miércoles, 11 diciembre 2019
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Un horno de ideas

Agostina Guevara y Florencia Marrero son dos jóvenes pampeanas que llevan adelante un emprendimiento al que decidieron llamar «Usina». Desde su taller en General Campos elaboran desde cero diferentes piezas de cerámica y brindan actividades culturales.
«Usina» es el nombre de una iniciativa que desde la pequeña localidad de General Campos se dedica a producir y vender pequeñas piezas de cerámica que poco a poco están llegando a toda la provincia. Además, es un espacio creativo y multidisciplinario donde se dictan diferentes actividades culturales. Florencia Marrero (26) y Agostina Guevara (26) son las dos jóvenes emprendedoras que encabezan este proyecto que está cerca de cumplir su primer aniversario.
«La idea surgió de Agos cuando volvió de estudiar en Córdoba. Ella tenía en mente armar un taller de arquitectura que no sea un estudio sino un espacio multidisciplinario. Entonces, me contactó a mí para presentarme la propuesta», recuerda sobre ese primer paso Florencia, quien se recibió hace dos años de docente en Artes Visuales en el CREAr de Santa Rosa.
Y Agostina, su socia, arquitecta de profesión, agrega: «Queríamos crear un lugar donde la gente pudiera hacer talleres, porque acá las ofertas culturales son pocas. Sacando el deporte, hay pocas actividades extracurriculares. Entonces me puse en contacto con Flor, se copó y empezamos el año pasado».
«Al principio lo pensamos como un taller multidisciplinario para brindar diferentes expresiones artísticas. Era poner el espacio, amoldarlo a distintos usos. También queríamos ir sumando profesionales para ampliar la oferta pero eso no funcionó mucho. Sin embargo, quedaron fijas las clases de cerámica que da Flor, ahí tuvimos buena recepción», explica Agostina.
«Nos fuimos encaminando por ese lado. A las clases de cerámica les agregamos horarios casi hasta ocupar todos los días de la semana», resalta la emprendedora. De esta manera, el taller -ubicado en la calle 9 de Julio en General Campos- recibió durante todo este 2019 a 30 alumnas, distribuidas en seis horarios diferentes, entre niñas y mujeres adultas. El año que viene tienen pensado mantener la propuesta y acompañarla con diferentes seminarios y workshops.
Respecto a la venta de las piezas, ambas emprendedoras reconocieron que «no estaba en sus planes» sino que fue algo «que se fue dando» y decidieron tomarlo como parte de las tareas de la Usina. «Nuestra idea no era vender cerámica. En la inauguración del espacio lo hicimos para sumar al evento. Como tuvo repercusión y la gente nos pidió más, dijimos ‘bueno, vamos para adelante’. Ahora hacemos varias cosas, vamos viendo según cómo nos sentimos y también si las piezas tienen llegada. Hoy producimos mates, cuencos, tazas, tazones, entre otras piezas», remarca Florencia.

Referencia.
Aunque hubo algunos traspiés en el camino, la emprendedora afirma que la Usina siempre fue hacia adelante y estima que pronto el emprendimiento será una referencia en la zona. «Crecimos mucho a pesar de haber empezado el año pasado, siempre fuimos en subida. Ahora estamos también a full con la venta, enfocadas en eso, en las clases y en la producción. Cuando no estamos dando el taller estamos produciendo, teniendo en cuenta que la cerámica lleva su tiempo, tiene sus pasos y es algo que no se puede hacer a las apuradas».
Y esa dedicación, esa paz y esa calma son el sello de cada pieza de cerámica que sale del horno de la Usina. «Tratamos de hacer la diferencia ahí, de que no solo te lleves un objeto de cerámica sino toda una experiencia. Tratamos de hacer cosas únicas, originales. Son piezas que están todas hechas a mano y también armamos kits, por ejemplo a los mates les agregamos la bombilla o alguna bolsita con algo rico para acompañar. También apuntamos a cuidar el medio ambiente, lo entregamos con bolsitas de tela, que son reutilizables», señala.

-¿Y por qué la cerámica?
-Nos remite a esto de volver al barro, de hacer algo con nuestras propias manos. De poner todo de nosotras, es como una terapia. Ir moldeando la pieza, ver como va creciendo y tomando forma. Te obliga a bajar un cambio porque esto tiene su tiempo y vos te tenés que amoldar a eso.

Mercado prometedor.
A la hora de observar el mercado, la Usina está muy bien posicionada: en el pueblo y en la zona hay pocas opciones culturales como la que este emprendimiento ofrece. Así lo plantea Agostina, quien precisa que el taller tiene dos frentes bien identificados para donde apuntar: los productos encuentran salida fuera de los límites de Campos, mientras que las clases y los workshops que se llevan adelante son bien recibidos en la localidad y alrededores.
«Ya hicimos el análisis de mercado, la gente de acá responde a lo que son las actividades, los talleres y workshops que hemos hecho, y no tanto para la compra. Nosotras hacemos por pedidos y casi nada queda en Campos, en cambio vendemos en Santa Rosa, en General Acha, en Guatraché», enumera la joven, detallando que desde este último lugar llegó un encargo importante para souvenires.
Y añade: «Estamos abarcando mucho esta zona y la idea es expandirnos. Acá en el pueblo recién nos están conociendo. Está el local a la vista y eso hace que entren y pregunten». Florencia coincide y agrega que «en la zona hay pocos ceramistas y pocos que den clases. Entonces, justo la pegamos en que hicimos algo que no tenía competencia, caímos en el momento justo».
¿Cómo es el nivel de producción? Agostina y Florencia no se ponen límites y aseguran que están «vendiendo al nivel que nosotras nos proponemos». Un ejemplo de esto es que en el último mes -únicamente en mates, su «caballito de batalla»- despacharon 40 piezas. Cuencos medianos y grandes, tazas, tazones, cazuelas, compoteras, bandejas, porta sahumerios, porta cucharas, son parte del catálogo de los productos que dispone la Usina, que ahora también incursiona en velas de cera de soja.

Fórmula para crecer.
A pesar del año vertiginoso que están prontas a cumplir -el 22 de diciembre será el primer aniversario de la Usina- las jóvenes emprendedoras ya fijaron su mirada hacia adelante, no solo para consolidar su taller sino para seguir creciendo. «Hay algunos proyectos que tenemos en mente y otros son objetivos que nos marcan un rumbo».
«Una idea que estamos armando es la tienda nube. Da un poco de miedo porque dejás de tener el contacto cara a cara con los clientes, pero a la larga es necesario para crecer y abarcar más allá de Campos, de Santa Rosa y de La Pampa. También comprar un torno para dar un salto en las clases y a la hora de hacer nuestras piezas, y poder vender al por mayor. Esos serían nuestros grandes objetivos», revela Agostina.
Por otro lado, Florencia admite que la Feria Puro Diseño -que se celebra cada año en Buenos Aires- también es algo «que les quita el sueño», ya que es una oportunidad para mostrar eso que hacen con tanta pasión. Además, ambas emprendedoras agendaron para el año entrante, poder estar presentes en la edición 2020 de la Expo Pymes pampeana.