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La familia bombera de Winifreda

Dicen los que dicen saber que la vocación es aquello que queremos hacer y lograr como individuos en este transcurrir. Es el gusto por lo que nos aporta satisfacción y le da sentido a nuestras vidas.
MARIO VEGA
El empoderamiento de la mujer -tan celebrado, pero a la vez tan resistido por algunos sectores aún muy conservadores-, ha conllevado a que se desempeñe en distintos oficios o profesiones, a la par del hombre, y muchas veces por delante. Aunque todavía falte avanzar bastante en ese aspecto.
De todos modos se advierte una mayor participación, aunque alguna clase dirigente exprese todavía reparos a ese avance de la mujer. Tanto en lo laboral, como en lo político o en cualquier aspecto de que se trate en sociedad.
Por eso no resulta extraño ver una dama conduciendo una empresa. Pero también están las que manejan un taxi, o un camión… y hasta conozco casos de aquellas que -cuchara y fratacho en mano- se han puesto a la obra de levantar una vivienda. Y ni hablar del deporte, por ejemplo, donde ahora es «normal» que jueguen al fútbol, rugby, y hasta practiquen boxeo.

Mujeres entre el fuego.
Hace mucho se pensaba que había algunas actividades que eran propias de los hombres, pero los nuevos tiempos demostraron que no es para nada así. ¿Décadas atrás alguien podía imaginar una mujer desempeñándose en medio de un incendio, entre las llamas, arriesgando su vida a la par de un bombero hombre?
Habrá tal vez algún ejemplo… pero lo cierto es que no era la escena más común.
Pero todo cambió radicalmente. Desde esos días aciagos de tanto incendios de campos que se produjeron en nuestra provincia un par de años atrás -aunque quizás desde antes se desempeñaban en esa tarea-, pudimos visualizar a damas en la ciclópea tarea de apagar el fuego desatado en un monte pampeano. Poniendo todo sus conocimientos y sus esfuerzos para tratar de paliar, junto al resto de sus compañeros y compañeras lo que resultó -está claro- una verdadera catástrofe.

Lo que la vida nos dio.
Cuando chicos -otras épocas, es verdad- algunos pensábamos y ya lo he comentado varias veces, que nos habría gustado ser futbolistas o cantantes famosos; y otros se inclinaban por imaginarse médicos, policías, y por qué no bomberos. Era cuando había menos posibilidades de conocer otras cosas -cuando internet no se había metido aún en nuestras vidas-, y mirábamos lo que nos ofrecía la sociedad de esos momentos.
El devenir nos fue llevando por distintos caminos, y estuvieron los que concretaron sus aspiraciones y sus sueños; en tanto otros muchos debieron conformarse con lo que la vida les fue ofreciendo en el camino.

Bomberas voluntarias.
Estas tres jóvenes que ahora están charlando conmigo -parecen hermanas, pero son la madre y sus dos hijas-, son bomberas voluntarias de Winifreda (¡¡¡).
Adriana (40) es la mamá, y Luján (23) y María Celeste (21) sus hijas… Pero en realidad parecen hermanas, y así pretende presentarse Adriana: «Somos hermanas…», dice y las tres ríen con ganas.
Y sorprende un poco, y hasta podría engañar, porque apenas si aparece un poco mayor que las chicas, y esa actitud de bromear, hablar y reírse todo el tiempo las ubica casi en un plano de igualdad. Pero es Luján la que pone orden y señala, mirándola ahora sí un poco más seria: «¡Pero no! Ella es nuestra madre», aclara y las tres sueltan, otra vez, la carcajada.

La madre y dos hermanas.
Fue el colega Lautaro Bentivegna (Cpetv y ex La Arena), el que las apuntó: «Son nota… son dos hermanas y la madre, y son las tres bomberas en Winifreda», aconsejó.
¿Y quiénes son? Luján Fischer Herlein, está a punto de recibirse de licenciada en Comunicación Social -tendrá que abocarse a la tesis-, hizo una pasantía en la Tevé Cooperativa de Santa Rosa, y actualmente conduce el noticiero de Cable Imagen en su pueblo. Desde los 14 años es bombera voluntaria en el cuartel de Winifreda.
María Celeste Fischer Herlein (22), busca la Licenciatura en Enfermería, donde cursa el segundo año: «Empecé profesorado en Biología, pero cambié de carrera», precisa.
En tanto Adriana Herlein (40), la madre, sigue el profesorado de Educación Primaria, y por eso viaja diariamente a Santa Rosa.
La familia se completa con Fabricio Fischer (42), de oficio camionero, que apoya la iniciativa de «sus» mujeres de dedicarse a ser… bomberas!.
«Pobre papá… nos aguanta», comentan y se ríen. «Muchas veces cuando está en casa no puede dormir la siesta, porque el handy está siempre prendido y puede sonar en cualquier momento», dice Luján.

