Mansión: más coincidencias conducen al ex funcionario

EL CASO DEL CRIMEN EN URUGUAY

Nuevos datos en torno a la investigación por el homicidio en Punta del Este apuntan hacia el ex funcionario Jorge Alberto Rodríguez como posible financista de la mansión. El apellido de su madre y el temor al fisco argentino durante el gobierno de Cristina Fernández.
Detrás de la “mansión swinger” hay una historia de pasiones y sexo aún no revelada del todo que tiene una íntima relación con el financiamiento de la casa. Según se cuenta en Punta del Este, el terreno fue comprado originalmente por un ex ministro del gobierno de Carlos Menem, hijo de una uruguaya, que hoy reparte su tiempo entre Punta del Este y Miami.
El político argentino habría conocido a una mujer llamada Leticia mientras jugaba fuertes sumas de dinero en el Conrad. Dicen incluso que se jugaba un “cero kilómetro” por tirada en la ruleta. Eso habría sido lo que llamó la atención a dos jóvenes mujeres que habían salido con un objetivo: la conquista de su propio reino.
El diario Clarín reflejó ayer supuestos detalles de la historia de cómo se habrían conocido “el financista”; Lulukhy Moraes (la detenida por el crimen del profesor de inglés) y “Leticia”, “amiga y hermana” de “Lulu”: “¿Quién está gastando más?”, preguntaron Moraes y Leticia. Tenían 23 y 20 años. Según cuenta la leyenda del barrio Beverly Hills, a las chicas le señalaron al ex miembro del gabinete del gobierno de Menem. “Se está jugando entre 14 y 16 mil dólares por tirada”, les avisaron.
El justicialista, que en aquella época andaba por la última vuelta de los 50, quedó hechizado por la amiga de Lulukhy. Esa noche fue la piedra angular de “Gypsy Queen”, la mansión swinger ubicada en Curupay, entre Los Arrayanes y Los Espinillos, en el barrio Beverly Hills de Punta del Este. Se habría enamorado y le habría regalado a ella el terreno y la posibilidad de edificar la mansión, en 2004. Ahora se investiga si pudo haber lavado de dinero detrás de esta operación.

Muchas coincidencias.
Para ese entonces, el pampeano Jorge Alberto Rodríguez tenía 59 años. Y esto no es más que otra “coincidencia” que se suma a las ya reveladas por LA ARENA en las ediciones recientes del sábado 21 y del domingo 22.
Su persona reúne todos los datos trascendidos de la investigación: Fue un “hombre fuerte” de la política en la década del ’90, durante los dos gobiernos de Carlos Saúl Menem (se desempeñó primero como ministro de Cultura y Educación; y luego ocupó el cargo de 2º Jefe de Gabinete de Ministros). También coincide con el dato de haber vivido en Estados Unidos; y sus conocidos dijeron a este diario en el año 2012 que solía pasar mucho tiempo en Uruguay.
Finalmente, un último dato surgido en horas del domingo aseguraba que el ex funcionario misterioso, “financista” de la mansión, era hijo de una mujer con nacionalidad uruguaya. Pese a los intentos hechos por cronistas de LA ARENA, no se pudo conocer ciertamente la nacionalidad de la madre de Jorge Alberto Rodríguez, pero sí trascendió el apellido: Frattaroli. Fue una docente de escuela rural en Hilario Lagos y falleció hace unos años.
Sin embargo ese dato fue vital ya que gracias a él se logró hallar una publicación realizada hace seis años atrás. Por ese entonces un lector del diario uruguayo El País publicó en la sección “La voz del lector” una carta donde dejaba al descubierto sus temores frente al acuerdo entre Uruguay y Argentina -durante el gobierno de Cristina Fernández- para el intercambio de información tributaria y evitar la doble imposición.
El firmante de la nota era Jorge Rodríguez Frattaroli y había titulado el escrito de la siguiente manera: “Maltrato a uruguayos y argentinos”. En este caso el fisco argentino era el más interesado en solicitar información de contribuyentes con rentas o propiedades en territorio uruguayo.

La carta.
El lector preocupado expresaba que “recientemente el Dr. Francisco Gallinal en relación con el tratado de intercambio de información tributaria uruguayo-argentino escribió un artículo con el título de ‘El maltrato argentino’. En realidad acierta a medias ya que debió llamarse: ‘El maltrato a los uruguayos y a los argentinos'”, dijo en principio y continuó: “los uruguayos serán maltratados porque los que construyen dejarán de construir, los que venden dejarán de vender, los que comercian dejarán de comerciar y fundamentalmente los humildes trabajadores que acompañan con su esfuerzo todas estas tareas dejarán de trabajar. Por supuesto se podrán dar más subsidios por el paro y no me extenderé sobre lo que esto significa en las elecciones, en el aumento de impuestos y en la seguridad”.
En este sentido sostuvo que “los argentinos que confiaron en Uruguay invirtiendo y dando trabajo, serán maltratados porque verán que el tratado quiebra los principios esenciales de garantías que hacen a la cooperación penal internacional y abre la puerta a toda clase de arbitrariedades (por parte del Gobierno argentino)”.
“Acá decimos que no habrá retroactividad. En Argentina dicen que la retroactividad es hasta el 2016 (porque así lo dicen ‘sus’ leyes impositivas). Cuando en este tipo de temas se da lugar a las interpretaciones se sabe que perdiste”.
“¿Estamos dispuestos a perder las inversiones de los argentinos? -se preguntó-. Parece que sí. El broche de oro está en el artículo 9, punto 3, inciso d, que expresa que la situación del uruguayo que también es ciudadano argentino y la del argentino que también es ciudadano uruguayo será resuelta en una ‘reunión’ de funcionarios de ambos países”.