Un sueño que naufragó

PRIMABUS

Debió ser un complejo industrial de relevancia, pero hoy es un predio abandonado con una inmensa estructura de hormigón en el centro. Se iban a fabricar buses y camiones, pero finalmente no pudo ser.
MARIO VEGA
No debe haber viajero -sobre todo si es santarroseño o conocedor de esta parte de la provincia- que alguna vez no se haya preguntado de qué se trata. Viniendo hacia la capital provincial por la ruta nacional n° 5, desde el Este, a escasos kilómetros de llegar y a la salida de una amplia curva se observa una enorme construcción en medio de un importante terreno.
Las más diversas versiones se han ofrecido sobre ese lugar… “Eso es de Vialidad Provincial, y va a ser un depósito para desguace de autos”, arriesgaron algunos; otros supusieron que allí “se levantará la estación de carga y descarga” que Santa Rosa necesita, y de la que tanto se habla. Otros sostienen que quizás podría pensarse “llevar ahí la terminal de ómnibus”, aunque no faltará el que inmediatamente lo bajará a tierra para advertir que está muy en las afueras de la ciudad.
Lo cierto es que esos galpones -fantasmagóricos en horarios nocturnos-, permanecen allí como mudo testimonio de vaya a saberse qué novela lugareña. Una trama que, esta nota, tiene la intención de desentrañar al menos en parte.

“Las vacas de Primabus”.
¿Quién no los miró desde un auto alguna vez y se preguntó de qué se trataba? Son años de pasar y verlos, en un paisaje inmodificable. Y lo cierto es que muy pocos conocen qué es eso, para qué fueron levantados esos galpones y, evidentemente, abandonados.
Un amigo, de esos curiosos a los que les gusta husmear y no quedarse con las ganas de saber, quiso averiguar cuál fue la trama de la historia que desembocó en este presente… en el que pueden verse vacunos pastando en los alrededores. Viajaba con alguien que conducía el auto hacia Santa Rosa, una persona que en un momento dado, mirando hacia su derecha le dijo: “¡Mirá las vacas de Primabus!”.
Cuando volteó la vista divisó, a la vera del camino, un lote de bovinos pastando a las puertas de un complejo de galpones industriales.
Tenía vagas y diferentes referencias. Como casi todos. Ante la escena llegó a pensar que estaba ante un complejo de engorde de hacienda a galpón, y por eso quiso tomar algunas fotografías. Su compañero de ruta le había largado varias pistas que le interesaron.

Lo que pudo ser y no fue.
Y de verdad resultaba interesante lo que contaba el amigo de mi amigo, conocedor de la situación. “Eso que ves -le explicó- son los despojos de una empresa industrial que nació en La Pampa, allá por 1965 ó 1966, y que jamás se puso en marcha”. Los impulsores, al parecer fracasado su proyecto por estas tierras habrían emigrado a alguna provincia del norte o el litoral, aunque con otro objetivo.

Autobuses y camiones.
Una recorrida posterior por la antigua colección de LA ARENA, me permitió acceder a un artículo que se publicó el 4 de julio de 1966. La columna informaba que el presidente de Primabus SA, Santiago Orlando Mariano, y el contador de la firma Juan José Rivero, habían formalizado en la Escribanía Urtubey, la compra de un inmueble de 8 hectáreas ubicado en el Km. 602 de la Ruta Nacional n° 5.
Según explicaba el titular de la firma allí se levantaría un complejo para la fabricación de autobuses y camiones bajo licencia Skoda (una empresa sueca, aunque participaba también una firma checoslovaca). “Los trabajos de instalación de los galpones y paralelamente el montaje de las primeras unidades se iniciarán a la brevedad”, prometía Mariano, quien agregaba que él mismo se asentaría en forma permanente en la ciudad.

