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Un sentido adiós para un vecino santarroseño

A la edad de 94 años falleció el pasado domingo Andrés Alfredo Cora, un querido vecino santarroseño, que en su existencia se destacó como un esforzado trabajador -de oficio electricista-, y que fue un hombre de acciones simples y llenas de honestidad.
Las actividades del fin de semana -las elecciones en la ciudad-, el hecho que su muerte se produjera un día domingo, por allí hicieron que no todos los que lo conocieron se enteraran de la triste noticia.
Corita, de un perfil más vale tranquilo, sin destemplanzas, supo granjearse el afecto de todos los que lo trataron. Amigo de este diario -en el que supo realizar diversas tareas relacionadas con su oficio-, fue amigo del fundador don Raúl Isidoro D’Atri, con quien compartía sus ideas socialistas.

Vinculado a Belgrano.
Alguna vez jugó al fútbol en General Belgrano -donde muchos años después se luciría su hijo Luis-, y al dejar la práctica activa permaneció en la entidad tricolor colaborando con distintas comisiones directivas, siempre en ese segundo plano que parecía ser en el que se sentía más cómodo: atendió la cantina, realizó otras tareas, y obviamente se ocupó de todo lo que tuviera que ver con el tema energético en el club de Villa Alonso.
Precisamente en su situación de electricista se hizo sumamente conocido, porque tanto estaba para acudir a un llamado de un vecino por un desperfecto menor en una vivienda; como para realizar grandes obras en distintos puntos de la provincia.

Pequeñas y grandes obras.
Alguna vez en diálogo con un cronista de este diario refirió que -en una Santa Rosa en la que todo estaba para hacerse- tenía muchísimo trabajo, pero además de electricidad domiciliaria y tareas más vale menores, se desempeñó en grandes obras, como fue la colocación de líneas de baja y media tensión con la Empresa Vialco en Barda del Medio y 25 de Mayo. También, muchas veces, fue convocado desde distintos pueblos de la provincia y, por ejemplo en Quetrequén hizo toda la electrificación urbana.
Fue esencialmente un hombre de trabajo, que como muchos otros de su época contribuyeron a darle forma a esta Santa Rosa en la que vivió siempre, aunque era nacido en la pequeña localidad de Cachirulo.
Su deceso enluta a sus hijos Luis y Silvia, a sus nietos y bisnietos, que recibieron el afectuoso saludo de quienes frecuentaron a Don Andrés y lo consideraron «un vecino honorable», de procederes simples y honestos. Se fue en paz, sin estridencias, tal como fue él hasta el último instante de su vida.