“Las decisiones no se toman en el país”

“Los modelos de tinte progresistas -en América Latina- comenzaron a tener una contraofensiva desde Washington para volver al neoliberalismo periférico que busca bajar salarios y mercantilizar los derechos sociales”, afirmó Gabriel Merino, doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet, al realizar un análisis de la situación de nuestro país desde una visión global.
La crisis que atraviesa la Argentina, la cual se agudizó en las últimas semanas, no es ajena a las luchas de poder a nivel global, ni tampoco a los procesos geopolíticos regionales. Según explicó Merino, en diálogo con Radio Noticias, nuestro país quedó envuelto en medio de un plan de gobierno que es dictado por grupos de poder extranjeros con el objetivo de devaluar, bajar el costo argentino y reducir el precio de los activos de las empresas locales.
“Lo que nosotros vimos fue que en América Latina, por lo menos hasta el 2015, los modelos de país de tinte progresistas comenzaron a tener una contraofensiva desde Washington para volver al neoliberalismo periférico que, si bien tiene un punto central que es bajar salarios y mercantilizar los derechos sociales, también es buscan matar empresas estratégicas del Estado, la lucha por mercados y los recursos naturales”, indicó el investigador.
Según opinó Merino, esta ofensiva tuvo efecto en nuestro país, donde este modelo neoliberal fue puesto en marcha por la administración de Cambiemos. Sin embargo, admitió que el plan está teniendo sus dificultades. “Hoy lo que está entrando en crisis en Argentina es la administración local de ese programa de subordinación, porque ese plan quedó al comando de sólo los integrantes de la fracción financiera más transnacionalizada como lo es el Fondo Monetario Internacional”, explicó.

Cuadernos.
Merino puntualizó que el escándalo de los cuadernos de Centeno no fue un hecho librado al azar, sino que apareció con un objetivo determinado. “Así como sucedió con el Lava Jato brasileño, tiene una clara intención de romper el monopolio de la obra pública en los grupos económicos locales, lo cual era un problema para los Estados Unidos”, detalló.
“Ahora se pudo ver en Brasil cuando Dilma, antes de caer, negocia con los sectores económicos norteamericanos y les abre un negocio de 65 mil millones de dólares para la obra pública”, amplió el investigador, quien agregó que también es una forma para que los grupos extranjeros logren adquirir a las empresas locales.
De esta manera, dijo, “se lleva adelante un avance en las economías locales de los grupos extranjeros tal como sucedió en la década de los ’90 en nuestro país, donde las decisiones ya no son tomadas en nuestro país, sino en las grandes sedes económicas del mundo”.