Inicio La Pampa Una tradición que sigue vigente

Una tradición que sigue vigente

SE HIZO FIESTA POR EL DIA DEL TRABAJADOR EN ATALIVA ROCA

El casco del campo «Don Angel», de «Rolo» Bianco, se vistió de fiesta ayer para agasajar a los trabajadores en su día. De la celebración participaron unas 600 personas y se asaron 800 kilos de carne.
El tradicional festejo por el Día del Trabajador volvió a celebrarse ayer en el casco del establecimiento «Don Angel», donde su anfitrión, Rodolfo Isodoro «Rolo» Bianco, agasajó a poco más de 600 personas que llegaron desde varios puntos de la provincia.
El festejo se lleva a cabo de manera ininterrumpida desde hace 18 años y en él se reúnen amigos, vecinos, conocidos de otros amigos y también funcionarios de turno (hubo hasta candidatos para gobernar la Provincia o para ser jefes comunales) cercanos al anfitrión, quien solamente exige como condición disfrutar de «su día» y olvidar por un momento aquellas diferencias que los distancian.
En contraposición al año anterior, el clima ayer acompañó en todo momento durante los festejos y los más de 20 grados de temperatura fueron vitales para que la jornada sea disfrutada en su plenitud por los asistentes.
Como ocurre anualmente, el anfitrión no dejó de moverse por todo el predio y con sobrados apretones de mano, y el mensaje de «Feliz Día», «Rolo» fue dando la bienvenida a medida que los invitados comenzaron a llegar.
La fiesta estaba en marcha, las familias fueron ocupando sus lugares a lo largo y ancho del casco, rodeando la casa y el caldén, que según dicen es milenario. Apostados en sus sitios, los presentes degustaron los chorizos y las sabrosas carnes de cerdo, cordero, potro, burro y llamitas; aguardando el momento más esperado de la fiesta, que es cuando Rodolfo Bianco se acerca a la parrilla para cortar la vaquillona con cuero que espera lista sobre un armazón de hierro.
En ese entonces se produjo una acción que quedará inmortalizada en varios de los presentes, cuando «Don Rolo» colocó sutilmente el primer corte de la vaquillona con cuero entre dos cortezas de pan (un típico sándwich), que luego le dio en la mano a su hija mayor, Verónica. Aquella manera de «inaugurar» la celebración puede compararse incluso con lo que vendrá más adelante, pasar el legado de mano en mano; encomendar las futuras fiestas del Día del Trabajador a las próximas generaciones.

«Inconscientes totales».
Para entender lo que significa para la familia anfitriona realizar un evento de tales magnitudes, LA ARENA dialogó con los hijos de Rodolfo Bianco, «Vero» y Claudio; también con amigos muy cercanos a él, quienes nunca lo abandonan y que lo siguen en cada «locura».
Respecto a la fiesta, la hija mayor comentó que el festejo (que empezó como un asado entre 30 amigos) «no se toma como un evento en el que decís ‘necesito un organizador’ o ‘necesito gente’, no, es algo que se hace día por día. Se organiza trabajando. No necesita de tanto como parece para el que es de afuera, sino que es una organización diaria del trabajo de campo».
Estimativamente hubo entre 500 y 600 personas, y cada año varía dependiendo el clima que toque. El año anterior, por ejemplo, hubo cerca de mil asistentes… y ante ello Verónica dejó claro que recibir a tantas personas «se toma como algo muy natural, somos todos inconscientes totales. Mi papá, y nosotros, que lo heredamos de él», aseguró con una sonrisa.

Control.
Claudio, por su parte, sostuvo que «la organización fue muy buena, todos trabajamos. Pero hay mucha gente que no se ve y que trabaja desde hace un mes para que hoy (por ayer) no falte nada». En ese sentido dejó al descubierto que fue el segundo año «que se realiza el festejo con control de entrada», ya que «venía mucha gente y a veces se descontrolaba. También este es el primer año que está controlado también el tema de cortar la carne, más que nada para que alcance para todos y que no haya inconvenientes», puntualizó.
En ese momento Claudio se detuvo un segundo y dijo: «capaz que para el que lo ve desde afuera piensa que esto ‘no es fácil’ o que ‘es imposible de hacer’, pero son muchas personas trabajando. Así lo hacemos posible».

Alegría de agasajar.
Seguramente no cualquier persona esté preparada para organizar una fiesta de este calibre, y es por eso que Verónica aseguró que poder llevarla a cabo depende más que nada de la personalidad de su padre: «no nos damos cuenta de la dimensión que tomó esta fiesta. La gente llama por teléfono para comprar la entrada, y las entradas no se venden, son invitaciones. La gente te habla de la fiesta, pregunta si tiene que traer algo y cuando le decís que sólo tienen que venir, no entienden. Bueno, nosotros igual, no podemos entender la dimensión a la que llegó todo esto».
«Tiene que ver con la personalidad de papá, él es un personaje. Y él hace de la amistad un culto. ¡Mi papá es como un personaje caído no sé de que galaxia!», dijo con orgullo la mujer y agregó que «a él le da alegría hacer esto y está bueno acompañarlo. El se pone muy feliz de recibir a toda la gente y de agasajar. Es pasar un día diferente y de conmemorar el Día del Trabajar, y él lleva la bandera del trabajo».

Inculcar el trabajo.
«Rolo» vive hablando de trabajo, y sus hijos aseguran que el hombre «inculca el trabajo» a diario. Quizá esa pasión sea contagiosa para su alrededor y se ve en cada persona que colabora en la organización. Por eso es necesario destacar las tareas del grupo de Boy Scouts San José Obrero, que brindaron su tiempo para la colocación de mesas y sillas, como también en la organización y en el servicio a los comensales, y que estuvieron casi toda la semana trabajando.
«Son parte de la casa, parte de la familia, somos todos familia», dijo Claudio, quien recordó además la destacada labor (de muchos) pero sobre todo del tridente encargado de hacer el asado, integrado por los hermanos Maximiliano y Gustavo Fernández y Maximiliano Klundt, jóvenes de Ataliva que desde hace un tiempo se someten a las altas temperaturas de las brazas. «Todo esto es un trabajo importante que, sin dudas, vale la pena».