Tiempos convulsionados.
Eran días agitados en nuestro país… hacía apenas unos días, el 28 de junio de 1966, -días antes de firmarse aquella escritura- se había producido un nuevo golpe de estado, que concluiría con el derrocamiento de Arturo Illía, y el advenimiento de la dictadura de Juan Carlos Onganía. Aquí gobernaba Ismael Amit, quien iba a ser reemplazado por un capitán de Navío, Carlos Alberto Félix González, antecesor de Elvio Nicolás Guozden. Ya con este en el gobierno provincial, asumiría sus funciones un personaje que se haría tristemente conocido: Federico Gonzani era designado como director de la Oficina de Información y Prensa del Centro Cívico. Es casi ocioso señalar que Gonzani sería -meses después- el autor de la muerte y descuartizamiento de su esposa, en un hecho que conmocionó a la opinión pública no sólo de nuestra provincia.

Gobierno de Ismael Amit.
Pero meses antes se habían iniciado las gestiones por Primabus. Era durante el gobierno de Ismael Amit, el abogado porteño que de niño se había radicado en Macachín, desde donde se lanzó a la política para llegar a gobernar La Pampa -con interrupciones- durante 9 años. Precisamente hasta el golpe de 1966 que derrocó al presidente Arturo Illía.
Dicen los que dicen saber que un sello distintivo del gobierno amitista fue la sanción de la ley n° 274 de “Promoción industrial, hotelera y minera” y esa legislación -según cuentan-, única en el país por aquellos tiempos, asignaba 4% del presupuesto provincial para esas actividades: financiaba a largo plazo y con muchas facilidades casi la mitad de las inversiones.
Por eso era habitual que llegaran a la provincia interesados de todas las latitudes, promoviendo ideas, proyectos y también algunos despropósitos, cuando no estafas.

Foráneos, con ventajas.
Los que recuerdan esas épocas señalan que los pampeanos asistían entonces a esos despliegues viendo casi todo “desde la tribuna”, porque por lo general las instituciones incipientes tenían recursos humanos -a nivel dirigencial-, provenientes de otras provincias: desde el gobierno, hasta el Banco, pasando por la Universidad. Entonces, los foráneos casi siempre tenían algún amigo encumbrado para hacerles conocer sus inquietudes, y así accedían de mejor manera a esas oportunidades que los emprendedores locales.

La fábrica soñada.
La cuestión es que Primabus SA sería, en los sueños de sus inspiradores, “la primera fábrica de buses del país”, y por si eso fuera poco ¡también se fabricarían camiones!
Por esos tiempos, apareció por La Pampa un señor bien plantado, con carácter y aparente desarrollo empresarial que exponía de alguna manera su poderío económico desplazándose en un robusto Mercedes Benz 220. Y como nadie preguntaba por la titularidad del lujoso vehículo se descontaba que era suyo. Había que tener en esos tiempos un auto semejante…
Santiago Orlando Mariano -que de él se habla- tenía relaciones con importantes funcionarios del gobierno y muy pronto los convenció de su proyecto; aunque algunos juzgan que tal vez pudo ser al revés y que alguien lo convenció para que se viniera a La Pampa y hacer algo grande. La provincia ponía la mayor parte del dinero y a su vez -con la cobertura de aquella ley 274-, se pudo constituir una sociedad anónima. Era Primabus, que iba a fabricar buses y camiones.
El proyecto empezó a rodar, y se estableció que la empresa madre sería la checoslovaca que fabricaba los motores Heinschel -fuerza motriz de los buses-, y para los camiones estaban en tratativas con Skoda, de Suecia.

Un gran entusiasmo.
Entre viajes, reportajes y conferencias se iba relevando la capacidad industrial de la provincia y, en General Pico, entonces “capital industrial de La Pampa”, se sucedían las reuniones, sobre todo con el sector metalúrgico de fundiciones, maquinados, fabricantes de maquinarias agrícolas, insumos y otros. El entusiasmo cundía rápido, y mucho más cuando se empezaron a levantar los galpones que hoy despiertan la curiosidad y son el puntapié inicial de estos recuerdos.
Los socios básicos de esta idea fueron el citado Mariano, según dicen un ex empleado del Banco Nación, y un sastre de Santa Rosa, don Juan Montepaone que tenía su negocio frente a la plaza San Martín. Cuentan que don Juan, un tano derecho y trabajador, se sumó porque se necesitaba “la pata local”, incluyendo un domicilio social y la habilitación de una cuenta bancaria. Así es que ingresó a Primabus SA. La idea siguió creciendo y afirman que los galpones que sobreviven habrían sido aportados por una fábrica de premoldeados cordobesa, que se sumaría a la sociedad.

