La señora de la radio

SANDRA

Aunque no sea la pretensión primaria, hacer periodismo puede hacer de quien lo ejerza una persona pública. Sandra Cantera es una de las más conocidas, por su paso por Canal 3, y muchos años de radio.
MARIO VEGA
Tener trabajo en estos tiempos que corren en nuestro sufrido país resulta en sí mismo una bendición -al menos para los que creen en Dios-, porque es increíblemente casi un privilegio ante la devastadora acción del gobierno que llegaba para ir hacia la pobreza cero, y cuyas políticas han dejado miles de trabajadoras y trabajadores en la calle.
Porque lo cierto es que el trabajo dignifica, que no debe haber satisfacción más grande para cualquiera que tener o conseguir laburo. Obviamente no a todos les tocará realizar el que más les gusta, y alguno sentirá que lo que está haciendo no es aquello que más lo gratifica.
Por eso, tener trabajo, y encima poder hacer lo que a uno mejor le viene es de las mejores cosas que le pueden pasar a una persona…

Hacer periodismo es muy lindo.
El oficio de periodista -ya lo dije muchas veces- no resultará el mejor pago, el de mejor retribución, el que más bienestar económico le pueda otorgar a quién lo desempeñe… casi con certeza que no es así, salvo contadísimas excepciones -que no conozco por estas tierras-, pero le otorga a quien lo desempeñe otro tipo de gratificaciones.
Este año cumplo 40 años en este oficio que me atrapó para siempre… he visto mucho en cuatro décadas. Más allá de los acontecimientos que fueron jalonando la realidad argentina, y la cotidianeidad provincial, me tocó convivir con distintas generaciones de periodistas. En un momento pude ver en la Universidad a muchísimos pibes que iniciaban la carrera con expectativas, con ilusiones, creyendo que iban a encontrar en el periodismo el camino que habían soñado.
Algunos lo hallaron, y allí andan en los medios haciendo lo suyo… en radio, televisión o en la prensa gráfica. Otros cayeron en la cuenta que no era su vocación, y lo dejaron… y muchos, lamentablemente, no lograron insertarse porque la oferta laboral es, en verdad, acotada.

Entre nosotros.
En nuestro mundillo existen obviamente la camaradería, el respeto y aún la amistad entre colegas -y hay naturalmente muy buenas personas (cada una con lo suyo)- aunque no todo se reduce a ello. Porque también está muy presente la rivalidad, la envidia, la competencia -que no estaría mal si se lleva adelante con buenas armas-, y se pueden ver también falsedad y malas acciones. Y sí… se admite además que hay de esos personajes que más vale perderlos que encontrarlos… Como en todos los ámbitos, claro.
Porque es así en la profesión u oficio del que se hable. Con seguridad.
Pero si a nuestro particular mundillo debemos referirnos hay que decir que con los años uno va desbrozando… va separando la paja del trigo y se va quedando con aquello que mejor le viene. Por empatía, por códigos que nos igualan y, creemos, nos hacen en cierto modo parecidos…
Y por eso uno se aleja voluntariamente, o no, de quienes consideramos afines o incompatibles -aunque pudiéramos reconocer que entre los últimos también debe haber buena gente-. Porque nos acercamos o no a alguien de acuerdo al grado de afinidad que pudiéramos encontrar; y en otras ocasiones nos alejamos por circunstancias, por desempeñarnos en lugares diferentes… o por lo que sea.

Su voz, en el “Aire de la mañana”.
Hoy, y desde hace un tiempo, en el “Aire de la Mañana” de Radio Noticias se escucha su voz por las mañanas. Intercambiando opiniones con Carlos Mateu y Alejandro Levintan, e interactuando con el móvil que hace desde las calles de la ciudad el inefable Fabricio Coller. Sandra Rosana Cantera es una persona ampliamente conocida por su actuación en distintos medios, que incluyen de manera especial la televisión, y la radio. Aunque alguna vez -cuando estudiante de la carrera- escribió alguna que otra nota para la revista de la CPE de Santa Rosa, diría que lo suyo no es la gráfica.
Pasó nada menos que 25 años compartiendo la pantalla de Canal 3, junto a distintos conductores que la acompañaron desde la primera vez que se puso ante las cámaras de la emisora estatal.

Buena gente, y no es poca cosa.
La conozco desde hace… no recuerdo cuánto tiempo, pero hace mucho. Sandra no me parecía, en principio, de esas personas con las que uno entra rápidamente en confianza, con las que enseguida se puede congeniar. Pero esa es mi percepción, y quizás no sea la correcta.
Porque debo admitir que la simpatía, la cordialidad a primera vista no es precisamente mi fuerte… aún cuando puedo afirmar que hice esfuerzos por mejorar en ese aspecto. Entonces, así las cosas, viéndola como mujer prudente que es, seria en el trato, diría formal -por lo menos hasta que se la conoce un poco más-, de entrada no es que fuimos rápidamente amigos…
Pero cuando se la trata un poco más se puede decir de ella que es una profesional sumamente responsable, que está siempre muy bien informada para llevar adelante su tareas. Y como compañera de trabajo tendrá siempre actitudes solidarias, y se advertirá que es incapaz de serrucharle el piso a otra persona… se puede decir que en general entabla muy buenas migas con todos.

