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Una foto y el retiro de la vieja guardia

Dijo el actual gobernador Carlos Verna durante los ruidosos festejos del domingo luego de conocido el cómodo triunfo electoral del PJ: «Con Marín ya cumplimos entregando el mandato a otro peronista, ahora les toca a ustedes seguir». Se estaba dirigiendo a la dirigencia y a la militancia, y estaba cumpliendo con el rito ancestral del traspaso del poder.
Pero no solo en el peronismo está sucediendo este cambio determinado por la biología y que en el trajinar diario de la política suele pasar desapercibido. En filas radicales se vive un proceso similar y hay algunos casos que lo ejemplifican muy bien como el diputado provincial Martín Berhongaray o los hermanos Leandro e Hipólito Altolaguirre, uno jefe comunal saliente de Santa Rosa y el otro presidente provincial del partido.
En el interior provincial está ocurriendo una evolución similar en las intendencias y los concejos deliberantes aunque no tengan tanta visibilidad mediática como lo que acontece en la capital. Y también es altamente significativo, en el marco de esta renovación de la política, que en dos importantes comunas del interior: General Pico y Eduardo Castex, dos mujeres fueran electas intendentas por primera vez.
A pesar de que el fenómeno atraviesa a todos los espacios partidarios es en el peronismo -cuya centralidad en la vida política pampeana es indiscutible- en donde este proceso está alcanzando contornos más destacados por el peso específico de las figuras que están involucradas. Como en la carrera de postas, la vieja guardia está entregando el testimonio y dejando que la nueva generación ocupe su lugar. No es una tarea menor pues es el partido que tiene la responsabilidad de conducir el gobierno, por lo tanto el que deberá demostrar que tomó las mejores decisiones a la hora de definir los relevos.
La foto del domingo de la conferencia de prensa ante los medios nacionales fue muy ilustrativa. Tres generaciones estaban sentadas en esa mesa luego de conocido el triunfo electoral: Rubén Marín y Carlos Verna, la vieja guardia que irrumpió en los setenta y los ochenta del siglo pasado y acaba de anunciar el paso al costado; Sergio Ziliotto y Mariano Fernández que representan a la «generación intermedia» y Luciano Di Nápoli, el treintañero que acaba de ser ungido intendente de la capital provincial y es un exponente de la nueva ola peronista.
La política argentina siempre fue un territorio de personalismos, y nuestra provincia no escapó a ese destino. Casi siempre han prevalecido los nombres a las doctrinas, y los liderazgos han sido tan determinantes que en la práctica han terminado siendo casi un sinónimo de la política. Términos como «irigoyenismo», «peronismo», «alfonsinismo», «kirchnerismo», «macrismo» son un sello distintivo de la política nacional. Y aquí en La Pampa, para no ser menos, tenemos nuestros «marinismo», «vernismo» o «torrobismo».
Frente a esta primacía de los liderazgos -incluso en desmedro de los programas- las figuras adquieren una trascendencia particular y terminan siendo determinantes en la vida de la sociedad. De ahí que aquellas palabras del gobernador pronunciadas en medio de los festejos trascendieran lo anecdótico.