domingo, 15 septiembre 2019
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La fuga de cerebros empezó por La Pampa

La fuga de cerebros es un fenómeno que volvió a hacerse presente en nuestro país. Un joven santarroseño, Mauro Greco, es uno de los primeros que ha tenido que buscar nuevos horizontes en el extranjero. Desde fines del año pasado está radicado en Escocia, donde fue convocado para participar de un proyecto internacional en la prestigiosa Universidad de Edimburgo.
En Argentina, Mauro no pudo ingresar a la carrera de investigador científico 2017 en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), mientras que en la Universidad Nacional de La Pampa le dijeron que si no va a estar para dar clases, tiene que renunciar a los cargos docentes que tiene aquí.
La historia vuelve a repetirse, como bien reza el tango, y el triste fenómeno de un país que no puede contener ni darle oportunidades de trabajo -y menos aún aprovechar sus enormes potencialidades-, a los jóvenes que se formaron en sus universidades y centros de investigación, hoy ya es un hecho. Por ahora son pocos, pero el número aumenta cada día. Y lo seguirá haciendo en la medida que no haya un cambio drástico en el rumbo que marcó el gobierno nacional de Cambiemos, que ha tenido a la ciencia, la investigación y el sistema universitario como una de sus variables de ajuste.
No es solo ajuste, sino el convencimiento generalizado de que el futuro inmediato que plantea Cambiemos, no se aprecia que sea el de un modelo de país que tenga a la ciencia, la tecnología, la innovación y la excelencia académica en un lugar central.
Los jóvenes científicos argentinos ya han empezado a emigrar y Mauro Greco es uno de ellos. Allí se acaba de incorporar a un proyecto internacional que indaga en las «complicidades» de la sociedad civil ante gobiernos o situaciones que tuvieron a las violaciones a los derechos humanos como un arma principal de control social.
La llegada de Mauro a Edimburgo fue una posibilidad que se presentó hacia el año 2018 y se activó a raíz de la situación actual en nuestro país en lo académico, donde sus dos ámbitos de trabajo, Conicet y UNLPam, le dieron la espalda.

Llegada.
Mauro se recibió de licenciado en Ciencias de la Comunicación en 2009 en la Universidad de Buenos Aires, de profesor en Enseñanza Media y Superior de ellas en 2010, y el mismo año ingresó como becario doctoral en Conicet, situación que mantuvo hasta 2015, cuando presentó el resultado de su investigación doctoral centrada en la responsabilidad social de la sociedad civil en las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar 1976-1983.
«El trabajo de campo lo hice en Santa Rosa, en las inmediaciones de la Seccional Primera, ex centro clandestino de detención», contó el joven a LA ARENA desde la ciudad escocesa donde está instalado. «Mi vínculo con La Pampa y Santa Rosa, además de haber nacido ahí, también es académico y no solo por dar clases en la Universidad», acotó.
En 2016 Mauro defendió y aprobó la tesis doctoral y alcanzó el grado de Doctor en Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA con las mejores notas. La versión en libro de la tesis está próxima a publicarse a través de la Editorial de la Universidad Nacional de Villa María.
En 2015, cuando estaba terminando el doctorado, el santarroseño se presentó a una convocatoria para becas posdoctorales de Conicet, en la que fue seleccionado, ingresó y ejerció entre 2016 y 2018. Para ese momento, el gobierno nacional ya había dejado en claro que su política científica iba a estar signada por el achique permanente.

Carrera.
«Después de la beca posdoctoral, lo que sigue es el ingreso a lo que se llama ‘carrera de Conicet’, que es la carrera de investigador científico y tecnológico de Conicet, la planta permanente», detalló Mauro. «Dejás de ser un becario y pasás a ser un investigador, un trabajador con aportes, jubilación, aguinaldo y derechos laborales. Incluso te podés jubilar ahí». Es la carrera de investigación científica «más importante y más estable de la Argentina», destacó el joven, que como tantos otros alentaba la esperanza de dar ese paso fundamental.
Pero el escenario para la ciencia argentina en la versión Cambiermos no era el mismo de los años anteriores. Lo que antes era casi natural, ahora ya no.
En 2017 se dieron a conocer los resultados de la convocatoria a ingreso a carrera de investigador científico. Pese a contar con una triple recomendación, «no se me dio ingreso, según el dictamen, por razones presupuestarias», comentó. El cierre de ingreso a carrera de Conicet fue en ese momento la prueba palpable del achique en ciencia y técnica del gobierno de Macri -meses después, la prueba fue aún más concluyente: el Ministerio de Ciencia y Tecnología desapareció como tal y fue degradado a secretaría de Estado-.
En la lucha de los científicos que ya tenía el visto bueno pero no pudo ingresar a Conicet, Mauro fue uno de los jóvenes que se animó a ir a los medios de comunicación para ponerle rostro al conjunto de investigadores que resistía el cierre del ingreso a la carrera científica.

