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Un comedor piquense duplicó la asistencia en seis meses

VECINA SOLIDARIA OFRECE LA MERIENDA, UN ROPERO Y CLASES DE APOYO

El comedor funciona en su casa, de martes a viernes, donde les da la cena a 70 niños debajo de un techo de media sombra. Si bien los vecinos colaboran con donaciones, los alimentos frescos, como carne y verdura son los más difíciles de conseguir. 

La crisis económica que se vive en el país se nota cada vez más en los sectores de mayor vulnerabilidad. La vecina solidaria Ana Fredes, quien desde hace un tiempo atiende un comedor en su domicilio particular del barrio Carlos Berg, manifestó que en los últimos seis meses se duplicó la asistencia de niños. En octubre del año pasado les daba la cena caliente a 40 menores de edad y hoy ya son 70, además de las familias que se llevan la vianda a sus hogares.

En el patio de su casa de calle 38 entre 105 y 107, Ana les da de comer a los niños del barrio y de otros sectores de la ciudad, que proceden de familias muy necesitadas.
«Se multiplicó la cantidad de chicos. Hay muchísimas más necesidades, pero seguimos trabajando al mismo ritmo y a pulmón, con las donaciones que nos da la gente. Empezamos con un grupo de 40 chicos y ahora tenemos 70, además de las familias que se llevan la vianda porque les queda muy lejos venir con los chicos», dijo la mujer en diálogo con LA ARENA.

La vecina ve las necesidades en la calle, en el barrio, en las familias que llevan a sus hijos hasta el comedor, para que tengan una cena caliente.
El comedor funciona de martes a viernes, y asisten niños que tienen desde 1 hasta 14 años de edad de los distintos barrios.
«Empezamos de martes a viernes, porque los lunes hago un roperito solidario y no puedo con todo. Todos los días vienen los chicos a comer, y hay otros que se llevan la vianda. Tenemos chicos de un año y medio que vienen con su mamá, hasta de 14 años», dijo.

Alimentos frescos.
Fredes contó que recibe donaciones de los vecinos, y que un grupo de jóvenes le ayuda a conseguir los alimentos frescos como la carne y la verdura, además de colaborar durante la cena.

«Cuesta conseguir todo, más que nada los productos frescos, como la carne y la verdura. Tengo un grupo que se agregó hace dos meses que son los que más nos consiguen las colaboraciones. Pero todos tienen su trabajo y se turnan para venir a darles la comida a los chicos. Si teníamos muchas necesidades antes con 40 chicos, ahora que se duplicó, mucho más», señaló.

«Necesitamos carne, fruta, verdura, eso nos cuesta mucho conseguirlo porque está cada vez más caro todo. Lo que más tenemos es aceite, salsa, fideos, que son cosas que se van usando en cantidad y no recibimos donaciones todas las semanas. En este momento necesitamos una ayuda de alimentos, y todo lo que se ayuda es bienvenido, ya sea un paquete de fideos o de arroz, todo suma», agregó.

En su misma casa, la mujer también regala ropa a todas aquellas familias que la necesiten para vestirse. El «roperito solidario» funciona los lunes, cuando saca la ropa a la vereda y llegan vecinos de distintos sectores de la ciudad.
«El roperito siempre está, siempre estamos recibiendo ropa. Los lunes pongo la ropa afuera y viene de todos lados la gente y se lleva ropa para toda la familia. Sé que vienen de lejos porque algunos me preguntan antes si hay ropa para los chicos, para no hacerse un viaje de gusto», dijo.
Por último, señaló que a partir de ese año sumaron clases de apoyo, con una maestra que va una vez por semana y les ayuda a ponerse al día con la tarea a los chicos.
«Este año se agregó una maestra que los ayuda con la tarea. Estamos tratando de ayudar en lo que podemos, y para algunos es bastante porque se ponen al día con la tarea», manifestó.

Foto: Ilustrativa