A quién acudir si es que nos quitan el río

Señor Director:
La noticia sobre la institución del Día de la Lucha por el Atuel, a celebrarse en nuestra provincia por decisión legislativa, cayó bien.
Me cayó bien, por la motivación y porque la fecha quedó ligada al nombre de Ángel Gómez. Este hombre, entonces un joven policía destacado en Algarrobo del Águila, asumió que el tema le concernía a él como persona y como pampeano y se resolvió a enviar una carta personal al entonces presidente der la nación, J. D. Perón, cosa que llevó a cabo en 1947, hace ahora sesenta y ocho años. La carta tuvo acuse de recibo y determinó un largo camino burocrático que culminó con la decisión de disponer tres sueltas anuales del Atuel desde la represa de El Nihuil. Gómez, que fue invitado a estar presente luego de la decisión legislativa, explicó porque alguien se lo preguntó, cómo es que, siendo funcionario policial, eludió la vía jerárquica. Relató que estaba impresionado por los efectos de la ausencia del río, cuya presencia creaba y sustentaba la posibilidad de un asentamiento humano importante. Había podido conocer los efectos de esa privación del agua, el sufrimiento de la gente, la muerte de un niño, el paulatino apresto de pobladores para buscar otro lugar donde vivir con mejores chances.
Este relato dice todo lo que hay que decir para traer a la conciencia de las generaciones más jóvenes el impacto que el corte (el robo) del río produjo en sectores de una población que ya entonces se sentía comprometida con la tierra. Puedo recordar que, siendo entonces yo un estudiante normalista, fueron varios los muchachos que trajeron el tema a los recreos, que nos dijimos cómo puede ser y qué se debía hacer. Recuerdo muy bien que se llegó a hablar de ir allí y hacer volar la represa, idea que si bien encendió chispas en los ojos juveniles, fue dejada de lado sin que cerrara la herida. Hubo resistencia en los sectores más informados y ecos en la prensa, pero entonces La Pampa era un territorio sin autonomía y en la dirigencia predominó la idea del reclamo.
Un efecto de la ausencia del río se vio cuando un grupo de personas de Santa Rosa viajó a la colonia 25 de Mayo, sobre el Colorado, e inició un movimiento que se canalizó hacia el aprovechamiento de ese curso de agua y también inició una prédica encaminada a crear conciencia de los ríos en un sector de la provincia que no había dejado de “mirar hacia el este”. Las obras del puente dique, del canal matriz, de la sistematización de las tierras y los cultivos, fueron el efecto directo de este movimiento. La Santa Rosa y todo el sector con mejores tierras de La Pampa miraban entonces hacia el este, en parte porque de allí venían los gobernantes, la burocracia y los profesionales que se asentaban sin intención de quedarse.
La reciente nueva puesta en escena de las canciones del “río robado” revela que aquel sacudimiento emocional que determinó que Gómez omitiese la vía jerárquica y arriesgase su estabilidad en la carrera policial derivó en otros hacia la expresión poética y musical, que son más cabal expresión de una identificación y una responsabilidad para con el solar. Quiero decir que esas canciones y sus letras dan cuenta que el sentimiento de Gómez era compartido, que había pampeanos que no miraban hacia el este, pero también es notorio que una mayoría de vecinos más ilustrados o en funciones destacadas, quizás por sentirse en tránsito o cumpliendo una comisión de servicio, no participó del estremecimiento. Se sentía gente de paso, ansiosa por retornar al puerto.
El policía Gómez eligió la vía nueva, divergente de las tradicionales, cuando mucha gente del pueblo sentía que un nuevo camino se había abierto hacia el poder. Recuerdo cómo esa esperanza hizo que se manifestaran viejas tendencias a esperar algo semejante al milagro para una forma de vida más amable y equitativa. Fueron numerosos los hombres y mujeres que enviaron sus cartas. Y tuvieron respuesta.
Atentamente:
JOTAVE