Ex inquilina reconoce deuda con la CEW

La vecina winifredense de apellido Cortes expresó que está dispuesta a firmar un convenio de pago con la cooperativa eléctrica local (CEW) para regularizar una abultada deuda de luz y telefonía celular que dejó en la vivienda que alquilaba junto a su pareja y de la cual ambos se fueron, según ella, por “los disgustos” que le provocó el santarroseño Oscar D’amico, apoderado del propietario del inmueble, ubicado en la avenida Raúl Alfonsín de esta localidad.
El hombre contó recientemente que solicitó la reconexión del servicio eléctrico para un nuevo arrendatario y desde la entidad le negaron la prestación aduciendo que antes se debía abonar los servicios adeudados por la titular del medidor, que fue desconectado hace pocos días.
“Es mentira cuando dice que mi pareja quiso alquilar la casa por cuatro meses porque siempre conversó conmigo y nunca pusimos un plazo para habitarla. También miente cuando manifiesta que la última vez que le pagamos el alquiler fue en diciembre del año pasado porque el último pago lo efectuamos en marzo de este año”, narró Cortes.
“Es cierto que nos venía pidiendo que nos fuéramos, entonces acudimos a la municipalidad en busca de ayuda. La secretaria de Acción Social se comunicó con él y le pidió que nos dejara un tiempo más, pero veinte días después nos cortó el gas natural”, agregó.
Ese medidor figura a nombre de D’amico y registra deuda. “Decidimos quedarnos porque no teníamos adónde ir y fue entonces cuando empecé a recibir de noche llamadas telefónicas amenazantes y un día estacionó una traffic, se bajó un hombre para decirme que tenía que desalojar la casa lo más rápido posible caso contrario nos vendrían a sacar como sea”, indicó la mujer.

Sin muebles.
En agosto, Cortes y su pareja se iban a dormir de noche a la casa de barrio de su mamá y al día siguiente regresaban a la otra morada. Una mañana advirtieron que la puerta estaba abierta y habían desaparecido casi todos los muebles de mayor valor.
“Estoy segura que se los llevó D’amico aunque él no quiere reconocerlo. El valor de lo sustraído asciende a $50 mil y radicamos una denuncia. Después nos fuimos porque no soportamos tantos disgustos y ahora vivimos amontonados en la casa de mi mamá. La deuda se generó porque estamos mal económicamente, pero dispuestos a firmar un convenio de pago cuando nuestra situación mejore”, concluyó.