A Hollande bien se le podría recordar “es la política, estúpido”

FRANCIA Y UNIÓN EUROPEA ENDURECEN MEDIDAS DE SEGURIDAD

Emilio Marín – Sorprendidas por el terrorismo del “Estado Islámico”, Francia y la Unión Europea toman medidas de excepción que recortarán libertades democráticas. Declaran la guerra al terrorismo. Se le podría recordar a Hollande, parafraseado, el slogan de Bill Clinton.
El “Estado Islámico” aprovechó que el gobierno francés estaba con la guardia baja frente al terrorismo y que su coordinación con el resto de la Unión Europea era deficiente o tenía varios coladores. Por ejemplo, varios de los terroristas que provocaron la masacre del 13 de noviembre traspasaron fronteras sin problemas o sin ser detectados, o en el caso que lo fueran no se comunicó tales novedades a la seguridad gala.
El llamado “cerebro” de aquella noche terrorífica, Abdelhamid Abaooud, era público y notorio que estaba en la porción de Siria donde manda aquella organización terrorista. Y regresó, operando en Francia en atentados frustrados, según se informa ahora, y en el tremendo del 13N, sin que se lo interceptara ni se supiera que estaba en París. Ahora lo saben porque fue identificado como uno de los muertos en el allanamiento y ataque a dos departamentos de Saint Denis, el martes a la noche. Haberlo abatido fue un consuelo póstumo para Francois Hollande y en cierto modo inservible porque mejor habría sido capturarlo vivo, como dijo a C5N el sheij Mohsen Ali, de la Casa de la Difusión del Islam de Buenos Aires. En ese caso podría haber sido interrogado y saberse algo más de quiénes fueron los ideólogos y responsables de los sucesos. Una llamativa alternancia de los servicios de inteligencia y cuerpos de elite de Francia: primero no ven nada y se producen los siete atentados con el saldo de 129 muertos y 300 heridos; luego allanan y disparan 5.000 tiros contra el departamento de Abaooud (no es cifra al voleo, es la que publicó ayer el corresponsal de Página/12 en Francia, Eduardo Febbro).
Esa ineficacia de la seguridad gala y falta de coordinación con la belga se nota también en la falta de aprehensión de Salah Abdeslam, que estuvo en los atentados y fue filmado regresando a Bélgica en un auto con dos acompañantes. Fue chequeado en la frontera y no se lo detuvo. Luego las cámaras tomaron al vehículo regresando a Francia con esos dos viajeros, sin el prófugo.
Se ha comprobado que las fuerzas europeas son drásticas y efectivas cuando tienen que reprimir marchas de los desocupados españoles y griegos, la ocupación de plazas de los indignados madrileños en setiembre de 2012 o en octubre pasado contra los despedidos franceses del ajuste de Air France. En esos casos están en el lugar justo y a la hora señalada. En el combate contra el terrorismo del “EI”, fallaron groseramente.

Medidas de excepción.
Cuando las autoridades francesas pudieron recobrar el habla, su reacción hizo centro en el aspecto represivo. El estado de excepción que habían aprobado en forma expeditiva por 12 días lo llevaron a la Asamblea Nacional, donde con más de 500 votos a favor y sólo media docena en contra, lo extendieron por tres meses.
Alguien puede pensar que se trata de medidas que no afectarán a las libertades individuales y públicas. Sin embargo, el mencionado Febbro enumeraba: “el estado de excepción le concede a los poderes públicos amplias prerrogativas. Se pueden realizar allanamientos de día y de noche sin orden judicial, ordenar arrestos domiciliarios, es posible limitar la circulación de autos y de personas en ciertas calles mientras que otras zonas pueden pasar bajo control militar. También se autoriza la revocación de los permisos de residencia a los extranjeros que traben el trabajo de las autoridades, se permite igualmente la expulsión y el retiro de la nacionalidad francesa a los ciudadanos que representen un peligro para las seguridad. Por último, se podrán llevar a cabo controles sobre la prensa y los medios de comunicación y bloquear páginas web”.
Además, luego del atentado terrorista contra el semanario Charlie Hebdo, en enero pasado, Francia aprobó una ley para ampliar el espionaje sin control judicial de ninguna índole.
Con el justificativo de lo sucedido en la noche parisina del viernes de la semana pasada, el gobierno ordenó el blindaje de las fronteras, lo que suena lógico para impedir la filtración de personajes como Abaooud pero conlleva muchos riesgos para personas comunes y corrientes, en medio de la histeria colectiva por lo sucedido. Y en particular agravará los padecimientos de los centenares de miles de inmigrantes que vienen desde el norte de África y Medio Oriente en dirección a Europa. A fines de octubre pasado se informó que en lo que va del 2015 esa masa humana superó los 700.000, en travesías peligrosísimas por el Mediterráneo.
Los atentados en París estigmatizan a toda esa muy sufrida gente, aún cuando dentro de ese conjunto pudiera haber una ínfima minoría de elementos terroristas. Uno de los que se inmoló en las puertas del Stade France dejó su pasaporte aparentemente sirio, como si hubiera sido inmigrante vía Grecia. Sin embargo el ministro de Interior, Bernard Cazeneuve, dijo que debía investigarse si esos papeles eran verdaderos o no. De todos modos, la estigmatización de los inmigrantes -que venía de mucho antes- ha recibido un poderoso espaldarazo a raíz de la incursión de los terroristas del califa Abu Bakr al-Baghdadi.