Mirar lejos.
Llegó el año 2018 y con él la evidencia palpable de que el ajuste en ciencia y técnica seguiría y se profundizaría. «Ahí fue que muchos empezamos a mirar para afuera, a ver qué oportunidades laborales había de vivir de la investigación, sea en sistemas científicos ahora un poco más fuertes o con más financiamiento, por ejemplo Chile, Brasil ó México, o bien en latitudes más lejanas, Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Alemania o Francia, lugares que no menciono al azar sino porque estuve ahí o porque hay compañeros y compañeras, amigos y amigas, que ya están trabajando ahí», relató Greco.
«En junio de 2018 me entero de una ‘summer school’, una escuela de verano, organizada por el proyecto en el que estoy investigando ahora (en Edimburgo), que eran varios días de trabajo intenso alrededor de la temática de la responsabilidad colectiva en hechos radicales. Me presenté y quedé. Vine a esta ‘summer school’ con financiamiento de la UNLPam entre otras casas de estudio, y me entero que había una convocatoria abierta para cubrir un puesto vacante de investigador posdoctoral, que acá llaman ‘research posdoctoral fellow'».
Esto en el marco de un proyecto de investigación financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC por sus siglas en inglés) también focalizado en las complicidades sociales y responsabilidades colectivas durante períodos de violaciones a los derechos humanos.
Mauro se presentó y fue uno de los dos seleccionados para ingresar, lo que implicaba radicarse por un tiempo en Gran Bretaña. «Contento y consciente de todo lo que significa el exilio laboral, que es poner la casa en una caja, ver con quién dejás a tu perro, ver cómo se puede compatibilizar tu vida con la de tu compañero o compañera, empecé un larguísimo trámite inmigratorio para obtener, no la ciudadanía pero sí la visa trabajo. Fue un trámite largo y costoso que recién terminó en noviembre».

La zona gris.
El proyecto se denomina «Illuminating the Grey Zone: Addressing Complex Complicity in Human Rights Violations», que se traduce como «Iluminando la zona gris: atendiendo complicidades complejas en las violaciones a los derechos humanos». Está financiado por el Consejo Europeo de Investigación y lo dirige una investigadora rumana que ha hecho su máster y su doctorado en universidades de Canadá, Portugal (Coímbra) y Gran Bretaña (York y Edimburgo).
«El proyecto investiga justamente esas ‘complicidades complejas’, densas, grises, con muchos claroscuros, en las que no hay malos y buenos, en cuatro casos: Sudáfrica durante el ‘apartheid’, Rumania durante el stalinismo, la Francia de Vichy en la Segunda Guerra Mundial, bajo la ocupación nazi, y Argentina en la última dictadura militar. Lo hace en base a los aportes que las artes, la literatura y el cine pueden hacer para estudiar, conocer y pensar estas complejas complicidades», explicó Mauro.
En el grupo de trabajo el joven se concentrará en lo sucedido en Argentina. «Voy a retomar lo que hice en la tesis doctoral, que fue analizar lo que el cine y la literatura representaron respecto a esa responsabilidad social y civil», anticipó. Su tesis doctoral tuvo un rasgo distintivo, un «gancho» que, a su entender, le abrió varias puertas: «no me quedé en el análisis de representaciones, sino que sumé una pata más sociológica, antropológica, que fue estudiar y analizar cómo los responsables colectivos, es decir el pueblo y la sociedad, se veía a si misma respecto a lo sucedido».
«Fue la forma que, como dije muchas veces en la tesis, encontré de ‘concretizar la abstracción’, es decir, corporizar esa figura abstracta e inasible que es ‘la sociedad, la gente, el pueblo’ y bajarla a los vecinos que fueron vivieron o viven junto a los centros clandestinos de detención».
¿Por qué seleccionar a un grupo de personas cómo objeto de estudio en base a su cercanía geográfica con un lugar en particular y en un momento determinado? «Por dos motivos. Primero porque los Centros Clandestinos de Detención fueron uno de los principales sino la principal tecnología de poder y de terror de la última dictadura; no apuntaban solamente a los que estaban secuestrados ahí dentro sino también a todos los que lo rodeaban, dispersando el terror. Segundo, porque los vecinos de esos lugares fueron de algún modo testigos privilegiados de esa tecnología y de esa diseminación».