La oposición de don Centenario.
Toda aquella tramitación venía al parecer de parabienes, pero se presentaban dificultades financieras que se iban haciendo más notorias por falta de recursos genuinos. En tanto la maquinaria de la burocracia desmenuzaba el proyecto y no se decidía a poner los fondos que les eran requeridos, en el marco de la promoción industrial.
Cuentan que un joven contador, que se había embarcado en el proyecto, pudo acceder al ministro de Economía de la provincia, don Centenario Valenzuela, un administrador de máxima confianza del gobernador. El profesional quería acelerar las gestiones, pero algunas reuniones con este ministro darían por tierra con la idea -para algunos genial- de poner en La Pampa una fábrica de vehículos pesados.

La oportunidad de crecer.
Los inspiradores y soñadores no se cansaban de repetir que para fabricar esas unidades se necesitaban miles de piezas, que eso desarrollaría empresas autopartistas en toda la provincia y generaría miles de puestos de trabajo.
El ingeniero polaco que recorría la provincia, haciendo planes estratégicos, se imaginaba un adelantado, promoviendo la salida al mundo de un país de los de atrás de la cortina de hierro.
Lo cierto es que más de uno se quedó con las ganas de visitar Suecia, para ver la fábrica de camiones, y por qué no las hermosas rubias que mostraba el cine de la época con tanto glamour.
No faltaron los que aventuraban que si el proyecto se hubiese puesto en marcha, habría sido espejo de otras intenciones parecidas, y que La Pampa contaría ahora con medio millón de habitantes, o más… y no como sucede hoy cuando, según estiman muchos, por cada habitante de nuestra provincia hay otro pampeano viviendo fuera de nuestro territorio.

Siempre la producción primaria.
Hasta promediando los años ’60, la provincia tenía desarrollo de industrias asociadas a la producción primaria -tal y como aleccionaba la Constitución Provincial de esa época e incluso la actual-, y se veían molinos harineros, complejos salineros, industrias lácteas, curtiembres, pequeños frigoríficos y otros emprendimientos, que se desarrollaban junto a la industria metalmecánica orientada a abastecer al agro.
Luego vinieron los ’70 y parte de los ’80, cuando se radicaron algunas industrias al amparo de la legislación de promoción de la Patagonia, con fuertes beneficios impositivos que -sumados a los incentivos provinciales y municipales-, apuntalaron por un tiempo la actividad.
En los ’90 -ya se sabe- el menemismo arrasó con todo: con lo que estaba endeble y algo más, y así se fueron desvaneciendo los sueños industrializadores de envergadura. Esos mismos que antaño habrían animado a Mariano y otros emprendedores de esos tiempos.

Un mudo testimonio.
No pudo ser… como ha sucedido a lo largo de la historia, hablar de la industrialización de nuestra provincia se ha convertido en una muletilla que no se puede materializar…
“Las vacas de Primabus”, esos galpones abandonados y el pasto que crece en el amplio predio son -nada más-, un mudo testimonio de lo que no pudo ser…
Tal vez -ahora que se conoce un poco más esta historia- algunos hacendosos con ganas de progresar, se animen con otro proyecto que finalmente se pueda concretar… Por qué no. Ojalá así fuera, porque buena falta nos hace.