El cuartel de Winifreda.
Informan que el cuartel en Winifreda cumple próximamente 20 años -fue fundado el 2 de junio por iniciativa de los vecinos-, y uno de los principales impulsores es el actual jefe del cuartel (ahora de licencia) y actual director de Defensa Civil, Luis Clara.
En Winifreda actualmente son 29 bomberos, Y de la dotación nueve son mujeres y el resto varones. «Todos tienen llave del cuartel y pueden ir cuando quieren. El servicio es voluntario, y una vez a la semana tenemos reunión, los miércoles… pero hacemos una guardia pasiva, y se nos avisa si hay algún incendio o un siniestro vial. Estás por acostarte y por ahí te suena el handy, que hay un incendio de pastizales, u otro siniestro… Tenemos jurisdicción sobre las rutas 35 -del acceso al pueblo a los silos de Rouco- la ruta 10, y la 10 Oeste que viene de Victorica… a veces hay siniestros porque la gente se cansa y vuelca», resumen sobre el territorio en el que deben trabajar habitualmente.
Agregan que en la familia hay otro bombero, un tío, Jorge Plaksij, que se recibió hace dos años pero se desempeña en el cuartel de Eduardo Castex.

Luján, la primera.
Fue Luján la primera en iniciarse como bombera: «Cuando tenía 14 años, en 2011, fuimos de visita al cuartel con el curso de la secundaria del Instituto Privado Cristo Redentor, (hoy Colegio Secundario de Winifreda), y ahí me llamó la atención… Pregunté cómo podía ser parte del sistema y aquí estoy», dice sonriente -es casi su marca registrada-, un gesto habitual e igual al que exhiben su mamá y su hermana.
Existe en el cuartel una Escuela de Cadetes para niños y adolescentes que va de 14 a 17 años, y que pueden desempeñarse como bomberos a partir de los 18 con la mayoría de edad. Pero para eso hay que rendir 5 módulos, que forman básicamente al aspirante. Hay tiempo para inscribirse hasta los 40 años, con lo que Adriana estuvo casi en el límite, pero consiguió su objetivo de ingresar al cuartel junto a sus hijas.

Después María Celeste.
Aunque es la menor de las tres, María Celeste es la «jefa» de ambas, porque tiene la graduación de «cabo». «Pero en casa la jefa soy yo…», aclara Adriana por si hiciera falta.
Cabe señalar que los bomberos voluntarios tienen la particularidad de que no pertenecen a ningún organismo oficial, como sucede con los bomberos en Santa Rosa y en cualquier capital de provincia, donde dependen de la Policía. «Pero obvio que desde que Luis Clara es director de Defensa Civil tenemos mucha más relación», apuntan.
¿Cómo fue que María Celeste decidió también volcarse a la misma actividad? «Lo que pasa es que Luján, que ingresó en 2014, volvía a casa y contaba… y me despertó curiosidad, porque estuvo en los incendios de hace dos años en La Adela. Pero también en siniestros que se producían en la ruta», contesta.
El servicio en Winifreda se maneja a través de códigos del handy, de acuerdo a qué siniestro se trate, si está en riesgo o no la vida de una persona, o si es un incendio en el campo o en el pueblo.

Padre y madre.
Es Adriana la que cuenta su experiencia como madre, sobre cómo es y cómo se siente que una de sus hijas -o las dos- estén actuando en un operativo. «Cuando a Luján le tocó trabajar en los incendios de La Adela estábamos con el corazón en la boca… ¿mi esposo? Y… la verdad es que no le dimos opción: él no nos limita, nos acompaña, y creo que está orgulloso de lo que hacemos», expresa.
Mamá Adriana es nacida y criada en Winifreda, hizo la escuela primaria en el «Roberto Fredio Frediani», y el secundario en el Instituto Cristo Redentor, «aunque lo terminé más tarde porque ya estaba embarazada de Luján; y cuando las nenas estaban más grandes me decidí a seguir el profesorado de Educación Primaria… ahora sí puedo viajar todos los días a Santa Rosa», completa.

Una familia unida.
Me da la impresión que -más allá que apenas las conozco- son una familia unida, felices de la vida que les tocó. Y ellas lo confirman: «La verdad que no podemos quejarnos. En el colegio nunca nos llevamos una materia, y por lo demás siempre tratamos de colaborar en todo lo que se necesite», cuenta Luján. Y en ese sentido señala que «está bueno como la gente colabora con el cuartel de bomberos: cuando salimos vestidos con mamelucos a vender los números de un sorteo del ‘lechón móvil’ todos compran un bono. ¿Lo de ‘lechón móvil’? Tiene que ver con que en un carrito con un horno lo vamos paseando por el pueblo, y todos ven cómo se va asando… El sorteo se hace después en Cable Imagen, y es una actividad que se realiza una vez al mes», precisan.

