Un águila se eleva

(Colonia Barón) – Hace cuatro años, personal del Departamento de Fauna Silvestre, dependiente de la Dirección de Recursos Naturales de la provincia, rescató un águila mora pichón cuyos captores le habían cortado sus alas para evitar que se escapara de su cautiverio. El ejemplar fue llevado a Colonia Barón donde los cetreros Arturo Solaro y Alicia Di Cola se dedican a la recuperación de aves rapaces víctimas de la cacería, la electrocución y otros accidentes que sufren estas especies.
Ambos le practicaron de manera sigilosa un injerto de 46 plumas con el propósito de que recuperara sus extremidades y volviera a volar. El tratamiento dio resultado.
Esta águila mora recuperada fue una de las atracciones del V Encuentro Internacional de Cetrería, que se realizó el fin de semana en esta localidad, bajo la organización de los cetreros baronenses.
Solaro primero le dijo a LA ARENA que este acontecimiento significó “juntar a la mayoría de la comunidad cetrera argentina para pasar dos o tres días compartiendo opiniones, aprendiendo unos de otros y enseñándoles a algunos cetreros nuevos lo que uno puede”.
Luego, señaló que exhibió halcones peregrinos, un parabuteo o Harris -normalmente llamado gavilán- y un águila mora macho, que convive junto a él y su esposa desde hace cuatro años y fue el primero que tuvieron en rehabilitación.
“Lo fuimos a buscar a Toay donde estaba capturado en un gallinero. Le habían cortado todas las alas al ras para que no volara. Estaba bien de gordura, pero era alimentado con tripa de pollos y otras cosas que no se pueden dar”, recordó. “Lo trajimos y le injertamos 46 plumas. Es un trabajo de mucha precisión y muy tedioso porque es pluma por pluma”, admitió el orador, para luego explicar cómo se realiza el implante.
“La pluma que está cortada queda porque está insertada naturalmente en el cuerpo del ave. La pluma que se implanta es hueca, entonces se utilizan distintos elementos para unir el pedazo que está en el animal con el que nosotros le injertamos”, indicó.
“Hay que conseguir plumas de la misma especie y del mismo sexo porque las hembras son mucho más grandes que los machos y por ende sus plumas son mucho más largas. Estas las conseguimos, muy desgraciadamente, de unas águilas electrocutadas entre Trenel y Rancul. Le pusimos 46 plumas y salió volando”, agregó.
Al ave se le coloca un accesorio para que permanezca tranquilo cuando se le realiza el injerto. “Se le pone una caperuza, que le tapa la vista. El animal queda sedado y le produce ausencia de miedo, es muy efectivo y se utiliza mucho en cetrería. Después hicimos un chaleco como los que usamos nosotros, de un lado abierto para pasar el ala sobre la que trabajamos. Terminada esa, que nos lleva más de un día, seguimos con la otra”, precisó.

Cambio en verano.
Las aves rapaces cambian la totalidad de sus plumas durante el verano. Las águilas tienen la particularidad de que lo hacen de manera “parcial”, es decir, “mudan” una parte de su plumaje un año y al siguiente completan la renovación.
“En esa etapa de la vida del ave es muy importante que la alimentación sea la correcta para que la pluma nueva nazca fuerte, flexible y brillosa”, señaló Solaro, quien alimenta a sus pájaros con palomas y además tiene un criadero de codornices, que reemplazan a la perdiz. Cazadores le aportan “bichos naturales” para que sus aves tengan una dieta variada y balanceada.
El águila mora rehabilitada por los cetreros locales “nunca” podrá volver a su medio ambiente natural porque “al tenerla desde pichón y tanto tiempo, le pierde el miedo a los humanos, en cetrería se denomina impronta. El águila reconoce como su padre al ser humano y le pide comida, entonces liberarla implica que se va a ir a cualquier casa y normalmente el fin es trágico: le pegan un tiro. La historia siempre termina mal para el ave”.

Ave regresará a su hábitat natural
Dentro de 15 ó 20 días, Solaro liberará un águila mora en cercanías de Chacharramendi. “La encontraron en las vías del ferrocarril en Santa Rosa golpeada en un ala, no podía volar. Me la trajeron a través del Departamento de Fauna y Cecara (Centro para el Estudio y Conservación de las Aves Rapaces en Argentina)”, contó.
“Junto con mi mujer la recuperamos, le hicimos un tratamiento para desinflamar al ala, que por suerte no estaba fracturada, estaba flaca porque hacía varios días que no comía, recuperamos su estado corporal, que ahora es excelente”, agregó.
Esta águila, a diferencia de la anterior, podrá regresar a su hábitat natural porque “nunca ve cuando el ser humano le da de comer, se la alimenta por un tubo, entonces tiene miedo al ser humano igual que cuando llegó hace dos meses. Esa se va a reinsertar perfectamente porque cuando vea a una persona se va a volar”, apuntó. “De todas formas el águila mora no es de las más ariscas”, aclaró Solaro.