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De La Pampa al Colón

Manuela Rodríguez Echenique forma parte del ballet estable del teatro más prestigioso del país, en donde interpreta distintos personajes. Además de su trabajo como bailarina, es modelo y estudia Nutrición.
Hasta días atrás su trabajo diario fue interpretar a Mercedes, un personaje de «Don Quijote» de una de las obras más trascendentes de la literatura universal. Y para Manuela «fue un sueño cumplido», justamente sobre las tablas del teatro que desde hace años es como su segunda casa. «Lo hice como solista y como primera bailarina, es un rol que siempre me gustó y tenía muchas ganas de hacerlo. Creo que es un antes y un después en mi carrera porque no solo requiere gran exigencia técnica y elaboración teatral sino que es necesario que exprese lo que ese personaje tan particular demanda».
Manuela Rodríguez Echenique tiene 24 años y es la más chica de una verdadera dinastía de bailarinas en La Pampa: su tía abuela era Noemí Chejolán, fundadora de la academia de baile más antigua de la provincia (con más de 50 años), su mamá María Belén Echenique es quien hoy lleva adelante esa academia y su hermana Candela (28) también forma parte del ballet estable del teatro Colón de Buenos Aires, uno de los lugares turísticos más visitados por argentinos y extranjeros y uno de los patrimonios culturales más importantes del país.
«Fui al colegio María Auxiliadora hasta tercer año porque a los 15 me fui a Buenos Aires. Quinto año lo rendí libre porque había sido contratada en el ballet y a la mañana iba al Instituto Superior de Arte, que es la escuela del Colón, y a la tarde a los ensayos», recordó ‘Manu’ que baila desde los 4 años y que apenas llegó a su nuevo destino comenzó a destacarse.
«En marzo de 2011 estaba recién llegada y la directora que había en ese momento fue a mi curso a ver una clase porque quería contratar a una alumna para tener un refuerzo del ballet, y me contrató a mí. Seguí de esa forma hasta que en 2014 se hizo una audición abierta, un concurso internacional para entrar de forma estable y me presenté. Era eliminatorio y en total había 150 postulantes y solo 11 puestos. Y uno de ellos fue para mí, así que desde entonces pasé a estar en forma estable en el ballet».
Manuela tiene ensayos de martes a sábado de 11 a 17. Participa en todas las obras que presenta el Colón y cumple diferentes roles. Y a esa rutina le agregó su trabajo como modelo: está contratada por una agencia y fue elegida por algunas marcas de las más reconocidas: Ricky Sarkany, Wanama, Lee, Materia, Mancini, Cibeles, María Cher, Como quieres que te quiera y un largo etcétera.
«Mis días son muy movidos y digamos que versátiles», se ríe. «Cuando tengo producciones con una marca voy tratando de acomodar todo -sobre todo con los ensayos- y así cumplir con todas mis responsabilidades porque además tengo que ir a la facultad», dice Manuela que desde 2016 comenzó a estudiar Nutrición.
«Es una carrera que siempre me interesó y es importante y la veo muy ligada con mis dos profesiones. La nutrición y la buena alimentación son un pilar fundamental porque ambas carreras (bailarina y modelo) tienen alta exigencia estética, pero no por eso hay que recurrir a malos hábitos alimentarios sino que con una buena nutrición y con una buena alimentación se puede hacer todo y sanamente».
Antes de llegar al Colón, Manuela participó de numerosos concursos de danza, como Danzamérica, Danzart Siglo XXI, Danza en la Bahía, entre otros, donde fue reconocida con medallas de oro, plata y bronce.
Junto con Candela se dan el gusto de formar parte del ballet estable del Teatro y comparten escenario a diario, un sueño que tienen cientos de chicas pampeanas.
«Para nosotras es algo maravilloso poder hacer lo que nos gusta. De la academia de mi tía salieron un montón de chicas que llegaron al Colón y hoy en día hay otras que están en la Escuela. A quienes tienen esa ilusión les diría que hay que trabajar pero sobre todo hay que bailar y disfrutar con el alma. En el arte todo lo que uno siente, a través del movimiento lo expresa de manera muy transparente. Te desnudás ante el espectador. Además de la técnica hay que disfrutar y transmitir el amor por lo que uno está haciendo, creo que de eso se trata cualquier desarrollo artístico. El objetivo siempre es tratar de transmitir».
Manu y Candela comparten su estadía en Capital Federal junto con su hermano Joaquín (20) mientras mamá Belén Echenique y papá Marcelo Rodríguez viven en Santa Rosa. La danza atraviesa la historia de la familia y es ‘Manu’ el último eslabón de una dinastía que, según ella, tiene para un largo tiempo más. «Disfruto cada día lo que hago y eso es invalorable», afirma muy segura antes de entrar a otro ensayo.
¿Y cuándo descubriste que querías vivir de la danza?
«Siempre me apasionó bailar y sobre todo ballet, y desde chica le dediqué mucho porque mediante concursos y funciones me mantenía activa, pero en ese momento lo sentía como un hobby. Recién a los 16 años decidí modificar mi vida para estudiar en el Instituto Superior de Arte del Colón. Ahí entendí y descubrí que quería esto como profesión y como motor de mi vida».