Los santarroseños, buenos “dadores” para las propinas

Una reciente frase de la inefable Elisa Carrió produjo entre sorpresa e indignación. La dirigente cercana al gobierno macrista sugirió que “la clase media y alta” dé propinas, y “que pague changas” como forma de paliar la crisis económica.
La propuesta de Lilita fue tomada casi como una burla por quienes -una enorme mayoría- advierten que el gobierno no acierta con el rumbo económico, que se producen despidos masivos en forma recurrente, y hay cierres de comercios y empresas todos los días.
Pero lo cierto es que, más allá de eso, quedó instalado el tema de la propina, cómo es entre los argentinos. Y un poco más acá, entre los santarroseños.
Cuentan que se trata de un invento de los griegos y la palabra proviene del latín “propinare” -“dar de beber”-, algo así como regalarle a alguien un trago.

La propina entre nosotros.
En nuestro país es usual que en Capital Federal, en bares y restaurantes se deje propina, que se entrega también al acomodador de un teatro o cine, y a veces en estaciones de servicios, o en algún espectáculo público. Se usa con habitualidad en distintos destinos turísticos.
El monto que un cliente entrega no está predeterminado, pero según dicen algunos estaría entre un 5 y un 10% de lo que se ha gastado en una consumición.
Pero obviamente es el que da quien determina el monto, a veces en consonancia con lo que el servicio prestado le ha parecido.
Algunos parroquianos directamente ignoran esa cesión, y por lo bajo reciben el regaño -y la mala cara- de aquel que interesadamente ha extendido su mano esperando recibir un billete.

En otros países.
Pero no en todos lados es igual, porque por ejemplo se indica que los japoneses no ven bien que se entregue dinero en mano a los mozos o personal de servicio; y que en todo caso eso se debe hacer en un sobre.
Los chinos sostienen que no es necesaria la propina, pero no la desdeñan cuando se la ofrecen.
En Grecia -el país donde nació- está incluida en la cuenta. Allí se aplica hasta un 16% a lo que se consume en casas de comidas y bares. También en México se usa la misma metodología.

La gente mayor da propina.
Ayer, una breve recorrida por algunos bares y confiterías santarroseñas, permitió conocer que también aquí se da propina. Tito, conocido mozo de un céntrico establecimiento reveló que “la gente que viene por la mañana es la que habitualmente deja más propina. Es un buen complemento del sueldo”, admitió.
Por su parte Luis -ávido lector y veterano gastronómico-, se mostró molesto por las expresiones de Lilita Carrió: “La verdad es que es una vergüenza lo que dijo… parece que se riera de la gente”, juzgó.
Después, volviendo sobre el tema dijo que “son las personas grandes las que dejan propina, y es cierto que son un buen aporte para los mozos”. Y no solo para los mozos, porque uno de ellos tiene la costumbre (Tito), de contribuir con la propina con sus compañeros que trabajan detrás de la barra: esto es el cafetero y personal de cocina: “Es verdad, siempre nos da una buena ayuda”, dijo un jovencito que trabaja no hace tanto tiempo en el lugar.
En otro bar, un mesero de la confitería de la Terminal reveló que “las propinas son buenas… es una buena ayuda para un laburante”.

Una buena suma.
En lo que sí coincide la mayoría es que los que aportan propina son las personas mayores, porque los jóvenes parecieran no tener en cuenta esa antigua costumbre.
Alguno, que no quiso que se lo identificara, precisó que todos los días se lleva a su casa como extra, “por las propinas”, unos 400 pesos. Otro señaló que oscila entre 200 y 300 pesos “todos los días. A fin de mes es buena parte del sueldo”, completó.
Así las cosas pareciera que sí, que los santarroseños son -en general- buenos dadores de propina.