Acerca de credibilidad de encuestas y encuestadores

Señor Director:
En un artículo publicado días atrás, Alicia Castro se pregunta por qué seguir dando crédito a las encuestas y los encuestadores.
No se refiere a la situación argentina ni a la elección del pasado domingo. Recordemos que Alicia Castro fue embajadora argentina en Londres hasta 2015 y no es desconocida su preferencia por la vertiente kirchnerista del peronismo, de cuyo gobierno formó parte.
Su tema está centrado en el Reino Unido y su actualidad política. Lo primero que dice para comenzar a responderse es que encuestas y encuestadores británicos fallaron nada menos que en 20 puntos al estimar las chances en la última elección, la convocada por la primera ministra del Reino Unido. Theresa May estaba segura de acrecentar la presencia de los conservadores en el parlamento, pero los toris terminaron perdiendo su escasa mayoría y obligados a buscar alianzas circunstanciales. En cambio se produjo (o se exteriorizó) un no advertido crecimiento del laborismo que, como todos los socialismos europeos, había perdido fuerzas. ¿Cómo es posible que todo ese movimiento, que implicó un traslado de millones de votantes (y la presencia de otros que no votaban habitualmente) no haya sido advertido por los encuestadores? Los toris perdieron 13 bancas y los laboristas ganaron 30.
Ahora se sabe que este cambio fue buscado por un dirigente laborista, Jeremy Corbyn. Corbyn, dice Alicia, revivió el laborismo a partir de levantar viejas banderas que su partido había ido relegando en su proceso de evolución hacia la derecha, fenómeno que ha afectado a toda la socialdemocracia. Vivienda, educación gratuita, servicios públicos de calidad y pleno empleo. Atrajo a los jóvenes y mucho más a viejos militantes que se habían replegado ante la deriva del partido hacia la derecha liberal. Cuando los más recientes actos terroristas en Londres, Corbyn preguntó si no serían la consecuencia de la participación británica en guerras de medio oriente y particularmente en la invasión a Irak. Así, pues, el ascenso de Corbyn no es únicamente un triunfo de la izquierda, también lo es de la ética. Recuerda que cuando la guerra de Malvinas Corbyn ya se pronunció por la negociación, actitud que ha reiterado al tiempo que se ha interesado por la situación de América latina y valorado el Mercosur. Cree Alicia que la de Corbyn es también una victoria sobre “la manipulación mediática”.
El artículo fue escrito antes de la elección argentina del domingo, aunque apareció un día después de ésta. Lo que quiso destacar Alicia Castro es que el laborismo y la social democracia no deben esconder las banderas que han sido su sello distintivo, sino izarlas más alto. Que toda concesión es pérdida de credibilidad e identidad y que los encuestadores y sus encuestas no supieron ver que el cambio se estaba produciendo en el mismo momento en que ellos se mantenían apegados a la convicción de que las viejas consignas socialistas ya no son convocantes.
En notas recientes he reiterado mi convicción de que, si nos enclaustramos en la situación local, probablemente seremos arrastrados en la dirección de la corriente dominante en este momento, como está sucediendo. Lo he dicho así por la convicción de que el mundo occidental vive un momento de triunfo del liberalismo en su expresión “neo”, pero que si se pretende modificar la tendencia ocultando las viejas banderas y desvalorizando por completo lo moral, se va al muere.
El relato de Alicia Castro revela que la conducta de Corbyn no fue adoptada ahora como un revulsivo de la tendencia dominante en la socialdemocracia de todo el mundo. Corbyn es coherente, pero, además, mostró que esas banderas siguen siendo convocantes. Expresan una posición ante la vida en sociedad, que hoy es minoritaria, pero los procesos sociales son dinámicos y rescatan el valor del elemento moral implicado en la conducta política,
Atentamente:
Jotavé