La autopercepción.
El trabajo realizado por Mauro entre 2010 y 2015 consistió en «analizar varias películas y novelas sobre vecinos de CCD, cotejar esas representaciones con los testimonios de vecinos de un ex centro de clandestino en particular, y ver cómo se veían a sí mismos y se auto-recordaban».
Habiendo podido elegir algún CCD de Buenos Aires, más cómodo a los efectos de su estudio, Mauro optó por la Seccional Primera de Santa Rosa, uno de los lugares donde se concentró la represión estatal durante la dictadura militar en nuestra provincia.
«El trabajo de campo contempló una serie de entrevistas cualitativas en profundidad, a los vecinos y vecinas que habían estado cerca de la Primera cuando eso fue centro durante la dictadura, y que seguían viviendo ahí». Los testimonios que recolectó significaron un material invaluable para entender qué rol les tocó en aquellos duros años a quienes veían casi a diario cómo funcionaba la maquinaria represiva de las fuerzas militares.
«Tuve muchas resistencias en congresos, seminarios y demás, porque comparar literatura y cine con trabajo de campo, memoria de distintas épocas, década del ’80 y década del ’90, era un planteo metodológico novedoso», reconoció Mauro. «Por cierta persistencia, u obcecación como dijo mi director, insistí con ese planteo y finalmente fue valorado en la defensa de la tesis, y también cuando me salió el posdoctorado en Conicet, y cuando conseguí este puesto en Edimburgo», evaluó.
La incorporación a este proyecto de investigación de alcance internacional me «trajo de vuelta a hacer lo que hice en la tesis, durante 5 años, que es analizar representaciones, que en realidad son construcciones de sentido, y de símbolos y metáforas, sobre la última dictadura y sobre la responsabilidad colectiva ante la última dictadura, en literatura y cine». Su aporte servirá para encontrar similitudes y diferencias respecto a las ‘complicidades complejas’ de otras sociedades en diferentes procesos sociales y otros contextos históricos.

Una situación complicada
Mauro es docente regular en una materia e interino en otras dos de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa. Su situación laboral en la casa de estudios es imprecisa desde el momento en que lo conminaron a presentarse a trabajar -algo imposible cuando se encuentra a miles de kilómetros de distancia- o renunciar a las cátedras, algo que el joven no tiene pensado hacer.
Las materias en las que está Mauro corresponden al primer cuatrimestre. Son: Teorías y Prácticas de la Comunicación I, Teorías y Prácticas de la Comunicación II, y Metodología de la Investigación y Comunicación I.
En la Facultad le imputan no haber cumplido con los tiempos mínimos para pedir una licencia, que es de un mes. «La visa de trabajo me terminó de llegar el 5 de noviembre (de 2018), por lo cual si yo hubiera pedido la licencia el 5 de noviembre, tampoco hubiera dado el mes como para que el pedido pase por comisión, por sesión y por Consejo Directivo para que me autoricen el viaje. Aún si lo hubiera hecho, tranquilamente me podrían haber dicho lo que me dijeron en febrero (de 2019), de que no me aceptan el pedido la licencia y que me presente a trabajar bajo apercibimiento de quedar en incurso en los tres cargos».
«Lo cierto es que yo no presento la renuncia en noviembre sino en febrero por la indicación de la directora del Departamento de Comunicación. Ella me dijo ‘mirá, esto es a fines de noviembre, ya pasó la mesa de noviembre, quedan dos mesas de diciembre; vos podés pedir (razones) particulares, y con las vacaciones del año que trabajaste del 2018, pedís la licencia en el primer día del inicio del ciclo lectivo de 2019′». Así lo hizo el joven, pero la respuesta ahora es otra, y ello ha generado una situación incómoda para todas las partes.
El joven se encuentra muy apesadumbrado, y así lo expresan sus palabras: «O sea, yo entiendo lo que dijeron Patricia Farías, Ana Huvelle y Nora Forte en la sesión de consejo directivo del 15 de marzo, pero lo cierto es que yo presenté el pedido en esa fecha porque así me fue indicado, de otro modo lo hubiera hecho como lo hice en 2016, cuando hice parte de mi postdoctorado en París y la licencia me fue otorgada normalmente. Espero que todo se pueda arreglar y otra institución argentina no siga expulsando a sus hijos».