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Usina histórica de Dorila

El vecino dorilense Juan Carlos Moreno pretende restaurar la vieja usina eléctrica de la localidad, que se declare patrimonio histórico y que sea un lugar de visita obligada para toda persona que llegue al pueblo. Al ser visitado por LA ARENA mostró el estado en que se encuentra la vieja maquinaria, explicó sobre su funcionamiento, contó acerca la historia de su instalación, y se mostró entusiasmado con poder restaurarla.
La usina de Dorila se instaló a finales de la década de 1920 y permaneció activa hasta mediados de 1960. Durante ese tiempo sirvió para darle energía eléctrica a los hogares de la localidad (poco más de algunas decenas de casas) que eran muchos menos que las que hay hoy, y con una demanda menor que la actual.
«Cerca del año 1930 empezaron a ponerse las usinas en todos los pueblos por una resolución del Gobierno provincial. Así los pueblos chicos iban a tener luz desde la puesta del sol hasta la medianoche. Acá se compró un motor Deutz de 25 HP (caballos de fuerza) y se usaba para el consumo de las casas, que antes era muy poco», contó Moreno.
La usina se instaló en un edificio que quedó dentro de un inmueble municipal, que hoy funciona de depósito y corralón. Desde mediados de la década del 60 que no funciona, cuando «vino la luz desde Pico», y el anhelo es ponerla otra vez en marcha y que sea declarada patrimonio histórico.
«Funcionó hasta el año 1964, más o menos, que vino la luz de General Pico, y desde ahí que tenemos energía eléctrica las 24 horas», manifestó.

Vínculo familiar.
Moreno es parte de una familia tradicional del pueblo. Su padre, Pedro Moreno, fue fundador de Metalúrgica «La Dorita», que supo emplear a una veintena de trabajadores y que fabricó y vendió implementos agrícolas, desde Dorila a diferentes provincias del país. Entre los productos se destacan bombeadores, palas mecánicas, enfardadoras, cinceles y levanta- rollos.
«Mi padre fue fundador de La Dorita, que fue una fábrica de implementos agrícolas muy conocida en La Pampa. Fabricaba bombeadores y fue la primera fábrica de palas mecánicas en Argentina, que se vendían desde Venado Tuerto hasta Bahía Blanca», recordó.
El propio taller de «La Dorita» supo tener su propio generador de energía, de fabricación «casera», que funcionaba de modo independiente de la usina. Incluso una vez que se averió la usina del pueblo, «La Dorita» le dio electricidad a toda la población.
Moreno contó que esa vez, durante poco más de dos semanas, el taller les dio energía a las viviendas desde el atardecer hasta media noche, y que 15 minutos antes que se cortara, cerca de las 0.15, su padre daba un aviso bajando la tensión de la energía. Su vínculo con la usina también es familiar, dado que Sebastián Moreno, su abuelo paterno, trabajó mucho en el lugar hasta que una pérdida familiar lo alejó de ahí para siempre.

Patrimonio histórico.
En su vida, Moreno fue durante mucho tiempo titular del Juzgado de Paz de Dorila, y un entusiasta piloto de las carreras automovilísticas de la época. En la actualidad forma parte del grupo de historiadores del norte de La Pampa, y guarda en el taller familiar viejas máquinas de principios del siglo pasado, recortes periodísticos y otros objetos de importante valor sentimental. Y desde su papel de guardián de la historia local, es que pretende resguardar la vieja usina como patrimonio del pueblo. Es por eso que les planteó a los concejales locales que la declaren patrimonio histórico, y le pedirá a la intendencia el apoyo necesario para reacomodar el lugar y reacondicionar las máquinas.
«Les pedí a los concejales que la declaren patrimonio de Dorila. Yo quiero conformar una comisión para poder limpiar el lugar, acomodarlo y que la gente venga a verlo. La idea mía es hasta ponerla en marcha, y sé que se puede. Yo conozco gente que reacondiciona tractores que encuentra tirados por ahí. Es decir que hay repuestos», mencionó.

Piezas originales.
El edificio donde funcionó la usina da a la calle, y se ubica a escasos metros de la calle principal del pueblo. Se accede por una puerta trasera que está cerrada con candado. En su interior aún está el tablero original, y el gigantesco motor Deutz que fue comprado en Buenos Aires (en un comercio oficial).
La usina, según explicó Moreno, funcionaba con un tubo de aire comprimido, que ya estaba conectado al motor. Además «se le aflojaba una llave, se le colocaba el cigüeñal y empezaba a girar». Frente al motor, colgado de una pared, todavía está el tanque de combustible que se tenía que llenar cada día para darle energía al pueblo. En el exterior funcionó una pileta que mandaba agua por unas tuberías subterráneas para refrigerar el motor.
El sueño de Juan Carlos Moreno es que la vieja usina de Dorila sea declarada patrimonio histórico de la localidad, y que además, se pueda poner en marcha como en aquellas décadas en que alumbraba el anochecer de cada uno de los hogares.