convertir por años en jugador fundamental de All Boys, y también de los seleccionados de la Liga Cultural; pero habría de pasar también por Costa Brava de General Pico, Atlético Macachín y Domingo Faustino Sarmiento, ya en su última etapa como jugador.
Le costó el retiro -nunca lo asumió-, aunque jugó hasta los 43 años… se siguió sintiendo jugador, y hasta hoy cuando le da indicaciones a un pibe que usa la casaca blanca con la banda azul cruzando el pecho de Unión de General Campos pareciera que él mismo estuviera jugando.

En All Boys, 38 años.
Desde el año pasado Juan Carlos Aymú es el entrenador de las divisiones inferiores de Unión de General Campos. “¿Cómo llegué allí? Vos sabés que yo estuve 18 años como entrenador de inferiores de All Boys, y un día dejé de serlo… ni ellos (los directivos) preguntaron demasiado por qué me iba, ni yo tampoco dije nada”, comenta sin decir alguna cosa que, seguro, no quiere contar.
Puedo decir que durante mucho tiempo se molestó por la presencia de otro entrenador de chicos, hoy muy cuestionado, que a Aymú no le gustaba para nada. Eso y algunas otras diferencias precipitaron el alejamiento. Obviamente ni piensa en iniciar ningún tipo de acciones al club cuya casaca defendió tantos años. “Jugué 20 años en All Boys, y estuve 18 como entrenador de inferiores… ¿son algunos no? Pero no soy de hacer lío… yo arreglo algo de palabra y la cumplo, así que nada para reclamar”, cierra el tema.

La palabra aún se respeta.
Recomendado por un amigo -con el que también compartió muchos vestuarios-, Juan Carlos se vinculó con el equipo tambero. “Cococho Rodríguez le dijo a los dirigentes que él no podía agarrar y dio mi nombre… Hablé con Mario Roth, el intendente; con Diego Martocci y con César Diez, ‘El Choile’, y enseguida nos pusimos de acuerdo… Conmigo no tienen que firmar nada, les dije: yo doy mi palabra y la cumplo, y creo en la palabra de ustedes. Como antes… ¿no te parece?”, dice serio y convencido de su afirmación.
Jubilado de la provincia con solo 55 años -por haber sido trabajador de Imprenta (trabajo insalubre)- dispone de todo el tiempo del mundo para lo que más le gusta: su familia, su nieta… y el fútbol.

La semana en Campos.
Vive en una casa en Villa Martita, construida sobre un terreno que le regaló su papá -le dio uno a cada hijo-, y casi podría decirse que Juan Carlos es un poco ermitaño, aunque se junta con amigos para algún asado o en alguna reunión determinada. Es un poco la vida que hace en General Manuel J. Campos. Viaja los martes hacia allí, y regresa los sábados, después que se juega la fecha de los torneos oficiales en cuarta, quinta y séptima división.
Lo cierto es que después de varios meses de trabajo, lo que ha desarrollado el entrenador no puede menos que llamar la atención. Impuso condiciones para que sus equipos jueguen como a él le gusta: pelota al piso y bien tratada, toque, rotación, cambios de frente, y los chicos lo asimilaron de tal manera que se han convertido en protagonistas importantes del campeonato. “Sí, trato que jueguen… pero además les impongo disciplina, que el tiempo que van a entrenar les sirva para mejorar, y si bien al principio costó un poquito ya entraron por la variante”, comenta el director técnico.
Por eso, cada partido de las divisiones inferiores es seguido por una gran cantidad de padres, pero también de aficionados que llegan atraídos por el fútbol que juegan los pibes del pueblo.

Un proyecto.
“Es un proyecto con miras a tres o cuatro años, porque la idea de la gente que me trajo es que con el tiempo estos chicos sean los que jueguen en primera división. Y la verdad es que es un lindo sueño, porque la cancha es espectacular, con un césped que envidiarían muchos, con instalaciones muy lindas… tienen un sector de plateas y están construyendo una tribuna en la que abajo irán locales comerciales. Te aseguro que es gente que trabaja muy bien, con mucha responsabilidad, y me gusta ser parte de este proyecto. Sí, claro que sería concretar un sueño ver un día estos chicos jugando aquí en la primera, ante su público, siendo los protagonistas de cada domingo frente a su gente… sería lindo. Creo que se puede llegar a eso”, afirma convencido.

