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A veces un libro vale más que mil imágenes

LA SEMANA POLITICA

El hecho político de la semana fue la presentación del libro de la expresidenta. Fue un éxito. A la inversa del sentido común, esta vez un libro fue más importante que mil imágenes negativas que Clarín proyectó sobre ella.
SERGIO ORTIZ
Esta Feria del Libro fue edición 45 y como si tuviera algo que ver con el nacimiento del peronismo, su presentación más destacada fue el libro «Sinceramente», de Cristina Fernández de Kirchner.
Fue un éxito total, comenzando por el aspecto que el responsable de la edición comentó al comienzo: 300.000 ejemplares impresos.
Las palabras de Cristina fueron aplaudidas por una platea de mil invitados y una popular de miles de militantes de a pie, en la Rural y la calle, felices de participar del acontecimiento, aún bajo una lluvia torrencial. Muchos canales lo transmitieron con un rating conjunto de 36 puntos, un récord parecido al de la Selección de Diego Maradona en sus mejores días.
Hablando de televisión, dos notas de color. Una muy graciosa, el ver al furioso Eduardo Feinmann por América despotricar contra los asistentes de las primeras filas hasta que descubrió a su patrón, Daniel Vila, y tuvo que hacer un ruidoso mutis por el foro.
La otra, no graciosa, la situación que atravesó la cronista de TN-Canal 13, Maru Duffard, que fue increpada y gritoneada por varias personas con cánticos contra el grupo Clarín. Fue un desborde incorrecto, con dos aclaraciones: la bronca la sembró su patrón Héctor Magnetto; esa es la causa y estas son algunas desagradables consecuencias. Y la otra aclaración es que Duffard fue enviada por Jorge Lanata y Periodismo para Todos a cubrir en julio de 2017 las guarimbas en Venezuela. A bordo de una motocicleta mal informaba de la situación en ese pueblo, agredido por el imperio y sus aliados regionales. Mentía de este modo: «la Resistencia son antichavistas, pibes de 16 años, que están cansados de la represión de Maduro, pero también de la oposición porque entienden que no se están oponiendo con fuerza y que no ven futuro». Con ese y otros informes, con el título «Refugiados del hambre», de Maru Duffard y Gastón Cavanagh, Todo Negativo ganó abril de 2019 en Nueva York el premio en la categoría «Human Rights». Duffard debería saber que quien siembra vientos, recoge al menos unos destemplados reproches…
Volviendo a lo principal, la presentación del libro, más allá de ese pequeño incidente afuera, tuvo un saldo muy favorable a la expresidenta. Se mostró en público luego de cierto tiempo, con manejos solventes de la palabra y las situaciones. Hasta sus acérrimos adversarios habrán hecho la inevitable comparación con el ingeniero que no sabe decir dos frases seguidas y de escribir un libro, ni hablemos. Quizás luego de semejante éxito de su odiada rival pueda haber encargado a Durán Barba alguna novelita del Sí se puede. En tal caso será un intento de plagio; Cristina lo hizo primero y muy bien.

Moderación a full.

