Otro robo a jubilados: le rompieron la puerta y le arrancaron una reja

ENTRARON MIENTRAS UN MATRIMONIO DE JUBILADOS DESCANSABA

“Por ahí la gente no toma dimensión de la crisis económica en la que estamos inmersos”, dijo el hombre de 68 años, veinte horas después de haber vivido, junto a su mujer, un robo en su casa mientras ellos estaban acostados en la cama de dos plazas de su habitación, en la calle Caminito de Santa Rosa.
Cuando un equipo periodístico de LA ARENA concurrió a la vivienda de la pareja de jubilados -ambos de 68 años-, todavía estaba tirada, al costado del jardín, la puerta rota, partida en diferentes pedazos, con el picaporte hundido por el golpe con la barreta que había recibido, junto a la reja de la ventana que también había sido arrancada.
“La situación económica y la falta de trabajo se vuelven insoportables. No es que sean delincuentes. No es que no quieran trabajar. Todos quieren trabajar, y todos quieren un trabajo digno. Son épocas verdaderamente difíciles”, evaluó el ingeniero agrónomo dueño de casa, quien además tuvo una forrajería.
Unos días atrás el matrimonio había viajado a Córdoba. El domingo decidieron retomar su habitual vida en la capital pampeana. Llegaron el lunes por la mañana. Viajaron en la ruta a bordo de su camioneta durante toda la noche. Por tal motivo estaban cansados, y ese día, entonces, se acostaron temprano.
Pasadas las siete de la tarde, el hombre y la mujer ya estaban en la cama. Aún no se habían dormido. Estaban en su habitación esperando a que finalmente el sueño los venza, cuando escucharon un ruido. No le dieron importancia, pero escucharon este mismo ruido durante cuatro minutos más.
Sin ser arrebatados por ningún tipo de paranoia, creyeron que quien se comportaba de manera estrepitosa era su vecino, porque suele hacer alboroto cuando descarga elementos de su vehículo, o bien cuando saca la basura.
Del otro lado de la puerta donde la pareja se encontraba, pasando por el pasillo y atravesando el living, un joven descargaba golpes con una barreta en la puerta principal, y extraía de la pared una reja que cubría la ventana. Finalizado este trabajo, el intruso colocaba los tres elementos -la barreta, la puerta y la reja-, apoyados sobre la pared en el interior del hogar. Ya con las manos sueltas, se lanzaba a revolver el sector en busca de alguna pieza de valor.
El matrimonio seguía acostado, seguramente se habían olvidado de los ruidos que minutos atrás habían sentido. Fue en ese momento que abrieron la puerta de su cuarto. Según el testimonio del hombre, se levantó de la cama y le dijo: “¡¿Qué hace usted ahí?!”, entonces el muchacho salió “rajando”, se fue velozmente de la casa.
“Gracias a Dios no nos pasó nada, porque nos podrían haber hecho daño, pero sólo estaban queriendo robar”, explicó. “Habían revisado todo el sector del living, algo nos llevaron, pero no llegaron a entrar a la cocina donde está la computadora y otras cosas de valor, porque plata acá no tengo”, dijo el señor, que hace tres años atrás vivió una situación parecida en la misma casa.
“Dejaron la puerta y la reja bien paraditas, te das cuenta de la tranquilidad a la hora de hacer el trabajo. Habían marcado la casa porque estaba la tapita de la luz abierta, pensaban que todavía estábamos de viaje”, detalló el hombre.