Aguas que sonríen, matan y aproximan a una verdad

Señor Director:
Recordé la letra de tango que cuenta de la mujer que enamoró a un payador, quien la describe como “el clavel del aire”…, “igual que una flor”. Lo hice ante el retorno de las aguas del Atuel.
Era chico cuando conocí ese tango y por años el relato de su letra ha permanecido en mi memoria. Conocí el clavel del aire en el caldenal y si bien en mi primer encuentro no lo vi lindo, ni aun florecido, la ligazón entre la música del tango de Juan de Dios Filiberto y la letra de Fernán Silva Valdés reunía dos nombres que tempranamente aprendí a respetar.
Ahora, con el retorno no anunciado del Atuel, ha vuelto a mi memoria, que parece haber hallado algún contacto entre esta realidad y aquella ficción de Silva Valdés. Había llegado a entender que el letrista refiere el romance del ombú solitario de la pampa verde, y el clavel del aire, de cuando éste le trajo el pequeño milagro de su presencia, humilde pero con la belleza de lo heroico y lo generoso, que culmina con el acto de florecer como un don que quiere compartir y que comparte hasta que un villano (el viento Pampero) lo arranca de esa “ramazón” y devuelve al ombú su soledad desafiante y quizás triste.
Con el súbito retorno del Atuel y a la espera del Salado, entendí que el romance del ombú y el clavel de la pampa bonaerense, tiene su réplica en el romance del río y las travesías de nuestra pampa. La mujer del tango se va dos veces del lado del payador, pero antes de que el Pampero le imponga su imperio y se la lleve, le ha dejado gozar la ofrenda de su flor.
Pensaba, pues, en cómo contar esto en mis columnas cuando me llegó el diario con la foto en tapa de una camioneta hundida en las aguas del retornado Atuel. Está totalmente sumergida pero su figura se destaca claramente. Y se nos hace saber que en la cabina ha quedado el conductor, que no ha podido salir y se ha ahogado.
El muerto era también una figura emblemática de nuestras travesías, pues prolongaba la historia, no pocas veces heroica y trágica, de los mercaderes que llegaban hasta los ranchos más remotos con su oferta de mercadería, a veces encargada por los moradores en la pasada anterior. Este mercader era y sigue siendo, con algunas mudanzas, el nexo con lo que hay más allá del árido territorio. Su mercadería se componía de cosas esenciales para la subsistencia y también solía incluir algo que tendía a satisfacer el gusto de los más pequeños y la modesta coquetería de la mujer oesteña. El comercio ha desempeñado este papel de comunicador a lo largo de la historia del hombre y el hecho subsiste hasta nuestros días, con cambios en el medio de transporte (la camioneta en lugar del carro cubierto o de las cargas sostenidas por el caballo o las mulas).
Es probable que nunca se conozcan las circunstancias en que este hombre se precipitó con su vehículo a las aguas del imprevisible y cada vez más espaciado retorno del río que si trae un mensaje de vida también es portador de la agónica certidumbre de que otra vez quedará retenido por la voracidad de arribeños, ciega y sorda al sufrimiento y el clamor de los de aguas abajo.

Letra
La letra del tango Clavel del Aire (1930, música de Juan de Dios Filiberto) no es la mejor que ha dejado Silva Valdés, a quien es más justo recordar por su poema de la carreta, pero se integra con la música y alcanza plenitud con la orquesta de Di Sarli y la voz profunda y estremecida de Oscar Serpa.

Comercio
Valga decir que es frecuente denostar al comerciante como alguien que abusó de su relación con el campesinado. Si bien el abuso existió, cuando pensamos en los buhoneros parece justo tener presente que el mercader jugó un papel destacado en la historia del hombre, al comunicar culturas separadas por la distancia. El mercader ha afrontado no pocos peligros, pero iba y venía desde los sectores poblados a las travesías donde moraban hombres y mujeres confinados en la soledad de su árido hábitat.
Atentamente
Jotavé

Compartir