La familia.
Hija de Osvaldo Cantera y de Sara Virginia Sáez (ambos fallecidos), Sandra es la tercera de cuatro hermanos. Los otros son varones, Julio, Osvaldo y Javier. Tiene dos hijos, Matías Agustín (30), quien estudia Educación Física en Córdoba; y Martín (29), diseñador industrial que hoy en día está realizando un master en Barcelona, donde hace poquito su mamá lo fue a visitar.
Papá Osvaldo fue un conocido empresario que trabajó durante dos décadas en Aerolíneas Argentinas aquí en Santa Rosa; que luego se retiró y puso una agencia de publicidad, lo que lo llevó obviamente a vincularse con los medios. “¿Sabés? Papá, junto a Eduardo Ferma (el reconocido artista plástico fallecido el año anterior) fueron los primeros en poner en la ciudad de esos carteles luminosos de acrílico con el tubo fluorescente adentro”, cuenta ahora Sandra. Osvaldo sería por 10 años presidente de la Cámara de Comercio, en tanto desarrollaba su trabajo publicitario, a lo que iba a sumar Editorial Extra, que incluía la imprenta.
“Siempre ahí en la calle Lisandro de la Torre, donde vivíamos… y mi mamá lo ayudaba en el trabajo, además de ocuparse de nosotros”, completa.

Sandra de Villa Alonso.
Pero en realidad se puede decir que Sandra es de Villa Alonso. Porque en la casa en que hoy vive -Avenida Belgrano casi Córdoba-, residió con su familia desde el primer día hasta sus 8 años. “Fui a la primaria a la Escuela n° 6, al lado de la casa de don José Regazzoli, después al Comercial de donde egresé como Perito Mercantil, y más tarde estudié en la Escuela Superior de Periodismo en La Plata”, puntualiza.
“¿Cómo eran aquellos primeros años? Bueno… era de los cuatro la que más estudiaba, porque mis hermanos me parece que eran más inteligentes, porque se llevaban materias y enseguida las sacaban. Yo nunca me llevé una, pero estudiaba como una loca”, se ríe.
De todos modos no sería con sus hermanos con los que iba a protagonizar sus juegos infantiles, porque “tengo dos primas, Chicha y Susa, que vivían con mi abuela enfrente de mi casa” -hijos de Luis Sáez (conocido como “Macho”, que supo trabajar muchos años en Rentas)- y con ellas estábamos muchísimo tiempo juntas”, recuerda.

El secundario, los deportes, los amigos.
Se retrotrae a los tiempos del secundario, que disfrutó mucho, con compañeros como Graciela Sánchez que ahora es concejal en General Pico, Rosana Maldonado, Griselda Pulido, Javier Urban (hoy colega periodista también), Miguel Menéndez, Betty Zambruno… “Fueron momentos muy lindos, porque éramos muy unidos e íbamos a todos lados juntos”, señala.
Lo que no saben muchos es que “La Flaca”, como la definen algunos, hizo mucho deporte: “Primero pelota al cesto con el Zurdo Núñez en el Club Estudiantes; y más tarde en los dos últimos años del secundario hóckey en el club Suyay (ya no existe), con Daniel Sutil que era el entrenador”, refiere. Dice que es “hincha de Boca, pero no fanática… y hace un montón que no miro fútbol porque me pongo nerviosa”, aclara.
Aquella era la adolescencia, las primeras salidas, ir a bailar a “Kascote” y también a “New Star”.
Paralelamente Sandra -además del secundario, de salir con sus amigos y amigas-, iba a estudiar y recibirse de Profesora Superior de Piano. “Toda una piba muy formal y acorde a la época”, le comento. “Podría decirse…”, consiente.

Atraída por la radio.
“¿Por qué estudié Periodismo? En realidad cuando fui a averiguar a La Plata me iba a anotar en Enseñanza para Ciegos y Disminuidos Visuales, pero al volver a Santa Rosa me di cuenta que tenía ganas de estudiar Periodismo… que era lo que verdaderamente me gustaba”, dice ante mi curiosidad.
Sandra solía acompañar a su papá a la radio LU33, porque Osvaldo producía programas: transmisión de partidos de fútbol, seguía la campaña de los boxeadores, y también auspiciaba espacios agropecuarios. Eran los tiempos de Eugenio Cosci, Julio Heredia, Juan Carlos Carasay, Viviana Córdoba, Susana Evangelista, el Negro Goncálvez, y el “Tío” Julio Espinosa en la parte técnica, entre tantos otros… Fueron aquellos buenos viejos tiempos de la que era la emisora más grande de La Pampa, cuyos empleados aún aguardan que Catena les pague la indemnización que les adeuda.

