Murió a los 100 años Donato Tórtoro: el bailarín eterno

A la edad de 100 años dejó de existir el pasado miércoles un caracterizado vecino santarroseño, Donato Tortoro. Era propietario de un conocido comercio de zapatería en pleno centro de Santa Rosa -en Oliver y Avenida San Martín-, al lado de su vivienda familiar, nació y se crió en la capital provincial, y podría decirse que resultó un personaje entre pintoresco y atractivo.
¿Qué tenía de especial Tortoro? En principio su increíble afición por el baile, en todos los ritmos, que lo llevaron a estar presente en cuanta pista o fiesta se escuchara desde una cumbia, pasando por un bolero o un tango. Fue fanático del baile, actividad que llevó adelante hasta bien entrados sus 90 años, llegando incluso a trasladarse a pueblos vecinos con amigos para disfrutar una de sus más grandes pasiones.
El sombrero con que se lo ve en la foto es una suerte de síntesis de su personalidad tan peculiar.

Tortoro y el trabajo.
Había nacido el 19 de marzo de 1918 en el barrio de Colonia Escalante, y fue integrante de una familia muy numerosa. “Yo conocí Santa Rosa con cuatro casas, con campos y vacas… las vacas estaban en la puerta de la esquina”, recordó a la ciudad en sus comienzos.
Fue al colegio hasta segundo grado, en una escuela que en la década de 1920 se conocía como nº 37. Su primer trabajo fue repartidor de verduras y frutas que se cultivaban en la quinta de su padre: “En ocho hectáreas había de todo y yo repartía con el charré a las principales familias de Santa Rosa”, rememoró hace algún tiempo, poco después de arribar al centenario de su vida.
Tenía 18 años cuando ingresó a trabajar a Obras Sanitarias y permaneció allí hasta los 65 años cuando se jubiló.
Fue propietario de un tradicional comercio en el centro de la ciudad, y el gusto refinado de Tortoro hizo que allí se vendieran los mejores zapatos para las mujeres elegantes.
En el siglo que le tocó vivir lo vio casi todo: desde los aconteceres y ecos de la segunda Guerra Mundial y distintas presidencias argentinas de gobiernos democráticos y de dictaduras militares, aunque en realidad -si bien leía y mucho los diarios- no le interesaba la política.