Inicio La Pampa Robaron dinero de una fundación y fueron condenados

Robaron dinero de una fundación y fueron condenados

Hoy lunes se condenó a un hombre a un año de prisión de cumplimiento efectivo, por ser autor del delito de hurto simple, le revocó la condicionalidad de una pena anterior y le unificó ambas en una pena única de tres años de prisión de cumplimiento efectivo. También condenó a una mujer, como coautora de hurto simple, a seis meses de prisión efectivos. El juez de control de General Pico, Alejandro Gilardenghi, fue quien dictó la sentencia.

El fallo fue dictado en el marco de un juicio abreviado convenido entre la fiscala María Verónica Campo, los defensores oficiales Alejandro Piñeiro y Walter Vaccaro y ambos imputados, un carpintero de 24 años y una periodista de 26. Uno de los socios del instituto, al ser notificado del acuerdo, prestó conformidad.

Según informó el STJ, Gilardenghi dio por probado que el 1 de diciembre pasado, a primera hora de la mañana, un hombre ingresó a la Fundación e Instituto de Formación y Capacitación Docente e Isesemac, de General Pico, “con la llave verdadera, abrió las puertas principal y secundaria que estaban cerradas, desactivó la alarma con la clave verdadera, y sustrajo 1.372.000 pesos que estaban guardados en una caja de cartón”.

A su vez, a la mujer le imputó que facilitara al acusado “la llave verdadera y la clave de la arma” ya que se desempeñaba allí “como empleada administrativa desde hacía ocho años”. Más allá del reconocimiento explícito de los involucrados sobre la autoría del hecho, Gilardenghi señaló en el fallo que el Ministerio Público Fiscal recolectó material de cargo independiente.

“La conclusión a la que arribó el M.P.F. fue el siguiente: sólo tres empleados poseían llave y conocían la clave de la alarma; todos empleados con antigüedad en la fundación y conocimientos de los movimientos internos y de la existencia de dinero. Esto derivó en la hipótesis lógica de que la persona que ingresó al lugar no solo tenía la llave y la clave de la alarma, sino que además conocía perfectamente en qué lugar estaba el dinero; ya que, como quedó registrado con las tomas fotográficas y el acta de constatación, en el lugar no había signos de búsqueda ni desorden, que permitiera pensar que hubo tareas de búsqueda al azar”.

“De las averiguaciones practicadas por el Ministerio Público Fiscal y personal policial, se solicitaron intervenciones telefónicas de las líneas de los empleados de la fundación, de donde surgió la relación entre ambos. Una relación extraña para los investigadores, ya que ambos se manejan en ambientes distintos, resultando el hombre conocido por sus antecedentes de delitos contra la propiedad”.

Se comunicaban a través de dos líneas telefónicas. «Así, se confirmó que tenían una relación y mantenían a diario diálogos telefónicos con escaso uso de palabras y frases específicas, haciendo referencia a un tema en particular que parecía ser de total conocimiento para ellos», afirmó.

Pruebas

Por otro lado, Gilardenghi señaló que hubo dos testigos que “dieron cuenta que ambos imputados planearon el hecho”. Indicó que la mujer viajó un día a Santa Rosa con los propietarios del instituto y que la noche anterior le había entregado la llave y la clave de la alarma al carpintero.

“Éste sustrajo el dinero, salió del lugar –al que había llegado caminando– y se fue. Resguardó el dinero y regresó al departamento de la mujer, donde durmió hasta que ella llegó de Santa Rosa. Cuando la periodista llegó a su domicilio, se entrevistó con el hombre, éste le devolvió las llaves y ella se retiró hacia el instituto tras un llamado de una compañera, que le informaba que habían ingresado a robar en el lugar”, detalló el juez.

Las pruebas evaluadas, entre otras, fueron mensajes de Whatsapp entre los acusados. Un testigo afirmó que el hombre le dijo textualmente que él había sido el autor del hecho (“yo hice el robo del millón”), otro sostuvo que el imputado le confirmó que había realizado el plan acordado, y un tercero “resultó dirimente para resolver el caso”, según palabras del juez, porque supo del hurto de primera mano.