Juega al fútbol en Berlín

“La verdad que siempre fue un sueño vivir en Alemania, toda mi familia lo sabía”, confiesa con simpleza este joven de 27 años que -como tantos- un día decidió que era el momento de partir. Aunque a los mayores se nos pueda hacer más difícil entenderlo, los muchachos y muchachas de estos tiempos -en muchos casos- no titubean en tomar decisiones fuertes, tan fuertes como irse un día a vivir del otro lado del mundo.
José Gabriel Schulz, “Chache” para todos los que lo conocen, y también para sus superiores en la empresa en la que trabaja en Berlín -“Señor Chache me dicen”, explica con una sonrisa que le adivinamos a la distancia-, tiene 27 años, y la firme decisión de radicarse “definitivamente en Alemania. Hoy resido en Berlín, y mi idea es cuando pueda comprar un departamento por aquí y quedarme para siempre”, dice con una convicción que no deja de llamar la atención.
¿Quién es “Chache”? Es hijo de Carlos Schulz, el conocido doctor en Geología; y tiene dos hermanos que viven en La Plata: Juan Sebastián (31), sociólogo que trabaja en el Conicet; e Irina, a punto de recibirse en Turismo, aunque le encanta la comedia musical a la que le dedica buena parte de su tiempo. La mamá de los tres es Beatriz Dillon (docente de la UNLPam y miembro de la consultora que presentó el informe por los daños ambientales sobre el río Atuel ante la CSJ).

La decisión de partir.
Cabe decir que en otras partes del mundo, en Europa con más asiduidad, quizás por las cercanías entre unos países con otros -que determina que las distancias y las fronteras no sean una gran barrera para eso de irse a vivir a otro lugar-, puede resultar más habitual que los hijos decidan instalarse en capitales más o menos cercanas.
Pero a los argentinos en general se nos pueden ocurrir aquellas situaciones todavía como no fáciles de afrontar, tal vez por un concepto de familia muy arraigado que nos hace sufrir las distancias. Y las ausencias…
Por más que en estos tiempos las comunicaciones nos permiten un contacto cotidiano y permanente con una persona que pueda estar en cualquier parte del mundo, incluso viendo en vivo y en directo al que habla del otro lado de un celular.
“Chache”, en diálogo con LA ARENA -y desde Berlín-, explica la situación con naturalidad, como si no le pesara la lejanía y, por el contrario, disfrutando las vivencias que ahora experimenta. “¿Por qué me fui? No sé… Mi familia es de descendencia alemana y desde que saqué la ciudadanía dije que en algún momento me iba a ir. No me quería quedar en Argentina, tenía la oportunidad de salir a conocer el mundo y no la quería desaprovechar.
-¿Y cómo fue tu vida aquí, antes de irte?
-Tengo 27 años, hice la primaria en la Escuela nº 3, después el EGB3 en la Unidad Educativa nº 3 y el Polimodal en el Ciudad de Santa Rosa. A los 18 me fui a estudiar a La Plata, y me recibí de Licenciado en Sistemas, y ya en el tercer año de la facultad empecé a trabajar para el Laboratorio de Investigación de Nuevas Tecnologías Informáticas.
-¿Tu papá hace música, vos también tocás algún instrumento?
-No, nada que ver. Mi único instrumento es el teclado de la computadora.
-¿Cómo decidiste irte afuera?
-Insisto, siempre fue mi sueño vivir en Alemania, toda mi familia lo sabía. Somos de descendencia alemana y desde que saqué la ciudadanía dije que en algún momento me iba a ir. Tengo la oportunidad de salir a conocer el mundo y no la quiero desaprovechar.
-¿Te resultó difícil resolverlo?
-Por mi profesión siempre recibía ofertas para trabajar en otros países, pero es difícil dejar a la familia y los amigos. Hasta que un día me animé y me vine. Ahora mismo estoy viviendo en Berlín. Recorrí bastante del sur de Alemania y ya tengo algunos viajes reservados por Europa.
-Tenés algo especial el domingo que viene…
-Sí, no me lo pierdo. Un gran amigo de mi papá vive en Madrid y consiguió una entrada para ver la final de la Copa Libertadores entre Ríver-Boca en el Bernabeu… En realidad soy hincha de Rácing, pero este es un acontecimiento único y ahí voy a estar.
-¿Cuál es tu profesión y qué hacés ahora?
-Soy desarrollador de software y estoy trabajando para una empresa canadiense acá en el centro de Berlín. Elegí esta compañía por la tecnología con la que trabajan, y además tiene su sede muy en el centro, a 15 minutos de donde estoy viviendo. Pero igual, todas las entrevistas laborales las hice desde Argentina antes de venirme.
-¿Te adaptaste bien?
-Hasta ahora estoy bárbaro, me adapté bastante rápido, con la ayuda de un amigo que ya vivía en Berlín. Me vine solo, pero hice amigos muy rápido… en el trabajo, con otros argentinos que viven aquí, los del equipo de fútbol… Es verdad que se extraña un poco, pero no tanto: la familia, los amigos, los asados…
-¿Te seguís capacitando, cómo estás con el idioma?
-Sigo capacitándome en mi profesión siempre que puedo, con congresos y conferencias, pero no más, aunque considero hacer algún posgrado acá en un futuro.
El idioma es todo un tema, tengo muy buen inglés y me puedo comunicar con mis compañeros y demás personas, pero la gente mayor sólo habla alemán y entonces se me complica. Lo estoy aprendiendo poco a poco porque no es indispensable, pero sé que en un par de años tengo que poder hablarlo bien.
-¿Cuál es tu idea sobre lo que viene para vos?
-Me vine hace tres meses, y aunque no es mucho siento que fue hace años ya… Mi idea es quedarme acá en Berlín, o en alguna otra ciudad en Alemania, viajar lo que más pueda y tratar de conocer el mundo.
Además, si todo sale bien, me gustaría en algún momento comprarme alguna casita o departamento acá y establecerme definitivamente.
-¿Los alemanes saben algo de nosotros? ¿O sólo por Maradona y Messi?
-Como la mayoría de los europeos, sólo nos conocen por Messi y Maradona. Pero más de uno me ha comentado que lo único que ven en los diarios es de lo mal que estamos y que siempre hay una noticia mala: desde el acuerdo con el FMI, la devaluación de la moneda, el crecimiento acelerado de la pobreza, la inflación… También alguno me dijo que no quiere ir a Buenos Aires por el tema inseguridad; y lo único bueno es que tienen de Argentina la idea de un país hermoso que querrían visitar alguna vez… por las cataratas, el glaciar o el norte.
-¿Y vos cómo nos estás viendo desde allí?
-La verdad que no veo mucho. Cada tanto leo algún diario pero no veo mucho cambio desde que me fui. Lo que sí digo es que la vida acá es otra absolutamente distinta: toda la gente vive con mucha más tranquilidad, menos apurados, no escuchás bocinas, alarmas, nada. Es completamente otro mundo…
-¿Y cómo es un día tuyo en Berlín?
-Trabajo 9 horas por día, después de eso entreno 3 veces por semana fútbol, y sino siempre hay algún bar o späti, que son como almacenes que están abiertos hasta tarde y venden cerveza y demás. Y los fines de semana trato de viajar a algún lado siempre que puedo, aunque en temporada tenemos partido todos los domingos.

