Marcha de silencio

Una multitud se congregó ayer en la plaza San Martín para pedir “justicia” por los homicidios de Diego Loza, Aldo Horacio “El Chueco” Fuentes, Matías “Monchi” Tomaso y Edgardo “Pepe” Macías; todos ellos víctimas de la inseguridad y la delincuencia en diversos hechos que tuvieron lugar últimamente en la capital pampeana. La movilización silenciosa fue anunciada días atrás por los familiares de Loza, el joven empleado municipal de 34 años que fue brutalmente asesinado el pasado sábado 23 de junio, cuando dos personas ingresaron a su departamento y le efectuaron tres disparos, uno de ellos en la boca que produjo el fatal desenlace.
Con banderas, carteles, pancartas y remeras que llevaban el rostros y nombres de las víctimas, las familias se unieron este jueves bajo el mismo reclamo. Junto a ellos marcharon más de medio millar de vecinos, amigos y conocidos que pidieron justicia y exigieron además un alto en la impunidad con la que se manejan los delincuentes.
La congregación se hizo a las 18, en la plaza, para luego iniciar una movilización con destino a Casa de Gobierno y finalmente retornar al sitio donde inició todo. El dolor manifestado con lágrimas fue la postal de una tarde gris que cubrió completamente a la ciudad.

Homicidio escalofriante.
La muerte de Diego Loza fue el desencadenante de esta movilización pacífica por las calles céntricas. El horrendo caso estremeció a la comunidad y aún sus familiares y allegados exigen justicia para poder acceder a datos más certeros de lo acontecido aquel 23 de junio.
Diego fue hallado un lunes 25 después de las 22 horas en su departamento de la calle Emilio Zola y avenida Luro. Estaba envuelto por mantas y maniatado. Su cuerpo se encontraba debajo de una parrilla, en el balcón del inmueble. Estuvo dos días allí, mientras que sus ejecutores utilizaron el lugar para quedarse, incluso ofrecían a la venta pertenencias de la víctima por Facebook.
El presunto móvil fue un robo y los delincuentes abatieron al muchacho con dos disparos, uno en el codo y otro en el tobillo, para luego rebatirlo con un último balazo en la boca, en momentos que la víctima estaba en el baño, indefenso.
Los sospechosos fueron detenidos la mañana siguiente al macabro hallazgo. Uno de ellos, Walter Pedraza, fue encontrado en Colonia Escalante, en un terreno donde hay una construcción sin terminar. La Justicia lo acusó formalmente y estará detenido hasta que se concluya la investigación. El chico de 22 años enfrenta una condena de cadena perpetua. Mientras tanto el otro sospechoso, de 17 años, fue aprehendido y alojado en el Ipesa.
Días atrás LA ARENA dio a conocer la frase que uno de los acusados dijo ante personal policial cuando le preguntaron porqué lo habían matado: “lo maté porque gritaba, estaba sufriendo mucho”.

Que sea condenado.
Matías “Monchi” Tomaso fue apuñalado en la madrugada del pasado domingo 10 de junio en pleno centro santarroseño. El muchacho salía de un boliche, en la calle Quintana y Avellaneda, cuando tuvo una pelea y resultó herido de arma blanca por debajo de la axila derecha. Tomaso se desplomó en el suelo y fue hallado por la policía. Cuando lo trasladaron al hospital Lucio Molas entró en paro y perdió la vida en el nosocomio. Sus agresores fueron detenidos ese mismo domingo tras un megaoperativo policial en barrio Zona Norte. Uno de ellos tiene 18 años y el otro 17. En este hecho hubo otro joven de 17 prófugo, pero se entregó al día siguiente. Los tres fueron alojados en el Ipesa. La policía y la Justicia tienen elementos suficientes para apuntar contra uno de los jóvenes de 17 años (apellido Vaira).

Exigen esclarecimiento.
El mismo dolor que las familias de Loza y Tomaso, sienten los hijos de Aldo Horacio “El Chueco” Fuentes; quienes se hartaron de estar en silencio y se juntaron para pedir que de una vez por todas se haga algo en la causa del homicidio de su padre. “Son cinco meses en silencio, basta”, dijo Benicio, uno de los hijos de Aldo, asesinado el 30 de enero en su casa de Colonia Escalante.
Fuentes fue hallado sin vida, con poca ropa y con una lesión muy grave en su cabeza. Desde entonces nunca se supo nada. No se halló el arma homicida y no hubo huellas para recabar. El presunto móvil fue un robo que jamás se dilucidó, aunque faltó una motocicleta que nunca fue encontrada.
“Pedimos un pronto esclarecimiento por lo de papá, porque nos cansamos. En esta sentimos que le estamos fallando a él”, expresó entre lágrimas el muchacho y agregó que “hay muchos reclamos para hacer, porque todas las hipótesis fallaron, pero no vienen al caso. Al pasar lo de Diego fue revivir lo de papá de vuelta”. “En la desgracia de ellos tienen la suerte de saber quien fue, pero nosotros no, por eso nos sumamos al reclamo de Justicia”, concluyó Benicio.

Hace 15 años.
Otra de las familias que estuvo en la marcha fue la de Edgardo “Pepe” Macías, un joven de 19 años que fue asesinado en marzo del 2003, en manos de un adolescente de 16 años. El chico que lo mató fue liberado a las pocas semanas. “Se pasean por la calle como si nada”, expresó ayer una tía de la víctima.

Homicidios.
Santa Rosa está atravesando en este 2018 un triste récord de incremento en materia de asesinatos. En apenas siete meses fueron cuatro las personas que perdieron la vida en mano de delincuentes o por situaciones violentas que desencadenaron en las muertes ya conocidas, cuando en todo el 2017 se registró la misma cantidad de homicidios.
Lo cierto es que hay un denominador común en cada uno de los hechos: mucha violencia, saña contra las víctimas y generalmente los homicidas resultan ser jóvenes.