A la espera de un proyecto.
“Estamos abiertos a escuchar ofertas. Es un buen lugar para determinado tipo de emprendimientos”, razonó Mario Olivares, ingeniero agrónomo, quien es asesor general y apoderado del Centro de Acopiadores de Granos de La Pampa. Hacía referencia a ese espacio que tanto llama la atención en la entrada misma de Santa Rosa, viniendo desde el Este, por la ruta 5. Allí donde algunos soñaron que alguna vez se iba a levantar un centro fabril que podría construir a gran escala autobuses y camiones… un sueño que, con el paso del tiempo, se iría desvaneciendo.
¿Cómo llegó ese terreno de casi 8 hectáreas, que contiene esa gran estructura de hormigón, a manos del Centro de Acopiadores de Granos? Fue, en realidad, después de un largo periplo en el tiempo…

-Olivares, usted es apoderado del Centro de Acopiadores. ¿Cómo llegaron a acceder a ese predio?
-Sí, soy asesor general, y el presidente es Reynaldo Fava. Yo era gerente cuando se compró ese lugar
-¿Adquirieron ese sitio para acopiar cereales en la zona?
-Sí, lo adquirimos, pero en ese lugar siempre tuvimos la intención de hacer algún emprendimiento de tipo comercial. De hecho hemos participado muy activamente en la instalación de ciertas industrias, como por ejemplo la fábrica de Silo Bolsa fue impulsada desde aquí… colaboramos con la Asociación de Cooperativas Argentinas para que se pudiera instalar en la zona franca… También tenemos un galpón muy importante dentro del Parque Industrial de Pico en donde realizamos un contacto estratégico con la Asociación de Cooperativas Argentinas para la distribución de insumos, lo que hacemos en toda la provincia y en provincias vecinas.
-Decidieron también hacer una inversión en Santa Rosa.
-Lo que pasa es que siempre estuvo la intención de extendernos, pero sucede que tenemos un país un tanto fluctuante. Por ejemplo, el Centro construyó en General Pico un edificio de 14 plantas, 5.000 metros cubiertos: son 26 departamentos, 35 cocheras…porque la intención era hacer alguna otra cosa. Este edificio empezó a construirse y después estuvo muchos años parado y hoy es el edificio Centenario. Muy lindo, de excelente calidad, muy requerido por la gente…
-¿Es el Centro de Acopiadores?
-Eso fue el Centro de Acopiadores… pero la idea era hacerlo de una manera y terminó siendo de otra por esas fluctuaciones que tiene el país. Iba a ser nuestra sede social, pero después las cosas cambiaron, y todo derivó a una construcción de oficinas y departamentos. Todavía tenemos allí oficinas que se alquilan.
-¿Recuerda el proyecto Primabus en Santa Rosa?
-Sí, fue un proyecto para fabricar carrocerías. Ahora es un lugar que nos pertenece… y si hubiera algún tipo de ofrecimiento ameritaría considerarlo. Pero es más: incluso los galpones si alguien los quiere para utilizarlos se los podría llevar.
-¿Están dispuestos a negociar el lugar? ¿Están abiertos a ofertas?
-Sí, claro… pasa que ha sido todo muy raro, hemos tenido tantos cambios que por ahí es muy difícil lo que nosotros hemos buscado: tanto que se alquile o que se venda. Que se pueda destinar a un buen emprendimiento destinado a lo que es el ingreso a la ciudad de Santa Rosa. Tuvimos algún tipo de ofrecimiento que no nos gusta, porque creemos, estamos convencidos que tiene que ser algo que valga la pena.
-Tal vez un hotel, como La Campiña por ejemplo.
-Sí, una cosa así podría ser… siempre y cuando tenga un destino que realce el ingreso de la ciudad. Puede ser un lugar de carga y descarga… un puerto, puede ser una industria.
-¿Alguna vez el gobierno provincial se interesó en ese lugar?
-Sí, hubo algún interés. El tema es que en determinado momento había que apuntalar o ayudar a los productores, y este tipo de cosas se postergan… Insisto, es muy difícil en un país que ha sido tan cambiante. Hay que fijarse lo que ha sido la producción de la provincia de La Pampa en los últimos 30 ó 40 años: hemos cambiado totalmente el sistema de agricultura, hemos cambiado los objetivos de producción. Se ha cambiado mucho, entonces es muy difícil hacer algo que con el tiempo pueda ser factible mas adelante.
-Hoy no hay ningún proyecto firme en marcha.
-No hay ningún proyecto hoy en carrera, pero estamos abiertos a escuchar ofertas, incluso de los mismos socios. Siempre hay alguien en las reuniones que dice qué les parece si podemos hacer tal o cual cosa. Y bueno, lo vamos analizando, viendo la posibilidad… Estamos abiertos a la gente que quiere compartir y discutir ideas.
-Ahora tienen allí un cuidador.
-Sí, hace un tiempo tomamos la decisión de poner una persona. Incluso la formalizamos, para evitar invasiones. De esta manera hay un solo ocupante en estos momentos.