¿Qué hacemos con los perros?
Así el cuartel ha podido ir solventando algunos costos, y es poseedor de dos autobombas, una forestal y otra urbana; y además recibe un subsidio nacional, previsto por la ley 25425 «que Macri quiso sacar y no pudo», es María Celeste -quien participó de un abrazo simbólico que se hizo en el Congreso de la Nación para impedir que se concrete ese despojo- la que cuenta. «La exigencia era que no se lo sacara del presupuesto, porque es plata de las aseguradoras que el gobierno se quería apropiar», explica.
Una «pelea» que mantienen por estos días está relacionada con la formación bomberil, que prevé búsqueda y rescate con perros. «Se trabaja en binomio», una persona y el animal, que generalmente son perros de raza.
La disputa se centra en que los bomberos/as consideran que desde el cuartel se deben aportar los perros, porque naturalmente tienen un costo, al que se debe sumar alimentos, atención veterinaria y vacunas, y por supuesto una etapa de adiestramiento. «Andá a hacérselo entender a los de la cooperadora», ensayan un pequeño reproche.

Siempre listas.
Por su condición de bomberas, por ser oriundas -viven en una casa quinta-, porque se criaron y estudiaron allí, todo el mundo las conoce en Winifreda. «Pero además porque mucho tiempo, 12 años, teníamos inflables para cumpleaños: pelotero, cama elástica, metegol… E íbamos a otros pueblos, como Mauricio Mayer, Colonia Barón, Castex y Arata. Sí, todos nos conocen», casi se ufanan un poquito.
Su condición de servidoras públicas las obliga a permanecer siempre atentas: «A veces estamos en la plaza, o paseando por allí, o comprando algo, y suena el handy… entonces alguien, en auto o en moto, nos lleva hasta el cuartel», dice Luján.
Son Adriana, Luján y María Celeste… Y sí, todos las conocen. Son… las bomberas de Winifreda.

Una familia expectante.
Mamá Adriana es bombera, es joven aún pero espera –para algo más adelante– convertirse en abuela, y en tanto seguir haciendo lo que le gusta mucho junto a sus hijas: ser bombera.
Luján, por su parte, señala que está de novia con el camarógrafo de Cable Imagen, Emanuel Barroso, “que me conoció de bombera, así que todo bien… Me acuerdo de una anécdota: en 2015 organicé viajar a Bariloche, teníamos todo pago, pero se complicó por los incendios y no pudimos. Cuando todo pasó llamé para ver qué se podía hacer… y resulta que en el hospedaje me atendió Francisca, que también era bombera allá, que entendió y pudimos viajar una semana después”, indica.
Por su parte María Celeste –que se especializa en rescate con cuerdas– está de novia con Alexis Rodríguez, que es mecánico, “ técnico en inyección electrónica, así que es de los que no se engrasan, porque trabaja con la computadora”, se ríe.
A la mayor de las hermanas le gusta salir, pero no tanto, aunque señala que es “amiguera” y amante del cicloturismo. En cambio Celeste admite ser un poco más “bolichera”; y mientras Luján no piensa en hijos –tal vez sí sobrinos–, la menor lo considera para el futuro.
Por supuesto las tres saben que, detrás de ellas –cuando deben concurrir a un siniestro–, está la “otra” familia que espera anhelante recibir noticias. Las chicas consienten que a veces “nos ha tocado ver el auto de algún conocido metido bajo un camión… y es bravo. Y no se puede dejar de pensar que alguna vez puede estar involucrado alguien de la familia… por eso cuando vamos en el móvil cambiándonos llamamos a papá y mamá. Creemos que estamos preparadas, pero son situaciones límites y no se sabe cómo puede reaccionar una persona”, completan.
Celeste amplía diciendo que después de un siniestro conmocionante, al regresar al cuartel, hacen una actividad denominada debriefing: es como descargarse, aflojar las tensiones, revela.
“Siempre, en cada salida, está el ‘cuidate’ como consejo…”, agrega. No sólo los padres y sus novios, sino también los abuelos, Marta y Atilio Herlein, y Amelia y Miguel Fischer viven pendientes… “Es que somos una familia muy unida”, concluyen.

“Todo es mixto”.
Alguien puede preguntarse cómo es la relación de las mujeres con los hombres cuando se está trabajando en un momento de máxima tensión. Porque hay que imaginar lo que debe ser desenvolverse combatiendo un incendio, entre el fuego y el humo, en un contexto donde por supuesto se pone en riesgo la propia vida.
“En esos casos simplemente laburamos… se deja de lado la feminidad, y no hay definiciones de género en ese escenario. Trabajamos a la par de los hombres, y ellos nos tratan como compañeros o compañeras de trabajo. Es más, en los mismos cursos de capacitación que se dictan las instrucciones, los indicios, los lineamientos… todo es mixto. No hay diferencias, y está bueno que así sea”, completan.