Vivir entre las penumbras

CINCO MENORES Y DOS JOVENES PADECEN UNA SITUACION DE PRECARIEDAD, SIN LUZ NI GAS

Uno de los hijos es epiléptico. Les cortaron la energía eléctrica y aseguran que no se la quieren reconectar porque los padres no tienen una situación laboral estable. La deuda cada día asciende y la familia está desamparada.
Una familia compuesta por una pareja de jóvenes, Pamela Pareja (de 27 años) y Juan Pablo Sánchez (28), y cinco hijos menores de edad de 11, 9, 7, 5 y 4 años -uno de los cuales es epiléptico y asmático-, viven desde hace ocho meses, o 240 días, como si hubiesen regresado a la Edad Media: sin energía eléctrica.
Tienen su casa en la calle Dughu Thayen al 147, entre Gaich y Corona Martínez, del barrio Néstor Kirchner de Santa Rosa, y en febrero les cortaron la luz por la deuda que contrajeron cuando la mujer dejó de percibir la Asignación Universal por Hijo como consecuencia de un problema burocrático que apareció y no se solucionó (aparentemente Sánchez figuró de repente en el sistema como trabajador en blanco del Ejército, pero él dejó ese trabajo en el 2009).
En noviembre se cumplirá un año desde la última vez que dejaron de recibir la ayuda de la AUH, que superaba apenas los 5 mil pesos, y como ninguno de los dos adultos tiene un trabajo estable, no hay manera de poder cumplir con las boletas de los servicios básicos, ya que no sólo es la electricidad de lo que están privados.
El gas también se lo cortaron. Las gélidas noches de junio y julio fueron atravesadas por esta familia en la soledad de la oscuridad y también con absoluto padecimiento, porque quedaron a la intemperie del frío helado. Cuatro de los hijos se enfermaron y, según narra la madre, estuvieron prácticamente todo el invierno en la posta sanitaria del barrio.
Esta posta permanece ahora toda la noche de guardia, ya que en la zona hay siete chicos que son epilépticos y cuyos padres no tienen transporte para trasladarse al hospital cuando ocurre una emergencia. Producto de la fiebre que contrajo durante meses por el frío al no tener calefactor, la madre, Pamela Pareja, cuenta que aumentaron las convulsiones de su hijo.

Deuda.
Ahora que el invierno pasó, el problema central volvió a ser la luz eléctrica. La patología del pequeño de siete años -que comenzó a sufrir convulsiones a los dos-, es el drama principal por la peligrosidad que implica la enfermedad. Durante la noche, al no tener luz, persiste siempre el temor de que tenga un episodio epiléptico.
El deterioro de la calidad de vida durante tanto tiempo sin electricidad es impensado. No hay manera de conservar ningún tipo de alimento y los chicos, como es natural, se tienen que acostar bien temprano. Por otro lado, tuvieron que vender todos sus electrodomésticos y muebles, para juntar algún dinero y porque resultaban inservibles sin energía eléctrica.
Para recuperar la energía eléctrica hoy tienen que depositar 19 mil pesos -cifra que aumenta cada día-, por los intereses que se acumularon desde el último día que no pudieron pagar más. Según cuentan, el mes pasado juntaron dinero para entrar en un plan de pagos, pero como los adultos no tienen trabajo estable, no se los aceptaron ya que les dijeron que el mes siguiente tendrían el mismo problema.
Como si esto fuera poco, tienen que pagar una multa de 20 mil pesos, que sería refinanciada con la boleta de la luz el día que lo reconecten. Esto sucedió porque una vecina los denunció al darse cuenta que otro vecino más solidario les había otorgado la posibilidad de conectarse a través de su propio cable. En consecuencia, ahora no sólo tienen la multa sino también censores que imposibilitan cualquier tipo de vía alternativa.

Piden ayuda.
Los padres están desesperados. El aumento de la luz también fue uno de los factores que provocó que la peluquería donde la mujer trabajaba cerrara, de modo que quedó desempleada y ahora sobrevive ayudando algunos días a la semana, cuando la urgencia lo amerita, a su padre en su gomería. La joven madre asegura que no hay trabajo, pese a su vasta experiencia en distintos rubros, como por ejemplo catering y limpieza.
El hombre no puede entrar a ninguna empresa en blanco porque nadie lo acepta: cayó al abismo del vacío legal cuando le apareció un sobrehueso en una de sus piernas producto de un accidente que tuvo tiempo atrás. Para el Estado no llegó a dañarse lo suficiente porque quedó con el 52% de discapacidad, mientras que el porcentaje estipulado para recibir ayuda e ingresar al cupo es del 78%. Actualmente hace changas cuando la oportunidad se presenta.

Ayuda.
El día a día desde temprano es una odisea. Se alimentan con el escaso dinero que pueden recaudar, con ayuda de comedores y de otras fundaciones. En la escuela les han donado algunas zapatillas para los chicos, útiles y mochilas, que naturalmente con el paso del tiempo se van rompiendo y/o quedando chicos.
Cuentan que diferentes diputados y funcionarios se han acercado, pero solo a escuchar. Esto ha desilusionado profundamente a la familia. Piden ayuda de cualquier tipo para que puedan reconectar la energía, ya que con el tema de los alimentos, y demás necesidades, la joven pareja asegura que con mucho esfuerzo se las rebuscan para que sus hijos no pasen hambre; pero que a la luz no la pueden fabricar.