Auge de la derecha.
El auge de la inmigración hacia Europa ya venía inflamando los ánimos xenófobos en los países receptores inmediatos y de tránsito (Grecia, Hungría, Croacia, etc) y especialmente en los de destino, o al menos deseables, para los migrantes (Alemania, Austria, Francia, etcétera).
En Alemania y Dinamarca, por ejemplo, se atacaban y quemaban albergues de inmigrantes. En Francia se habían triplicado los ataques islamófobos, en buena medida estimulados por lo de Charlie Hebdo y el supermercado judío donde murieron 17 personas. Según un informe del Colectivo contra la Islamofobia en Francia (CCIF), “de 110 ataques registrados entre enero y septiembre de 2014, se pasó a 330 en esos meses de 2015”.
En Alemania, el Reino Unido y Austria se registró crecimiento de partidos de extrema derecha, lo mismo que en Grecia con Amanecer Dorado.
De todos esos países, en Francia se advierte un aumento de la influencia política y volumen electoral del Frente Nacional de Marine Le Pen. La ex candidata presidencial ultraderechista se la pasó en estos años despotricando contra la inmigración y reclamando el blindaje de las fronteras, para supuestamente mejorar la seguridad.
Con los atentados del 13N ese discurso xenófobo tendrá más verosimilitud y sus críticas desde la derecha a Hollande parecerán más valederas, para un público más amplio. El 9 de diciembre hay elecciones regionales y Le Pen se presenta por la región de Nord-Pas de Calais-Picardie, de 6 millones de habitantes. Todo indica que va a ganar y en ese caso podría tomar más impulso para las presidenciales de 2017.

“Es la política, estúpido”.
En la campaña electoral donde Bill Clinton le ganó a George H. Bush, aquél pegó duro con su slogan “Es la economía, estúpido”. Podría ser parafraseada, con el cambio de política por economía, para cuestionar al presidente francés.
Es que su respuesta gubernativa ha hecho hincapié en cuestiones policiales y de seguridad, en su territorio y Europa, y directamente bélicas, sobre territorio sirio, sin dar la debida atención a la política, nacional e internacional.
Aparte de la comentada extensión del estado de excepción, también anunció una reforma la Constitución para “actuar conforme al derecho contra el terrorismo de guerra”.
En esa línea guerrera se reunieron en Bruselas, sede la UE, los ministros de Interior y de Justicia de los 28 miembros comunitarios, para analizar las reformas que endurezcan el paso de fronteras, la coordinación de los servicios de inteligencia y policiales, y otras medidas emparentadas con el estado de excepción aprobado en Francia. Ya el primer ministro de Bélgica, Charles Michel, anunció proyectos similares, de refuerzo presupuestario y más uso de fuerzas policiales y militares.
Hollande mandó a su representante ante el Consejo de Seguridad de la ONU para hacer votar una resolución que autorice las represalias armadas, aunque sin la mención expresa del capítulo VII de la Carta de la entidad, que entiende en la materia. Debe suponer que contará con el aval de Rusia, luego del atentado terrorista que derribó su avión sobre el balneario egipcio, y de China, tras la ejecución del ciudadano Fan Jinghui por el “EI” en Siria.
De todas maneras, Hollande no termina de cambiar su política hacia Siria, pues no renunció a participar en la alianza dirigida por EE UU y que apunta a derribar al presidente Bashar al Assad. Y coherente con esta política imperial parcialmente desacomodada por los atentados, sigue manteniendo -lo mismo que la administración Obama- excelentes relaciones con Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes y Turquía, que han sido hasta ahora los socios, apoyaturas y financistas del califato terrorista, con tal de hacerle daño a Siria, Líbano y fundamentalmente a Irán.
Lo dijo con valentía Vladimir Putin al salir de la cumbre del G-20 en Antalya, Turquía, el lunes 16: “varios de los países que colaboran con el EI están acá, en el G-20”. Los monarcas petroleros amigos de Al-Baghdadi pasaron presurosos y sin hacer declaraciones.