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La primera mujer electricista de la CPE

No ocasiona menos que asombro en los vecinos ver en una cuadrilla a una mujer con ropa de grafa e instrumentos eléctricos: inspeccionando medidores, y subiendo escaleras para una determinada maniobra.
MARIO VEGA
No constituye a esta altura novedad alguna la preponderancia que las damas han alcanzado en las más diversas actividades. Las hemos visto por años desarrollarse en distintas áreas, pero seguramente hay algunas en la que su preeminencia ha sido mayor, como puede ser la docencia, o tal vez en áreas de salud, o en tareas que -antaño- se consideraban propias de las mujeres.
A esta altura ya casi ni vale la pena decir que las antiguas reticencias para poner freno al ascenso de las damas se han tornado más débiles, y en algunos casos inexistentes. Y claro que está bien… Muy bien.
Empezaré diciendo que soy padre de tres mujeres, que me han dado «más de una clase» sobre la igualdad que ineludiblemente debe haber entre el hombre y la mujer. Las generaciones mayores crecimos en una sociedad donde había un patriarcado dominante -aún cuando las mujeres buscaban sus espacios, y algunas lo conseguían-, pero todo cambió sustancialmente para bien. Quedan, obvio, rémoras de postergación en algunos lugares de trabajo, pero por suerte cada vez menos. Y los argentinos hasta decidimos no hace tanto ungir presidenta a una mujer.

Todo cambia.
Ni hablar del ámbito del deporte, porque si bien había algunas disciplinas que podían practicar ambos géneros, en las más populares se observaba renuencia a aceptar la presencia femenina, como en el fútbol y en el boxeo… pero todo cambia. Claro que sí. Por televisión hay programaciones boxísticas con presencia femenina, y recientemente se consiguió semi-profesionalizar el fútbol, aunque las remuneraciones -las bolsas o contratos- están muy alejadas todavía de las que perciben los hombres.
En lo laboral hemos visto chicas que escobillón en mano andan por las calles haciendo tareas que antes eran asumidas exclusivamente por hombres, en los taxis sucede cada vez en mayor medida, y en diversos oficios y profesiones pasa más o menos lo mismo. Aunque todavía falte.

Al mando de una cuadrilla.
Lo que no se sabía hasta ahora era que una mujer se está desempeñando en la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa, no en un box de atención al cliente, tampoco en tareas puramente administrativas, sino directamente en la calle. En este caso al mando de una cuadrilla que sube y baja escaleras, que inspecciona medidores, y que trabaja en forma directa con la energía eléctrica, obviamente con el riesgo que ello supone.

A la par del hombre.
Carina Elisabet Jacobo es una vecina de la ciudad que está cumpliendo funciones hace 25 años en la CPE Santa Rosa, pero tiene la particularidad de que se ha transformado en la primera mujer en ponerse a la par de los hombres -incluso conduciéndolos- en una cuadrilla que trabaja en la calle. Sí, esos grupos de operarios que se pueden ver con su ropa apropiada, con los borcegos y la protección adecuada que, por supuesto, incluye el casco blanco a modo de protección. Aunque Carina eluda -también mujer al fin- colocarlo sobre su rubia cabellera al momento de la foto.

Su familia.
«Mi papá era Gabriel, de Winifreda, que se dedicaba a la construcción; y mamá es Elvira Oberts, de Rolón… somos tres hermanos», cuenta. Los otros dos son Roberto (comerciante) y Horacio (gerente de un conocido supermercado), ambos hombres que se destacan fácilmente entre el resto por su imponente porte.
Casada con Darío Selinger, oriundo de Pellegrini, y que trabaja en Contaduría de la Provincia, tienen dos hijos, Ulises (17) y Zacarías (10), y también soportan aún un importante dolor porque Tiziana falleció hace unos años cuando sólo tenía un par de meses.

Educación cooperativa.
Ella vivió sus primeros años en la Villa Santillán, y ahora tiene su casa en cercanías de la parroquia La Sagrada Familia, en Villa Tomás Mason. «Hice la primaria en la Escuela 74, el secundario en el Colegio Nacional, y soy de la primera promoción de Cooperativismo… Como la CPE colaboraba con esa formación estudiantil, cuando finalizamos preguntaron quién quería trabajar y yo me anoté junto a una compañera, Marcela Ambrosio… Estábamos en la parte de Educación Cooperativa, y lo que hacíamos era el fomento de la actividad en escuelas de Santa Rosa y de localidades interconectadas», precisa. «La verdad es que hubiera querido seguir en la universidad, hubiera estudiado óptica -confía-, pero no había medios económicos en la familia y tomé la alternativa de comenzar a trabajar», completa.

