Agua que entra, agua que sale

LA SEMANA PAMPEANA

I – El Parlamento Patagónico fue testigo en la semana de la coherencia con que La Pampa está resuelta a plantearle a sus vecinas la necesidad de comenzar a zanjar los conflictos que, hasta ahora, se dirimían con sacrificio de nuestra parte. La crisis del Tapón de Alonso, que Río Negro y Buenos Aires quieren presentar como la falta de La Pampa a un compromiso de quedarnos con toda la sal que nos mandan Mendoza y San Juan de sus colas de riego, es en realidad, ni más ni menos, que el resultado de la aplicación del mismo criterio que nuestra provincia planteó meses atrás en la crisis del río Quinto: “agua que entra sin comité de cuenca, agua que sale”.
Aquélla vez La Pampa accedió a abrir los canales para que el Quinto entrara a La Pampa y aliviara el impacto sobre localidades de otras provincias, pero exigió que el agua siguiera su curso luego hacia el territorio que, por declive natural, históricamente derramó en la provincia de Buenos Aires. Más allá de la irracionalidad policial que empañó la estrategia diplomática pampeana, el episodio sirvió para que se activaran los mecanismos interprovinciales para la creación del comité de cuenca que organice el manejo de ese curso de agua que tantos problemas causa por su irregular régimen.

II – Con la crisis de los ríos cordilleranos que atraviesan la provincia se ha aplicado el mismo criterio: el agua que ingresa sin control de un comité de cuenca, ni aviso a la provincia, saldrá de la misma forma. Si la irresponsabilidad de las provincias de aguas arriba y de aguas abajo las lleva a desentenderse de su papel de co-propietarias de un recurso que debe ser manejado en forma compartida, La Pampa está dispuesta a no mitigar con su sacrificio las consecuencias desastrosas e irracionales que tiene para todos prescindir de la herramienta del comité de cuenca.
En nuestro papel de silenciosa samaritana que, a la manera de las santas evangélicas aguantaba en silencio todos los suplicios y sacrificios, La Pampa acostumbró al resto a que eso era su derecho. Que el agua que en los restantes distritos es fuente de producción y riqueza sea en el nuestro solo motivo de desagüe, drenaje, salinización e inundación. Que ese trato desigual era lo que correspondía. Ahora toman nota, con la negativa pampeana a mantener el artificial Tapón de Alonso, que hemos pateado el tablero de ese juego tramposo. El agua que nos mandaron sin control, saldrá sin control. A menos que todas accedan a crear un comité de cuenca. Fácil.

III – Puertas adentro, el agua pintó en La Pampa con tinta de realismo mágico. Un intendente con su ciudad acuciada por las napas que suben y con sus desagües pluviales colapsados, que debería implorar que no llueva (mientras mendiga ATN a Nación y adelantos a la provincia para mitigar esa solución), en cambio no tuvo mejor idea en la semana que tentar a la suerte inaugurando una estatua de una Diosa de la Lluvia. Nada menos.
Si los antiguos dioses descargaran hoy una lluvia primaveral como las que se han visto, la ciudad pagaría caro esa convocatoria a fuerzas que el jefe comunal, como un aprendiz de brujo, quiere despertar. Lejos de esas imprudencias los vecinos acuciados por la emergencia sanitaria sienten la necesidad de convocar a otros dioses. Surgen así en la ciudad otras estatuas en los pozos urbanos de donde emerge el maloliente producto de las cloacas o en los ríos de excremento que corren por sus calles. Son intervenciones artísticas que nada tienen que ver con la etérea figura de la Diosa de la Lluvia.

IV – No convocan una idealización del agua de lluvia sino que están motivadas por el temor al caos que en la ciudad provocaría una lluvia y el consecuente descontrol hídrico. Son formas de arte que intentan ordenar la realidad, más que imitarla. Que interpelan al poder con la fuerza de la desesperación. Los funcionarios, que no ven allí el arte que emerge por su negligencia (actual y pasada), sino que solo ven palos con gorras, remeras con brazos en cruz o carteles con referencias, pierden de vista el carácter que el vecino le da. Se pierden también de apreciar un fenómeno que equipara a Santa Rosa con las grandes capitales del mundo donde el arte de la resistencia a la insensibilidad del Estado para con sus habitantes, produce movimientos artísticos que son hoy vanguardias respetadas, de culto. Todas reaccionan a la degradación del medio ambiente humano. Aquí son vecinos que viven “a la vuelta” profundamente impresionados por la destrucción de su hábitat. Pero muestran, aquí como en Amsterdam, Berlín o París, la profunda motivación que lleva al humano al arte y une con hilo invisible a Picasso con el anónimo santarroseño. (LVS)

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