Yaco Rach: toda una vida junto a la música

Vivir de la música no es fácil; no lo fue nunca, y Yaco Rach es uno de los tantos que puede dar cátedra sobre este tema. También es cierto que cuando se la vive con pasión, no hay barreras que puedan torcer ese destino.
Durante el último concierto de la Banda Sinfónica en el Teatro Español, hace tan sólo unos días, se anunció el retiro de Yaco después de más de 50 años.
La semana próxima la BSLP cerrará el año en los jardines del Medasur y para Yaco será una noche muy emotiva, ya que serán sus últimas notas en la agrupación que lo vio crecer -como músico y como persona-. Porque cuando empezó tenía 12 años, era un chico, el más pequeño de todos; y ahora, ya con la jubilación en trámite, es el mayor del conjunto.
De todas formas, las pasiones nunca se abandonan, así que más allá de dejar sus trabajos como músico y docente, Yaco no dejará de hacer música; no concibe la vida sin música.
“Le compré el saxo a Matías (su hijo, también músico), así que voy a empezar a estudiar de vuelta porque lo había dejado, y con el trombón voy a seguir haciendo música, estoy seguro”, expresó el artista en entrevista con LA ARENA. También comentó que antes se dedicaba a hacer reparación y afinación de pianos, pero que no cree que vuelva a hacerlo. “Quiero armar algún grupo y poder tocar”, dijo.

Los comienzos.
Yaco nació en Conhelo y vivió junto a su familia en el campo hasta los 10 años, cuando decidieron venirse a Santa Rosa. “Mi viejo puso una despensa, que le fue mal, después puso un restaurant y le empezó a ir bien, después un hospedaje y con eso fue creciendo”, recordó. “El no quería que anduviéramos dando vueltas durante el día, así que a la mañana iba a la escuela y a tarde iba a la Banda Sinfónica. Ahí empecé con la música y realmente es lo que siempre me gustó. Hacer música es lo más hermoso que me pudo haber pasado”, aseguró el vientista.
Sus primeros pasos en la Banda fueron con un instrumento de viento que se llama geni, que es de acompañamiento. “Con mi hermano tocábamos los dos el mismo instrumento así que lo llevábamos a mi casa y practicábamos. Después me dieron el trombón y aparentemente andaba muy bien, y cuando quise acordar a los 12 años ya era empleado de la Banda Sinfónica, y cobraba un sueldo”. En su línea, Carlos Russo era el solista, Yaco el primero, Jorge Satragno el segundo y el hermano el tercero. “Ahí empezó mi carrera”, afirmó. “Cuando se fue Carlitos Russo quedé como solista, también toqué el segundo bombardino en la Banda”.

Autodidacta.
Al igual que en el periodismo, en la época en que Yaco Rach comenzó a estudiar música, no había profesores que tuvieran conocimiento técnico sobre la materia y los instrumentos. Tanto él como los demás músicos, tuvieron que aprender a prueba y error, pasando horas y horas de estudio, y generando su propia teoría y práctica. “Un día Guillermo Mángano me incorpora al grupo Sol Naciente pero yo no tenía instrumento”, recordó. “Nos fuimos a Buenos Aires y yo me iba a comprar un trombón a pistón y él me dijo que me comprara uno a vara -como el que toca actualmente-, pero yo le dije que no había nadie que me lo pudiera enseñar. Me compré un trombón Yamaha, que incluso debe haber sido el primero que entró al país, y empecé a estudiarlo solo. Cuando hicimos la primera actuación con Sol Naciente en un boliche, resulta que prendían y apagaban las luces y ahí me di cuenta que le había errado al estudio, porque yo me miraba la mano para las posiciones y en ese momento cuando me apagaban las luces no me veía la mano. Ahí me di cuenta que era todo auditivo. Empecé a cerrar los ojos y a estudiar así hasta que logré salir de la situación”, recordó el músico entre risas y anécdotas.
“Aprendí todo solo. No había nadie acá que enseñara a tocar el trombón, ni nadie que tocara el trombón. Ni siquiera los profesores tenían estudio, entonces no tenías ninguna técnica para manejar. Así fue, a los ponchazos, y logré un montón de cosas que estoy re contento”.

Los momentos difíciles.
Si hay alguien constante con su profesión, ese es Yaco Rach. No sólo se mantuvo más de 50 años en la Banda Sinfónica, sino que tocó 25 años con el Grupo de Jazz Santa Rosa (GJSR), y otros tantos en La Trigueña Jazz Band. “Con el Grupo de Jazz giramos por todas partes. 25 años estuve ahí hasta que uno de los grandes amigos que tengo, que es el Mono González, me dijo que se iba, y yo me fui con él”.
El GJSR tuvo su época de auge en los 80 y 90, décadas en las que pudieron girar por Europa, Estados Unidos y otros países de Sudamérica. Pero Yaco no estaba sólo, tenía atrás a una familia que lo apoyaba y que le fue de sostén para que pudiera cumplir sus sueños. En los mejores años del GJSR, tanto su compañera de vida, como sus hijos mayores Natalia y Matías, tuvieron que aprender a pasar días, semanas y a veces meses, lejos de Yaco. “Yo soy un agradecido a Hilda (su ex mujer) porque por ejemplo he viajado a tocar a Alemania 45 días, después de vuelta 35 días, en Nueva Orleáns 15 días dos veces, fui 7 veces a tocar a Chile, y me bancó todo eso”, reconoció el músico.
Pero no todo es lindo en las giras. “En el 90 tenía que viajar a Alemania, y Glenda (la hija menor) no había nacido. Cuando estaba en el aeropuerto de Ezeiza me avisan que había nacido, y yo no la iba a ver por 45 días. Fue re difícil pero por suerte siempre tuve el apoyo de toda mi familia”, aseguró.
Otro hecho que marcó la vida de Yaco, y que mientras habla se emociona, fue su segundo viaje a Alemania. “Yo me despedí de mi viejo porque sabía que no lo iba a volver a ver, y el 29 de mayo yo estaba tocando en Holanda y llamé por teléfono porque era mi cumpleaños y me dieron la noticia de que había fallecido ese día”, contó. “En las giras no todo es lindo; son momentos difíciles, son cosas que cuando las recuerdo por ahí se me cae una lágrima”, dijo, y sus ojos vidriosos lo confirmaron.

Una pasión que nunca termina.
Entre los puntos más fuertes de su paso por la BSLP, Yaco enumeró dos. “Nunca me voy a olvidar el momento en que hice mi primera actuación en la Banda, tenía 12 años y fue en la plaza San Martín. Sacaron una foto y era el más chiquito, y ahora me jubilo y soy el mayor de todos”, expresó. Aunque aseguró que los mayores recuerdos en la Sinfónica son los amigos, los compañeros que tuvo durante toda la vida. Tocamos por todos lados, La Pampa la conozco toda, “me genera nostalgia pero es algo que nunca se termina. Estoy re contento de todo lo que logré”.