Curso de electricidad.
Pero no se quedó en su primer destino laboral, sino que su inquietud pudo más, y después se desempeñó en la Secretaría de la Cooperativa, y luego en atención al público. Pero no sería todo, porque se anotó en la Escuela 219 en un curso de electricidad que se daba en forma nocturna, y más tarde en el Centro de Formación de la EPET, donde accedió a conocer los secretos del oficio. Otras mujeres que la siguieron haciendo el mismo curso fueron Micaela Calcavecchia y Demetria Riveros Armoa, que actualmente está cursando. Y no deja de destacar que hasta el tesorero de la Cooperativa también se animó a hacerlo», completa.

Compañeros y asesores.
Hace unos cinco años pasó a trabajar en «Pérdidas no técnicas», que es una dependencia que se dedica a actuar en casos de hurto de energía, «una práctica muy peligrosa, porque más allá de ser un delito pone en serio riesgo las vidas de las personas que la realizan», advierte.
Cuando llegó a la oficina que hoy ocupa se encontró con dos jóvenes, Emannuel Polisuk y Leonel Mángano, «quienes me brindaron el incentivo necesario y me ayudaron en todo momento para conocer los secretos de este oficio y lo que hay que hacer aquí…», agrega. «Administrativamente trabajamos Martín Núñez y yo, que además actuamos como soporte técnico», indica.
De ese modo, cada vez con más confianza en sus conocimientos, Carina aprendió a moverse en la calle, a cambiar medidores, y se animó «con la supervisión de los técnicos a realizar cortes de directa».

Búsqueda e inspección.
Explica que «la tarea que desempeñamos lleva tiempo, dedicación, perspicacia… porque muchas veces el hurto de energía no está a la vista, hay que buscarlo. Hay días en que no se encuentra a nadie en esa situación, y lo tomamos como una señal de una situación más controlada, ya que lo nuestro es una constante de búsqueda e inspección».
Señala que la tarea que llevan adelante «depende de la Gerencia del Servicio Eléctrico, que está en manos del ingeniero Luis Usero, y la verdad es que nos sentimos muy apoyados para trabajar aquí en Santa Rosa, y en las localidades interconectadas». Tiene palabras de agradecimiento para sus compañeros de trabajo porque «gracias a su dedicación, a sus conocimientos y al tiempo que le dedican se logran cumplir los objetivos con creces», los elogia Carina que, a la sazón, es la jefa de esos jóvenes trabajadores.
Cabe decir que, no pocas veces, sus camaradas tienen una gratificación extra: «Lo que pasa es que soy muy buena cocinera, me fascina cocinar, así que les traigo desde tortas hasta comida… en ese sentido no se pueden quejar», sonríe.

Los problemas en la calle.
A veces la tarea que deben llevar adelante reconoce momentos «nada amables», y en más de una oportunidad se han producido hechos poco gratos: «Es así. A la cuadrilla le han arrojado objetos contundentes, y hasta llegó el caso de que los muchachos fueron amenazarlos con un arma», revela.
No obstante, a la distancia, se acuerda ahora con cierto humor de algunas circunstancias: «recuerdo una vez que hicimos una inspección en un domicilio donde sabíamos que estaban conectados en forma ilegal… golpeamos la puerta para dialogar y desde dentro de la casa un hombre hablaba en tono alto diciendo que él no tenía ‘nada que ver…’, y mandaba a su mujer a hablar con nosotros. Pensaba que éramos policías. Se alivió cuando se dio cuenta que éramos de la CPE. Pero igual le cortamos, y después la familia se insertó en el sistema», comenta.
Como es fácil imaginar, a la cuadrilla que trata de detectar hurto de energía le ha tocado más de una situación enojosa, capaz de poner los pelos de punta: «Una vez fuimos a cortar una conexión directa y una mujer empezó a amenazarnos con una botella rota y un palo… pero de repente agarró un cuchillo tramontina y empezó a cortarse las venas gritando ‘¡me suicido si me cortan la luz!’. Se armó un gran lío y tuvimos que llamar a la policía. Terminamos todos en la comisaría declarando», contó.