Los estudios y el trabajo.
“Así fue que volví a La Plata, me anoté y me fui a vivir con mis dos primas. En ese momento se estaba recuperando la democracia… corría marzo de 1984, y la Escuela Superior de Periodismo estaba detonada, el laboratorio fotográfico destruido. Me acuerdo que teníamos curso de ingreso, entonces me preparé, pero cuando estaba a punto de rendir se determinó que todos ingresaban”, amplía.
Fueron tres años de carrera: “Me gustaba, y andaba bien en la parte de Economía, y hasta llegué a escribir desde allá para el Boletín de la CPE sobre el tema de la inflación y demás”, agrega.
Con el título bajo el brazo -“la carrera me llevó tres años justos”, precisa-, volvió a Santa Rosa. Naturalmente con todas las expectativas… “Era 1987, y pensé que me iban a llover ofertas -vuelve a reír-, que no iba a tener complicación para insertarme en el medio… pero no fue fácil. Hice algunas prácticas en Pampa TV, luego en Radio Nacional, donde hacíamos el Informativo con Pipo Rossi y también estaba Daniel Luccheli… Cuando me fui de ahí me acuerdo que ingresó Carlos Mateu… al poquito tiempo me casé y tuve a mis dos hijos, muy seguidos, a los 21 y 22 años”, señala.

Vuelta al ruedo.
Ser mamá le deparó “un par de años sin trabajar, pero después los fines de semana hice algunos turnos de locución en Canal 3, y empecé en Canal 2, otra vez con Pipo Rossi, y nuestro jefe era el Ruso Christensen”, recuerda.
Se podría decir que después de esos inicios ya no paró: “Al mismo tiempo en LU33 le hacía los reemplazos al Gordo (Ernesto Rafael) Rossi Ávalos, quien fue el que me dejó parte de sus turnos. Trabajé a la noche con Estela Pedraza, Hermes Ricardo Torra, y el operador era Aníbal Córdoba. En total estuve en Emisora Pampeana 24 años… Hacíamos programas los sábados a la mañana desde La Recova, con Mirta Losada que se encargaba de la Producción, Estela Pedraza y Omar Guillén en la parte técnica”.

Sandra en primera persona.
Le pido que ella cuente, y le reprocho para qué estudió si al final le tengo que estar sacando las palabras de la boca…
Y dice:
“¿Sobre el reconocimiento de la gente en la calle? Me da como un poco de vergüenza, cuando me preguntan si soy la de la tele o la radio… hay gente muy cariñosa, porque te consideran parte de su compañía diaria; o que somos desde los medios los que podemos resolver algún problema. Casi diría que lamentablemente pasamos en estos tiempos a ser una especie de garantía, de lugar donde recurrir en busca de una respuesta que no encuentran por reclamos o situaciones complicadas de las que no se ocupan quienes deben hacerlo”, reflexiona. “Por supuesto también pasé por alguna que otra situación donde no me han mirado con buena cara, pero en general la gente es respetuosa y sobre todo en el interior muy cariñosa”, indica.

Sandra, “la jubiladora”.
Entre tantas anécdotas menciona que “cuando comenzó a otorgarse la jubilación a personas sin aportes yo hacia en Canal 3 un espacio donde informaba sobre los trámites y contestaba preguntas de los televidentes… Me llamaban hasta a mi casa para averiguar sobre distintos casos. Me involucré mucho con ese tema, y me encantaba hacerlo. Un día un funcionario me llama y me dice: “Tenés que explicar ‘tal normativa’; y me aclara: ‘lo que pasa es que después cuando van los chicos (los que mandaban al interior para hacer el trámite) les dicen: Esa parte la voy a consultar, porque Sandra de eso no dijo nada”, relata.
En ese tiempo le pasó algo gracioso: “Un señor me encuentra en la calle, me para y le dice al grupo que estaba con él: ‘Miren, esta es Sandra, la que me jubiló… pregúntele y ella los jubila’. Era un poco cómico, y lindo a la vez”, expresa.

