Más balazos en la F-100

HOMICIDIO DEL CAZADOR DE LONQUIMAY

La Justicia provincial concretó ayer la reconstrucción del incidente que produjo la muerte del cazador Santiago Garialdi en un cruce de caminos vecinales entre Lonquimay y La Gloria. El procedimiento se extendió hasta las primeras horas de la noche. Según pudo saberse, los peritos de Gendarmería nacional detectaron tres disparos en la camioneta de los cazadores que hasta ahora habían pasado desapercibidos. También se conoció la existencia de otro impacto de bala en el cuerpo de Garialdi. Para los cazadores, en el lugar del hecho hubo no dos sino tres personas, y todas ellas dispararon sus armas contra ellos.
La reconstrucción de la muerte de Santiago Garialdi comenzó a las 16.00 y se extendió hasta pasadas las 21.00. Se hizo en el lugar en que la noche del 24 de julio policías y cazadores cruzaron sus camionetas y se produjo el tiroteo que cobró la vida de Garialdi, un hombre de 38 años oriundo de General Pico -como todos los ocupantes de la F-100- que hacía de reflectorista. Es un cruce de caminos ubicado a unos 3.000 metros de la ruta nacional 5. Uno de los caminos tiene sentido norte-sur que desemboca en el kilómetro 554 de esa ruta, y el otro es el “camino del cementerio” que lleva directamente hasta Lonquimay. En el lugar se encuentra una pequeña arboleda que permite disimular la presencia de un vehículo.
La reconstrucción fue ordenada por el juez de control Gabriel Tedín y contó con la presencia de la fiscal del caso, María Cecilia Martiní, los abogados José Mario Aguerrido -representante de los policías- y Omar Gebruers -patrocinante de la familia Garialdi-, y los peritos de Gendarmerá.
El policía Norberto García llegó al lugar en el auto de Aguerrido y esperó allí a que la Justicia lo llamara para dar su versión. La noche del ataque García estuvo en el lugar, pero los jueces creyeron su versión de que no disparó y ordenaron su libertad.
El policía Fernando Safenreider -sindicato como autor material del disparo fatal- llegó en una unidad de traslado de detenidos y esperó allí su turno para la reconstrucción. Safenreider permanece detenido desde aquella noche.
La prensa no pudo observar de cerca el procedimiento ya que por orden del juez debió quedarse a unos 300 metros del cruce de caminos.

Reconstrucción.
La reconstrucción empezó con un estudio minucioso del lugar del incidente y luego se vio al personal de Gendarmería inspeccionar nuevamente la camioneta de los cazadores, oportunidad en que detectó una marca más compatible con un disparo de arma de fuego.
Esta marca se encontró en una chapa que se encuentra frente a la torreta del tirador, una pieza que llaman “cortaviento”. En este caso, la pieza metálica es deslizable hacia arriba y hacia abajo y por ello no había sido vista con anterioridad. “Cuando levanté el cortavientos, los peritos detectaron la marca”, contó Arroyo, propietario de la camioneta. “Yo creo que si no me hubiera agachado, esa bala me pegaba a mí”, elucubró.
Esta marca se suma a las dos que se hallaron el martes en el peritaje realizado a la camioneta de los cazadores. Esas dos se detectaron en la torreta de la camioneta, en un apoyabrazos acolchonado que facilita la maniobra del tiro.
Estos rastros, comentaron los cazadores a la prensa, no son compatibles con un arma reglamentaria de la policía sino con perdigones de escopeta. El dato refuerza su hipótesis de que los dos policías dispararon contra ellos, Safenreider con el arma reglamentaria y García con una escopeta.

Otro tiro.
“Para nosotros hubo otra persona en el lugar, y esa también disparó”, comentó el cazador Mario Arroyo luego de prestar su testimonio en la reconstrucción. Arroyo fundó su apreciación en que había vainas servidas del otro lado del camino -un dato que no había trascendido hasta ahora- pero no recuerda que hubiera una pausa entre una primera tanda de disparos -la que se hizo desde la camioneta policial- y la segunda -la que esa misma persona había hecho tras cruzar el camino. “Todos los disparos fueron juntos”, afirmó.
Arroyo también reveló que junto a la camioneta policial se encontraron tres cartuchos de escopeta, los que podrían haberse caído o bien fueron desechados. “Yo vi el fogonazo de otro arma”, reiteró el piquense, insistiendo en que García también disparó.
“Estamos convencidos que hubo tres personas y que todas nos dispararon”, reiteraron Arroyo, Casabbone y Juan Costilla, el joven que iba en el habitáculo esa noche cumpliendo la función de “galguero”.

Garialdi tenía otro disparo
Otro dato que comentaron los cazadores tras terminar su participación en la reconstrucción, fue que el cuerpo de Santiago Garialdi presentaba un segundo disparo en su cuerpo. En este caso no fue un impacto directo sino un roce en uno de sus antebrazos. Fue detectado la misma noche del crimen por el comisario Luis Blanco, uno de los jefes de la Unidad Regional I que estuvo en el hospital de Lonquimay. Esta marca habría sido provocada por un perdigón de escopeta, según quienes la vieron. Hasta ahora se desconocía su existencia.