Dejar de lado el egoísmo.
Carina confiesa que no se interesa demasiado en la política, aunque claro percibe los problemas que existen hoy en día. «En el caso de Santa Rosa veo una ciudad con mucha necesidad de evolucionar, expandirse y progresar».
Imbuida del espíritu cooperativo, señala que «es necesario que las instituciones y empresas se comprometan con el bien común y su propio desarrollo. Que dejen de lado el egoísmo de la ganancia y que asuman riesgos para abrir nuevas fuentes laborales porque Santa Rosa tiene un capital humano e intelectual de mucho aprecio, y muchas personas se están yendo porque no encuentran atractivos donde aplicar sus conocimientos», reflexiona.
En lo personal se la reconoce como una persona a la que le gustan los desafíos, y que está a la búsqueda constante de algún incentivo y no se queda quieta. Por otra parte -y al margen de su trabajo- asegura que le gusta «compartir buenos momentos con amigos».

Nada es imposible.
Es seria y aplicada en su trabajo, en el que lleva 25 años ininterrumpidos: «Traté de aprender de personas de las distintas áreas con las que me ha tocado trabajar, y siempre estuve dispuesta a que me asesoren para mejorar. Soy de la gente que piensa que en la vida nada es imposible, y que aunque lo que hago parezca ser un trabajo para hombres también nosotras las mujeres tenemos las condiciones para llevarlo a cabo. Hay que animarse… Sólo eso», reafirma.
Nadie podrá negar que el proceso de empoderamiento de la mujer ha sido largo y dificultoso, cargado de obstáculos -con un ambiente cuando no hostil- cuando pretendieron hacer valer sus derechos que -según pareciéramos descubrir- son precisamente los mismos que los de los hombres…
Pero algo ha cambiado sustancialmente y, al decir de Ayn Rand, hay un interrogante que se impone en estas nuevas épocas: «La pregunta no es quién va a dejarme… la pregunta es quién va a detenerme». Y el caso de Carina es un ejemplo, uno más, de que al fin los tiempos cambiaron. Y vaya si cambiaron.

Hurto, también en barrios residenciales.
Alguien podrá pensar que el robo de energía -colgándose de la instalación pública- se produciría en los barrios más carenciados, pero Carina Jacobo deja en claro que «no es así. Se ven por supuesto situaciones donde vive gente pobre, a veces con madres separadas, que lo harían por necesidad, porque no pueden pagar el servicio… Pero no son los únicos casos», explica.
Amplía diciendo que la cuestión «se da también en barrios donde se entiende que la gente puede abonar, pero que se ‘cuelgan’, o en algunos casos adulteran los medidores… lo hemos visto también en algunos comercios», sigue.
Carina explica que «el hurto de energía no sólo que afecta las instalaciones eléctricas, sino que expone a riesgos a quienes lo realizan. Obvio que es un delito que puede tener consecuencias legales, pero además está lo otro, el peligro que representa», añade.
Al responder cómo llegan las denuncias indica que puede ser por «vía e-mail (denunciaconexionirregular@cpe.com.ar), al teléfono 388188 ó personalmente en nuestra oficina. Son anónimas, y los que se comunican lo hacen porque se sienten parte de la Cooperativa… porque saben que cuando se consume energía sin registrarla, la pagamos entre todos los que estamos dentro del sistema».
Por supuesto no sólo se considera la acción irregular, sino también el peligro de la manipulación de cualquier medidor de consumo eléctrico por parte de un propietario de una vivienda o comercio… «El que lo hace no toma conciencia de aquello a lo que se está exponiendo. Un trabajador de la CPE está capacitado, y tiene vestimenta y equipos de seguridad específicos y actúa en condiciones seguras», completa.
Sobre la dilucidación de casos de «hurto de energía» señaló que «en el 90% de las situaciones se arreglan administrativamente… son muy pocos los que llegan a una instancia judicial».

Riesgo en las alturas.
Trabajar vinculado con la electricidad es, sin dudas, una tarea de riesgo. El que no conoce el oficio no se debiera confiar -en realidad tampoco el experto-, y es elemental y necesario extremar los cuidados.
Carina Jacobo se considera una mujer valiente, que se anima a casi todo, pero es sincera y confiesa: «La primera subida en altura con la grúa de la Cooperativa fue complicada… tuve que pedir ayuda a uno de mis compañeros para que me acompañe. Me consideraba una persona valiente, pero lo cierto es que ante lo desconocido uno tiene cierto miedo… Y me pasó: cuando puse mi pie en el balde (la olla a la que se sube el operario para que la grúa lo eleve), ahí por un rato se me fue toda la valentía… Pero con el tiempo pasó y ahora lo hago tranquila», se ríe con ganas.