Volvió agradecido

(Winifreda) – Un año y diez meses después de protagonizar un terrible siniestro de tránsito que le provocó la amputación de sus dos piernas, el abogado cordobés Pablo Giesenow (39), regresó a La Pampa para agradecerles a los bomberos voluntarios de Winifreda por haber llegado rápidamente al lugar del siniestro para sacarlo del automóvil y brindarle el apoyo anímico necesario.
Era una tarea que se había propuesto y la pudo cumplir recién el domingo a la tarde cuando llegó al cuartel de bomberos del pueblo acompañado por su novia Angelina y sus amigos Alejandro y Virginia.
A la sede bomberil ingresó caminando, vistiendo una remera y un pantalón de gimnasia que ocultaba las prótesis que desde hace un tiempo usa a la altura de las rodillas y que le permiten movilizarse sin inconvenientes. Además de los bomberos y cadetes, lo estaba esperando el vecino Sergio “Pocholo” Ressler, quien el día del suceso detuvo la marcha de su vehículo y convocó a los rescatistas.
A todos les dio un fuerte abrazo, compartió con ellos mates y jugos y les contó su conmovedora historia de vida. Muy amablemente brindó su testimonio a LA ARENA.

El siniestro.
El visitante recordó que el siniestro vial ocurrió el 22 de enero de 2015 cuando había salido de Córdoba rumbo a Las Heras, Santa Cruz, para asistir al cumpleaños 62 de su padre. Circulaba de noche por la ruta nacional 35 en medio de una llovía torrencial.
Entre Winifreda y Santa Rosa, perdió el control del rodado que conducía por un charco. “Empieza a hacer trompos sobre la ruta hasta que se estrella contra el guardarrail de la mano contraria. La barrera de metal se desprende en una de sus uniones y uno de sus extremos entra por el lado del acompañante y sale por la puerta del conductor y me amputa las dos piernas”.
Minutos después, Ressler pasaba por el lugar y al registrar lo sucedido, “llamé a los bomberos y al hospital local y con otro muchacho que no sé quién es lo tratamos de tranquilizar y darle los primeros auxilios”, contó el vecino.
“Ese día Sergio se recibió de mi ángel de la guarda”, afirmó Giesenow y siguió su relato: “Estuve consciente todo el tiempo, si bien no podía tomar real dimensión del estado de mis piernas, veía que una no la tenía y la otra estaba tapada por los plásticos y los fierros del auto. Me termino de enterar que las había perdido en la ambulancia y en el hospital Lucio Molas de Santa Rosa cuando el médico pregunta (a quienes me trasladaban) si habían traído los miembros”.
Cuando se despertó al día siguiente de la cirugía, “veo que las sábanas se cortaban a la altura de mis rodillas, ahí tome conciencia que había perdido para siempre mis dos piernas y que empezaba una nueva vida”. Sobre cuál fue su reacción, respondió: “Tristeza e inmediata curiosidad para saber cómo hacer para volver a caminar lo antes posible”.

La recuperación.
Asombrosa fue su respuesta ante la pregunta de si se deprimió: “Todavía no tuve tiempo para deprimirme porque opté por poner todo de mí para volver a recuperar parte de la vida activa, deportiva y de trabajo que tenía antes del accidente, entonces no pude deprimirme y no lo tengo pensado hacer”.
Permaneció casi un año en sillas de ruedas, hasta que pudo adquirir en Buenos Aires dos prótesis de fibra de carbono, que se colocan debajo de las rodillas. Previamente se sometió a rehabilitación de tres horas diaria para desensibilizar las heridas y luego comenzó una etapa de adaptación.
“Todo un proceso que lleva mucho esfuerzo y constancia y no hay que desanimarse cuando las cosas no salen bien porque son cuestiones extrañas al cuerpo humano y hay que aprender a manejarlas”, señaló. En la actualidad, “trabajo igual o más que antes del accidente, voy al gimnasio, hago rehabilitación y los sábados ando 15 kilómetros en bicicleta”.
Ressler apuntó: “Es un ejemplo de vida. Nos estaba mostrando unos videos donde se lo ve jugando al fútbol. A mí me reconforta verlo de esta manera, me llena de orgullo”.
Giesenow confesó que el accidente “me cambió la vida para siempre, pero por otro lado soy un eterno agradecido al cuartel de bomberos de Winifreda, a la policía local, los médicos de Winifreda y de Santa Rosa, quienes con mucho profesionalismo, humanidad y amor hicieron que hoy esté acá visitándolos”. Prometió regresar “con más tiempo para disfrutar de este lindo lugar al cual le debo tanto”.

“Sigue roto”.
Giesenow recorrió el lugar donde tuvo el accidente. “El guardarrail sigue roto, me contaban los bomberos que son bastantes frecuentes los accidentes en esa zona donde el estado de la ruta sigue siendo lamentable”.
“Son lindos los momentos de agradecimiento a los bomberos, lo interesante sería que ellos trabajaran menos y los responsables arreglaran las rutas”, expresó.

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