El “Caso Montenegro”.
No hace tanto tiempo se dio un caso parecido al de Primabus -aunque no igual- con la empresa Montenegro. El empresario se terminó yendo y el lugar quedó en manos del gobierno provincial.
Todo comenzó cuando un funcionario del gobernador Jorge fue abordado por un empresario en Mar del Plata. El hombre le contó cuál era su proyecto -instalar en Santa Rosa una fábrica de maquinarias e implementos agrícolas-, y naturalmente la iniciativa entusiasmó a las autoridades.
Parecía una oportunidad para lograr la radicación de una firma que no sólo podría contribuir al desarrollo industrial -tantas veces postergado en La Pampa-, sino también ser una estimable fuente laboral.
El gobierno provincial le entregó un crédito de 40 millones de pesos a través del decreto 285/2011, firmado por Oscar Mario Jorge. Montenegro se instaló frente mismo al parque industrial y levantó el obrador.
El entonces ministro de la Producción, Abelardo Ferrán, dijo en su momento que “de alguna manera” era el comienzo de una serie de inversiones en la provincia. “Montenegro es una industria que no sólo vende en el mercado nacional, sino que exporta a Venezuela, diversos países de Europa y África. Se trata de un proyecto muy importante dentro del proceso de desarrollo industrial que pretendemos para nuestra provincia”, había señalado.
Se esperaba además que Montenegro consiguiera -además del aporte del gobierno provincial- créditos de otros bancos, y “otros como el del bicentenario, destinados a la fábrica”. Con respecto a la ubicación por fuera del Parque Industrial ubicado hacia el sur de Santa Rosa, dijo Ferrán que era “una decisión de la empresa que quiere tener una vidriera directamente hacia la ruta 35”.
Después, lo cierto es que Marcelo Montenegro no pudo cumplir con nada de lo prometido. Levantó un amplio salón, colocó en el exterior unos pocos carreteles con mangueras, y nada más. Sostuvo que las fluctuaciones económicas lo habían condicionado. En tanto el gobierno provincial lo acusó de no activar nunca la fábrica, y de que no tenía interés en seguir invirtiendo.
Con posterioridad, el gobernador Verna decidió dar de baja el compromiso, y la Provincia le está reclamando judicialmente 50 millones de pesos a Montenegro. El empresario argumentó que la mayoría del crédito había sido invertido en “movimiento de suelos” (incomprobable).
Hoy el lugar aparece cerrado, y por ahora sin destino…

De mano en mano.
Un piquense fue el primer dueño que se recuerda de esos terrenos. Habría sido la misma persona que tramitó préstamos en el Banco Nacional de Desarrollo (Banade) de General Pico, y ante el Gobierno de La Pampa, para aportar a Primabus SA.
Con posterioridad, en 1974 el predio fue adquirido por “El Tenit Argentina S.A. En 1983 lo compra Ingeniería Elten SA. Más tarde el lugar lo habría de comprar el empresario Oscar Alfredo Santajuliana; hasta que en 1999 se lo quedó el Banco de La Pampa, entidad que lo puso a remate y fue adquirido por el Centro de Acopiadores de Cereales de La Pampa.