El discurso de Cristina no fue extenso; no más de 40 minutos a los que habría que recortarle los tiempos de aplausos cada dos o tres párrafos. Al principio mantuvo un tono intimista o personal, propio de «Sinceramente», al relatar los orígenes del escrito, y al final, cuando explicó que quiso presentarlo el 9 de mayo porque es el día del casorio con Néstor Kirchner.
Pero el resto del conversatorio fue netamente político, lo que no significa electoral, pues se cuidó como de orinarse encima de cualquier alusión en ese sentido, por más que su gente y el resto del espectro aguardaban alguna novedad concreta sobre si será o no candidata.
Ella se defendió muy bien de las acusaciones de que su gobierno había sido «choriplanero», mostrando números que indican que los planes, en el gobierno de Mauricio Macri, son casi el doble de los que había en 2015. La conclusión era obvia, en el gobierno anterior hubo creación de puestos de trabajo, lo cual es indudable (de que el 35 por ciento del empleo siguiera siendo precario, lo que también es cierto, no hizo comentario alguno). CFK mostró que Cambiemos es «choriplanero» y su administración, junto con la ayuda social, tuvo un plan económico para fomentar la creación de empleo.
En esa lógica de defender los modelos de producción, mercado interno y protección del mismo, la oradora se internó en un terreno pantanoso, al elogiar el nivel de producción y consumo que lleva adelante Donald Trump en Estados Unidos. Dijo que así se ha reducido la tasa de desempleo a la más baja de varias décadas, chicaneando con que los que van seguido allá, a EEUU, deberían fijarse en estas cosas. El palo era obvio a qué viajero iba dirigido.
Ese desmedido y parcialmente incorrecto elogio a Trump debe haber puesto muy contento a Guillermo Moreno, quien, dentro del peronismo, fue el primero en elogiar al magnate neonazi diciendo que las suyas eran políticas proteccionistas similares a las del general Perón. Moreno es tan desubicado que por eso no figuraba en la lista de los mil invitados especiales en la Rural.
Con tal de elogiar tales o cuales medidas del capitalismo, se pierde de vista que una cosa es aplicar proteccionismo para los países del Tercer Mundo, como Argentina, lo que está muy bien; y otra muy diferente es apoyar el proteccionismo de una superpotencia venida a menos y que quiere perdurar cerrando su economía, perjudicando a terceros países y entrando en guerras comerciales y de las otras, como hace hoy Washington contra Beijing.
Si bien el discurso tuvo un tono muy conciliador, para el cronista lo más atrevido fue su reflexión sobre las empleadas domésticas que viajan mucho desde sus domicilios para poder trabajar y que critican a los supuestos vagos que no trabajan. Fue un enfoque muy interesante y audaz, abriendo ese debate al interior del campo popular. Es una batalla político y cultural, ideológico, que faltó a lo largo de su gobierno, rico en logros materiales, de celular, TV, auto y consumo, los que hoy se extrañan.
De todas maneras el punto de vista cristinista es incompleto. Esas mujeres que trabajan y piensan mal del vecino que cobra un plan social podrían «entender» y «comprender» mejor la necesidad de un cambio social si la expresidenta hubiera cuestionado a los banqueros, monopolios y FMI. Estos son los principales vagos que no trabajan y se la llevan en pala, generalmente afuera del país. Y esa crítica a los de arriba no existió el jueves.

Las dudas.

Quedó claro el éxito editorial de «Sinceramente» y el eco popular que provoca cada movimiento de Cristina. Hasta infiltrados del establishment como el dueño de América quiso estar allí y ver qué pasaba.
Dentro del peronismo y la centroizquierda hubo una asistencia casi perfecta; los gobernadores peronistas brillaron por su ausencia, lo que no es un dato menor.
Con precandidatos como Felipe Solá y Agustín Rossi, aliados como Pino Solanas y Victoria Donda, más una lista larga de intendentes justicialistas, desde su lugar en el palco la vista debe haber sido muy satisfactoria para la debutante escritora.
Entre quienes la siguen de muchos años no debe ser de mucho agrado las referencias que hizo tan elogiosas de Alberto Fernández, despedido en 2008 durante el lock out patronal sojero. Ahora está en la «pole position» para funcionar como jefe de campaña si aquella decide ser candidata, algo que deberá conocerse hacia el 20 de junio, o antes.
A tono con ese posible «mano derecha», de centro, estuvo el promocionado «nuevo contrato social responsable». Como CFK hizo referencias a José Ber Gelbard, es inevitable pensar que ese nuevo contrato está ligado al viejo Pacto Social.
Denominaciones al margen, la idea es muy antigua y luego de altibajos, sistemáticamente fracasa: la teoría desarrollista, de un capitalismo nacional, con aumento del consumo, el trabajo y la producción, y una distribución «fifty-fifty», etcétera, como summum de la igualdad.
En determinados ciclos, esa propuesta logra arrancar y mejorar resultados, pero llega a un tope donde la resolución de los problemas económicos, financieros y políticos demanda una mayor acumulación. La opción es afectar al gran capital, con medidas de fondo, o ajustar a los de abajo, con represión.
Después del largo invierno macrista, en comparación con el cual el de Alsogaray parece un tibio otoño, un retorno al neodesarrollismo suena mucho mejor. Aparecen en ese caso dos problemas básicos.
Uno es contar con un liderazgo fuerte; Cristina bien podría serlo, aunque el jueves no lo confirmó.
Otro es tener una base material de partida, que no existe. Argentina ha sido destruida por Cambiemos, endeudada hasta la coronilla. La deuda con el Fondo no son los 10.000 millones que pagó Kirchner en 2006 y habrá que tomar decisiones muy soberanas y arriesgadas. El revoloteo de Axel Kicillof por Nueva York no anticipa esa clase de rupturas necesarias con el FMI.
Que Cristina no se duerma en la gloria después del golazo del 9 de mayo. Hoy se vota en Córdoba y puede ganar uno de sus peores enemigos, Juan Schiaretti, quien, fortalecido, buscará rearmar la escudería de Pichetto, Lavagna, Urtubey y Massa. Ellos no compraron «Sinceramente» ni para hacer fuego para un asado, como dijo el ignorante Feinmann. Le quieren prender fuego a la autora, tal su odio peronista y gorila, valga la expresión, otro punto de coincidencia de la runfla con el ingeniero.