Un maestro.
Ahora, ya sin jugar o entrenar tan concienzudamente como antes -aunque son sagrados sus 12 kilómetros de trote cada día- Juan Carlos Aymú disfruta de otro reconocimiento. El que le hacen sus dirigidos -compitiendo exitosamente en los torneos oficiales con la firme convicción de clasificar para el Provincial de sus categorías-, jugando al fútbol como a él le gusta. Es que le transmite a los pibes los valores del esfuerzo, de la responsabilidad, y la necesidad de asumir un compromiso, con el club, con los compañeros… con el pueblo.
Por eso la satisfacción de los padres y de quienes van a verlos, y por eso esta consideración de “maestro” al que solo unos pocos pueden acceder.
Juan Carlos tiene un carácter bastante cerrado, aunque su cara dibuje muchas veces una sonrisa. Él gana a partir de su trabajo, de su tono cuidadoso… aunque cada tanto se le escapará un enfático “¡Dale nene…!”, para despertar a un jugador en medio de un partido.
Es buena gente Aymú, y en Unión de General Campos no tienen dudas que acertaron para que sea el formador de sus chicos… Muy bien Juan Carlos. Adelante “maestro”, que hacen falta en el fútbol más formadores para el juego, y para la vida… ¡Adelante que usted puede!

“Nos cambió la forma de pensar”
Coinciden los directivos, los padres y los chicos que tienen relación con Juan Carlos Aymú en elogiar su trabajo en el Club Unión, y estas son algunas opiniones:
“Juan Carlos nos cambió la forma de pensar, nos ha mejorado en casi todo. Trabaja mucho, está siempre con nosotros y es buena persona”. (Mateo, jugador de quinta división).
“El profe nos enseñó a ser responsables, disciplinados, a jugar y a asumir un compromiso, con el equipo y con el club. Es un docente del fútbol… ¡Es lo más!” (Paolo, quinta división).
“Para mí nos llevó a ser responsables, a jugar en equipo, a esforzarnos para lograr un objetivo, y en lo futbolístico nos enseñó técnica en el manejo de la pelota, de coordinación, la ubicación dentro de la cancha y también aprender a ver cómo se mueve el equipo contrario”. (Guido).
“El profe llegó al club para cambiar de raíz el modo de trabajo de las categorías infanto-juveniles, e inició algo totalmente diferente a lo que estábamos acostumbrados. Resalta los valores de compromiso, de responsabilidad, e inculca que sin trabajo y dedicación es imposible alcanzar los objetivos propuestos.
En lo futbolístico logró resultados muy positivos, porque en 2017 la quinta llegó a la semifinal; y este año la quinta, y también la cuarta, aspiran a llegar al provincial.
(Julieta, mamá de jugadores de 5ª división).
“El Club Unión hace años viene trabajando en forma seria con las divisiones inferiores, y muchos chicos ya llegaron a la primera. Pero hace dos años que viene Juan Carlos y hemos notado un avance muy importante, y todo su trabajo se ve reflejado en el rendimiento de los chicos. Es una persona muy abierta, con la que se puede hablar en la cancha en cualquier momento, y que acepta opiniones aunque obviamente las decisiones las toma él. Trabaja como un profesional, como si lo estuviera haciendo con divisiones mayores. Es una persona muy seria y muy responsable. (Daniel, papá de un pibe de quinta división).

El estadio de Unión
El estadio de Unión de Campos tiene iluminación artificial y un césped que sería la envidia de muchas otras instituciones, y es escenario ideal para que los chicos del pueblo desplieguen lo que supieron interpretar de las enseñanzas que reciben.
El “Carlos Florentino Yeger” fue inaugurado en 2011, y su nombre es un homenaje a un abnegado dirigente del club. De aquellos que ponían todo a disposición para que una entidad pudiera crecer. Cuentan que era dueño de un almacén importante en el pueblo, que ponía su camión para trasladar a los jugadores e, infaltablemente, había un cajón de naranjas para repartir entre los players.
“Choile” Diez, ex presidente, recordó que Yeger realizaba los famosos “bailes de la alpargata” para recaudar fondos, y llevaba adelante diversas actividades. Además, el piso del gimnasio se hizo con los empleados que tenía en su comercio. Falleció en 2010, y algunos vecinos creyeron justo que el estadio llevara su nombre… “Carlos Florentino Yeger”.