Vivir sin baño

“Hace cuatro años que no podemos utilizar el baño porque rebalsa todo, estuvimos dos años y medio utilizando un balde con aserrín, como los gatos, y hace un año y medio que tenemos un baño químico”, denunció una pareja de jóvenes que viven en cercanías a la calle Anza, al sur de la ciudad, uno de los puntos más críticos en materia de sanidad de la capital pampeana.
Un equipo periodístico de LA ARENA estuvo en el lugar y corroboró el complicado panorama que les toca vivir a diario tanto a esta pareja como a todos los vecinos en el límite de los barrios René Favarolo y Fonavi: arroyos de líquidos cloacales, rebalses de cámara sépticas y un olor nauseabundo que, lamentablemente, es constante.
La situación no es nueva, así como tampoco los reclamos de los habitantes de la zona, quienes tuvieron que cambiar radicalmente sus hábitos y rutinas para poder convivir con esta problemática. Es que en algunas viviendas, hasta la utilización de los sanitarios quedó totalmente prohibida.
En este sentido, una pareja que habita una vivienda sobre Pico al 1700, a media cuadra de la calle Anza, es un claro ejemplo del delicado estado sanitario atraviesa este punto de la capital pampeana, ya que llevan varios años sin poder utilizar el inodoro para poder hacer sus necesidades.
“Hace cuatro años que no podemos utilizar el baño porque rebalsa todo, estuvimos dos años y medio utilizando un balde con aserrín, como los gatos, y hace un año y medio que tenemos un baño químico”, explicó Natalia a este diario, mientras mostraba el pequeño artefacto adquirido en una plataforma de ventas por Internet y que suele utilizarse en los colectivos de larga distancia o en algunos campings. “Por como estábamos viviendo decidimos comprar uno”, admitió.
“Ahora estamos un poco mejor que antes porque hace unos años directamente utilizábamos un balde con aserrín, aunque tampoco es lo mejor. Si bien no tiene ese olor característico de los baños químicos, tenemos que higienizarlo bien para que esto no suceda. Lo vaciamos una vez a la semana, a veces cada algunos días”, relató la pareja.
Cansados de esperar una respuesta concreta a la problemática, que cada vez parece ser más lejana, estos jóvenes como también otros vecinos están analizando mudarse. “Cuando podamos, nos vamos a ir de acá porque así no se puede vivir, estamos rodeados de contaminación y hace cuatro años que no podemos invitar a nadie por no tener un baño en condiciones”, se quejó la pareja.

Petitorio.
Ante la falta de respuesta de la municipalidad santarroseña, un grupo de vecinas decidió actuar en consecuencia y firmaron un petitorio para que sea entregado al intendente Leandro Altolaguirre, donde reclaman obras y limpieza para apaciguar la crisis sanitaria que atraviesa la zona.
La mayor parte de las casas ubicadas sobre la calle Anza, entre Lordi y Circunvalación Sur, sufren constantes anegamientos por el ingreso de aguas servidas al interior de las viviendas. “Cansadas de reclamar sin tener respuestas acordes a la situación que atravesamos, en la presente semana las vecinas de la calle Anza, intersecciones Víctor Lordi y Circunvalación nos reunimos con la concejala Claudia Giorgis. Además de intercambiar opiniones sobre el estado en que nos encontramos, le hicimos entrega de un petitorio con más de 200 firmas que hace 20 días hemos enviado al Intendente”, explicaron las vecinas.
Entre las historias que escuchó la concejala estuvieron las de los fuertes olores producto de los gases cloacales que invaden la zona. Algunas de las mujeres presentes relató cuál fue el impacto que la situación, extendida en el tiempo, tuvo en su salud: irritaciones en los ojos, dermatitis, sarpullidos y ronchas y dolores de cabeza.

“Indigencia sanitaria”.
Para ellas, la que atraviesan es una situación de “indigencia sanitaria”, que les provoca la sensación de “abandono de persona por parte de quienes tienen la obligación de bregar por nuestro bienestar”. Aseguraron que culpa de la crisis el barrio cambió su fisonomía, plagada en la actualidad de desbordes de aguas servidas: “una cloaca a cielo abierto”.
Añadieron que también experimentaron una alteración de sus patrones de conducta: “A los lavarropas los utilizamos descargando los líquidos a la calle, nos mantenemos encerrados con puertas y ventanas herméticamente aislados a los fines de intentar, sin conseguirlo, que los gases y emanaciones queden afuera. Todas estas precauciones derivan en un sinsentido, dado que dentro de las viviendas se desbordan las rejillas, los inodoros, rebalsan las cámaras”.
“Hace más de tres meses que los baños de las casas son prácticamente inutilizables y en algunos casos, hace mucho tiempo ya, tuvieron que adquirir baños químicos para poder seguir en nuestra propia casa, lo que implica, obviamente, un desembolso económico por parte de los vecinos”, añadieron.
Según el parte de prensa emitido por las vecinas, la concejala Giorgis se comprometió a solicitar al Ejecutivo municipal que realice periódicamente la limpieza de las bocas de registro para lo cual es necesario el funcionamiento de la bomba ubicada en la esquina de Chile y Lope de Vega, de manera permanente, automatizada y controlada. Las vecinas aseguraron que cuando la bomba de la calle Chile funciona normalmente se alivia el escurrimiento de líquidos.