Buscan a los asaltantes de refugiado húngaro fallecido

(General Pico) – La policía intensifica los rastrillajes para atrapar a las personas que golpearon salvajemente a Erno Prenner, el vecino que murió hace cinco días como consecuencia del ataque.
Dejó una carta con instrucciones para el día de su muerte y pidió ver a uno de sus hijos. Horas después, la vida de Ernno Prenner (73) se apagó en una sala de terapia intensiva del hospital Gobernador Centeno, después de cinco meses de agonía. Ahora, los investigadores buscan hallar a los responsables de la golpiza que le propinaron una noche de julio y que lo había dejado en estado de coma durante largo tiempo.
Una fuente policial aseguró ayer que “son muy optimistas” con respecto a los avances de la investigación y no se descartan nuevas personas relacionadas con el cobarde hecho. En principio fueron dos los jóvenes detenidos por el ataque, aunque después fueron liberados por el juzgado de turno, que argumentó “falta de mérito”. La fuente indicó que hay más nombres en carpeta sobre los posibles autores del robo que derivó en la muerte.
Al momento del ataque, Prenner estaba solo en su humilde vivienda de calle 25 y 104. Sus movimientos eran medidos ya que sufría la parálisis de medio cuerpo y estaba indefenso ante cualquier acto. Desde el principio se sospechó que “al menos dos personas” actuaron la noche del 24 de julio, cuando ingresaron al lugar y al encontrarse con el morador lo golpearon varias veces en la cabeza. Su cuerpo quedó tendido en el piso hasta la mañana siguiente cuando un familiar lo encontró.

Refugiado.
Detrás del hombre solitario y de carácter terco, según su propia familia, está la historia de una persona que fue capitán del ejército húngaro y que se había sumado a la rebelión popular que resistió el avance de las tropas soviéticas en 1956, cuando los tanques rusos invadieron Budapest, la capital de Hungría.
Quizás, los implicados no sabían que al momento de golpear a ese hombre roído por la sal del tiempo, con medio cuerpo paralizado, estaban ante un refugiado húngaro. Uno de los 1.020 que acogió argentina cuando comenzó el éxodo, casi todos descendidos de los barcos. Según las estimaciones oficiales, en aquel fin de año de 1956 fueron casi 200 mil los húngaros que se alejaron de su patria.
Prenner, a quién llamaban Ernesto, se afincó primero en Buenos Aires, donde formó una familia y tuvo dos hijos. A los pocos años llegó a La Pampa, al pueblo de Telén, donde se dedicó a los trabajos de pintura de todo tipo. Desde viviendas, hasta galpones y carteles. Su carácter le trajo más de un problema y nunca pareció adaptarse al país. Luego de un tiempo, dos nuevos hijos formaron parte de su vida y se afincó en General Pico. “Le gustaba estar solo y muchas veces rehusaba de la ayuda”, contó Juan uno de sus hijos, que rechazó la idea de que su padre estaba abandonado por la familia. “Eso es mentira, antes del ataque que sufrió, estuvo unas semanas en mi casa, pero no quería quedarse allí. Un médico le había recomendado una dieta”, agregó.
Juan, al igual que el resto de la familia, confía en que las autoridades policiales darán con las personas que atacaron a su progenitor, aquel hombre que no eligió el lugar dónde quería vivir. Sólo subió al barco que le indicaron.