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Los militares «jugaban a la guerra»

GHEZZI ESTUVO DETENIDO ILEGALMENTE ENTRE 1977 Y 1980

El contador Alberto Ghezzi dijo ayer que los represores «estaban jugando a la guerra y como no tenían enemigos, tuvieron que salir a fabricarlos», al prestar declaración durante una nueva jornada del juicio de la causa Subzona 14 II en la que se investiga a ex militares y ex policías, acusados por delitos de lesa humanidad.
El hombre fue detenido el 4 de febrero de 1977 tras presentarse en la Seccional Primera de Santa Rosa, donde fue torturado en la planta alta y sometido a sesión de interrogatorio, con golpes, picana eléctrica y simulacro de fusilamiento. Además, estuvo detenido ilegalmente en la Unidad 4 y en la Unidad 9 de la Plata.
Era estudiante universitario y militaba en agrupaciones de izquierda. Trabajaba en el Banco Nación y fue despedido en 1976 por «razones de seguridad» aunque, según contó, «nunca» le explicaron realmente los motivos de su despido. Agregó que fue preso «por hacer declaraciones políticas en contra» del proceso militar.
Sobre el final de su declaración, la víctima fue terminante. Afirmó que después del secuestro trató de «vivir lo más normal que pude» y en referencia a los acusados, señaló: «Estos señores estaban jugando a la guerra y como no tenían enemigos, salieron a fabricarlos y encontrarlos donde pudieran. Era absurda la forma en que se comportaron».

La detención.
Ghezzi fue detenido en 1977 tras recibir una notificación de la policía para presentarse en la Primera. «Fui y quedé detenido. Ahí empezó el calvario. Me ataron las manos atrás y me empezaron a picanear y hacer interrogatorio sobre mi vida universitaria en 1975», dijo. La víctima fue torturada en la planta alta de la comisaría.
«Fue muy duro y doloroso. Esa situación la viví en tres oportunidades en diez días», comentó. Estuvo incomunicado en el pabellón de mujeres durante ese tiempo y luego fue trasladado a la Unidad 4, junto a otros presos políticos y «empresarios a los que denominaban subversivos económicos por la dictadura».
En una oportunidad, relató, lo sacaron en un Falcon, escondido, y fue trasladado a la Seccional Primera para interrogarlo nuevamente bajo tormentos y torturas. «Si los anteriores interrogatorios eran ridículos, éste fue peor, parecía por momentos que no sabían qué preguntar», siguió.
Luego de unos días, regresó a la Colonia Penal. «A esa patraña asquerosa y dura, la hicieron para que la Cruz Roja que había visitado la cárcel, no me viera», manifestó la víctima ante la consulta del fiscal José Nebbia.
En agosto, en un megaoperativo lo llevaron -junto a otros presos políticos- en avión a la Unidad 9 de La Plata «en condiciones de máxima agresividad como si fuéramos la peor basura, en el menor amague de levantar la cabeza venía una trompada», relató Ghezzi, que era militante de izquierda en aquel momento.
Dijo que un día se presentaron en La Plata quienes lo habían interrogado, «haciendo alarde de su tremendo coraje para torturar». Eran los ex policías Roberto Fiorucci, Carlos Reihart y Néstor Cenizo. Fiorucci le dijo: «A los zurditos de mierda como vos los hacemos cagar como queremos».

«Una actitud despreciable».
«Eran conscientes de la represión que había en el país», contó sobre los represores que lo torturaron. Luego, le armaron una causa judicial con el juez federal Walter Lema. «Querían armar, en esa payasada, algún elemento para que el juez tuviera de qué acusarme», agregó.
«Hubo una actitud despreciable. Esa ridiculez de juicio duró un año y fui liberado de culpa y cargo, y absuelto, pero seguí preso físicamente hasta el 19 de julio de 1980, en condición de libertad vigilada. No podía desarrollar mi vida normalmente, hasta marzo del año siguiente», indicó.
Todas las semanas debía presentarse en la Jefatura de Policía y en el Regimiento de Toay, donde fue amenazado porque cuando salió de la cárcel retomó su actividad de vendedor de libros. «Decían que era una persona peligrosa para andar en la calle», manifestó.
Recordó que regresó a la Universidad para terminar sus estudios, y que el decano de ese momento lo trató como si «venía el peor delincuente de la humanidad. Me amenazó y me dijo de todo. Me hizo perder la regularidad de cinco materias que tuve que cursar de nuevo».
-¡Cómo es un picaneo?
-Es espantoso. Me desnudaban medio cuerpo, me ponían una toalla mojada y Reinhart mientras me hablaba conectaba los cables a esa toalla y la movía en mi cuerpo para que llegara a la cintura y al cuello, entendí que eso era para que no dejara quemaduras.
-¡Firmó alguna declaración?, preguntó el querellante Franco Catalani.
-Sí, después de una sesión de tormentos me hicieron firmar, tenía una venda muy apretada que estaba atada con una soga que pasaba por la mitad de mis ojos, por adentro. Y me decían, firmá o seguimos.

Inspección en la Primera
Se realizará hoy a partir de las 10 una inspección ocular en el edificio de la Seccional Primera de Santa Rosa, donde funcionó el principal centro clandestino de detención de la última dictadura en La Pampa. El procedimiento, a pedido de la querella, servirá para completar la inspección realizada hace semanas en este juicio. Puntualmente, se ingresará a un galpón de la parte trasera de la comisaría, al que no se pudo entrar porque había una puerta cerrada con candado, donde un testigo mencionó haber visto una picana.

Un recuerdo «desagradable»
María Isabel Rodríguez declaró ayer en el juicio de la Subzona 14 II y contó que fue detenida el 5 de marzo de 1975, cuando tenía 28 años, en la intersección de Gobernador Duval y Salta, cuando regresaba de hacer un mandado e iba a la casa de su pareja.
«No tuve opción de avisar a mi familia ni a mi abogado», comentó ante el Tribunal Oral Federal y ante los ex militares y ex policías acusados. Dijo que pasó la noche en un calabozo y horas después, sobre la madrugada, fue interrogada. «Al otro día, dijeron que se equivocaron de persona», recordó y así fue liberada.
Durante el interrogatorio, comentó, no fue maltratada como denunciaron otros testigos, que fueron torturados, y contó que su compañero Egmidio Fragassi, que tenía una agencia de publicidad, había sido detenido previamente y durante unos 15 días. Ella nunca declaró en la Justicia.
Sobre las consecuencias de su detención ilegal, comentó: «Es una marca, fui detenida por motivos desconocidos. Es desagradable lo que pasó. Tuve miedo por mi vida, más siendo una mujer, porque todos sabemos lo que realmente pasó».

Diez días detenido.
Jorge Eduardo Satragno fue detenido en marzo del año 1975 en su casa por un grupo de policías en Santa Rosa. En la Seccional Primera, fue interrogado y permaneció detenido durante unos diez días. En el lugar, recordó, había otros presos.
En su declaración en el Colegio de Abogados, donde se desarrolla el juicio de la Subzona 14 II, la víctima manifestó que «en ese momento militaba en el movimiento siloísta» donde «se hacían reuniones entre personas conocidas».