En el fútbol amateur alemán
Una de las grandes pasiones de los argentinos es -qué duda cabe- el fútbol. Y “Chache” no escapa a ese entusiasmo, al punto que el domingo estará en el Bernabeu para ver River-Boca -esa final que nos robó la Conmebol a los argentinos-, y es también asiduo practicante de la disciplina.
“Chache”, y también su hermano, Juan Sebastián, jugaron en las divisiones inferiores de Belgrano, hasta que se fueron a estudiar a La Plata. “Mi papá me acompañaba al fútbol, y me anotó en All Boys cuando tenía 6 años… después estuve un tiempo en Mac Allister, y finalmente pasamos a Belgrano”, cuenta.
“Siempre atajé, aunque lo tomaba como un hobby y para tratar el asma que tenía de chico. Llegué a jugar en la reserva hasta que dejé todo para irme a estudiar a La Plata. Mi hermano también jugaba, y con mi viejo siempre tratamos de ir a la cancha cuando iba a Santa Rosa”, agrega.
“Chache” dice que cuando fue a La Plata “siempre jugué en algún equipo, pero ahí de delantero: 7, 9 u 11. Era una pasión que no quería cortar, así que en cuanto llegué a Berlín empecé a buscar equipo. Por Facebook encontré un equipo de la Décima de la Liga Alemana, integrada totalmente por latinos… fui un día a probarme y quedé”, reseña.
Desde ese momento comenzó a entrenar “todas las semanas. Jugamos los domingos, y por supuesto se nota muchísimo la diferencia entre el fútbol amateur alemán y el argentino: se juega con mucho menos garra y más cabeza. Pero igual creo que acá aman tanto al fútbol como nosotros”, completa. (M.V.).