Ser periodista.
“La profesión me dejó haber conocido mucha gente, las distintas realidades y creo haber cultivado la empatía, eso de correrse del lugar donde está uno, poder escuchar; y también claro descubrir que en todas partes se cuecen habas, lo que por supuesto me dejó alguna que otra desilusión”, me contesta.
“Siempre trabajé con muchas ganas y me gustó lo que hacía, y a veces la pasaba bien y otras no tanto. Pero siempre con pasión porque esta profesión no te permite otra forma de desarrollarla”, explica.
No puede evitar mencionar lo que el periodismo le quitó, o no le permitió: “A veces me reprocho haberle dedicado más de la cuenta. Tal vez porque para las mujeres que somos madres es complicado, y a veces le resté tiempo a mis hijos, por quedarme a hacer guardia esperando que termine una reunión, o pasar todo el día cubriendo una elección o tantas otras cosas… Aunque ellos entendieron que su madre tenía un trabajo diferente a la mayoría del resto”, casi podría decirse se exculpa.

La angustia por el presente, y lo que viene.
Le comento que en general la vida la trató bien… “Sí, no me quejo, porque en momentos difíciles Dios me dio la fuerza necesaria… igual ya me gustaría que venga sin mayores sobresaltos”, vuelve a reírse.
De todos modos analiza que no puede dejar de intranquilizarse por “este momento que estamos viviendo. Estamos al salto todo el tiempo, y genera preocupación, angustia y en muchos casos violencia… Me duele la desesperanza de los pibes que no consiguen trabajo, que tienen como horizonte irse del país, y me pone mal, porque muchos se esforzaron para recibirse, los padres para bancarlos en una universidad pública y gratuita, y resulta que esos esfuerzos se diluyen. Es muy loco… formar jóvenes muy capaces para que los aprovechen otros… No sé, ojalá venga, al fin, una buena…”. Sandra Cantera dixit.

Una muchacha que tiene su genio.
Cuenta un ex compañero suyo en LU33, que en un tiempo -previo a unas elecciones-, le tocó ir con Sandra Cantera al interior. “íbamos a los pueblos en una Trafic, desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche y hacíamos una encuesta: le dábamos un papel para que la gente, sin identificarse, votara su candidato”, cuenta ahora Omar Guillén, quien era a su vez chofer y técnico con aquellos viejos equipos VHF que se usaban entonces.
Y agrega: “Recorríamos la provincia y después dábamos lo que arrojaba la encuesta. Pero una mañana abrimos LA ARENA y un candidato, de General San Martín nos acusaba que le pedíamos plata a candidatos y de acuerdo a lo
que pusieran ganaban la encuesta”.
Sandra, fiel a su carácter, se puso muy fastidiosa: “Hablé con el jefe de Informativo (era Jorge Navarro), y me parecía que no me defendía: ‘sí, después lo vamos a aclarar’, me decía. Pero nada. Así que un día caí en la radio y pegué tal portazo que casi tiro los vidrios del frente… y casi me echan esa vez”.
Guillén es más preciso: “Me acuerdo que se tiró en el piso y no se quería levantar de ahí”, se ríe con ganas Omar.
“Pero la cuestión es que la elección reivindicó nuestro trabajo: en los pueblos se dio exactamente lo que nos decía la encuesta callejera que hacíamos”, repasa Sandra.
Trabajó muchos años en LU33, y quiso hacer mención de algunos compañeros: “Especialmente quiero nombrar a Pancho Miranda, con el que compartimos más de 10 años en el móvil, y hemos pasado de todo. De estar re cansados, bajarnos de la Trafic y ponernos a bailar cuarteto en el medio de la calle de cualquier pueblo, hasta indicarme algún intendente que yo no conocía. Porque a Pancho lo conocen hasta los perros y es un tipo muy especial”.
Y vuelve sobre sus compañeros de Canal 3: “Mis queridos compañeros del equipo de exteriores, con los que nos metíamos en todos lados: un incendio, una manifestación, un accidente grave, un congreso político bravo… Y quiero con especial cariño recordar a Beto Martín y Cacho Stacchiotti (ambos fallecidos no hace tanto tiempo), a Pedro Kruber que daba ser muy renegado pero en realidad es un tipazo y un camarógrafo fantástico; nombrar a Cacho Ponce y Juan Paladino que fueron los choferes durante mucho tiempo; Tino Furriol, camarógrafo con el cual no podés dejar de reírte con sus anécdotas. Y por supuesto todos los compañeros de informativo y de piso, que seria muy largo de nombrar”, concluye.

La última materia.
No tuvo dificultades en su carrera en La Plata. Salvo cuando debió aprobar la última materia. “Rendí todas bien, y para la última sin decirme nada cayeron mis padres para celebrar, y me esperaron en el departamento… Pero pasó algo: tuve una discusión cuasi política con el presidente de mesa, así que de bronca me levanté de la mesa y me fui sin rendir…”, rememora.
Al llegar donde estaban sus padres les dio la mala noticia: “Igual me anoté y a la semana volví con una mesa especial… y el mismo profesor. Cuando me vio, antes del examen, me pidió disculpas y me reprochó por qué no le había dicho que era mi última materia”. Rindió bien, sin problemas, y regresó con el título bajo el brazo.